lunes, 16 de enero de 2017

Santo Evangelio 16 de Enero 2017



Día litúrgico: Lunes II del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 2,18-22): Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. 

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».


«¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?»
Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll 
(Barcelona, España)


Hoy comprobamos cómo los judíos, además del ayuno prescrito para el Día de la Expiación (cf. Lev 16,29-34) observaban muchos otros ayunos, tanto públicos como privados. Eran expresión de duelo, de penitencia, de purificación, de preparación para una fiesta o una misión, de petición de gracia a Dios, etc. Los judíos piadosos apreciaban el ayuno como un acto propio de la virtud de la religión y muy grato a Dios: el que ayuna se dirige a Dios en actitud de humildad, le pide perdón privándose de aquellas cosas que, satisfaciéndole, le hubieran apartado de Él. 

Que Jesús no inculque esta práctica a sus discípulos y a los que le escuchan, sorprende a los discípulos de Juan y a los fariseos. Piensan que es una omisión importante en sus enseñanzas. Y Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?» (Mc 2,19). El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres (Israel es la esposa, no siempre fiel, objeto del amor fiel del esposo, Yahvé). Es decir, Jesús se equipara a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.

La Iglesia ha permanecido fiel a esta enseñanza que, viniendo de los profetas e incluso siendo una práctica natural y espontánea en muchas religiones, Jesucristo la confirma y le da un sentido nuevo: ayuna en el desierto como preparación a su vida pública, nos dice que la oración se fortalece con el ayuno, etc. 

Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos. Les recuerda Jesús que han de recibir su mensaje con espíritu nuevo, que rompa el conformismo y la rutina de las almas avejentadas, que lo que Él propone no es una interpretación más de la Ley, sino una vida nueva.

Era alcohólico y la Virgen le sacó de la adicción: ahora llena iglesias predicando a la Desatanudos



Era alcohólico y la Virgen le sacó de la adicción: ahora llena iglesias predicando a la Desatanudos

Guillaume Verhaeghe cuenta cómo la Virgen logró sacarle del alcoholismo

Era alcohólico y la Virgen le sacó de la adicción: ahora llena iglesias predicando a la Desatanudos

El Papa Francisco ha popularizado por todo el mundo la Desatanudos, una advocación mariana de origen alemán que apenas era conocida fuera del país pero que cuando era arzobispo de Buenos Aires implantó en su diócesis.

Por ello, tiene más mérito aún el apostolado del laico francés Guillaume Verhaeghe, que tras sentir la fuerza de María en las dificultades de su vida fue en 2007 a Costa de Marfil  y ahora abarrota las iglesias para rezar a la Virgen Desatanudos. Cari Filii recoge los frutos que esta advocación ha producido en él y en los que le escuchan:

Rescatado del alcoholismo por la Virgen
Así lo recordó él mismo en la última semana de septiembre pasado en el programa De Clés pour vivre [Claves para vivir] de la emisora francesa Radio Présence, donde explicó los orígenes de esta peculiar misión, a la que no parecía llamado cuando era joven. En la devoción a Nuestra Señora sí fue educado por su madre, tanto él como sus cuatro hermanos.

“Pero al pasar la adolescencia, me convertí en un alcohólico”, recuerda: “Bebía más de treinta latas de cerveza al día. Trabajaba para mi padre, quien estaba dispuesto a despedirme con una gran patada en el trasero. Esta situación no podía durar, así que decidí pedir a María que me librase de la adicción a la cerveza. Fui en peregrinación a San Damiano [un lugar de supuestas apariciones en el norte de Italia, luego rechazadas por el obispo local] y desde mi regreso hasta hoy no he vuelto a beber ni una gota de cerveza”.

Guillaume confiaba a la Madre de Dios sus grandes decisiones. Salía con una chica que quería romper con él, que vacilaba. Acudieron al mismo sitio a pedir consejo. La semana siguiente se separaron como amigos.

Entonces le hizo una promesa a la Virgen: acudir a rezar a sus pies durante nueve meses para que Dios le enviase una buena esposa. “Al tercer mes de mi novena conoció a mi futura esposa, al sexto mes nos comprometimos y al noveno mes nos casamos”, resume. Fueron bendecidos con tres hijos, pero también en esto intervino la oración, porque el segundo se hizo esperar cinco años desde el nacimiento del primogénito. Desesperados, en mayo de 2003 habían consagrado de nuevo a Nuestra Señora esa intención… y en marzo de 2004 llegó el segundo y en diciembre de 2005 el tercero.

Hoy este matrimonio, sin embargo, está roto en su convivencia, una espina en el corazón de Verhaeghe: “Estoy casado ante Dios aunque no ante la ley de los hombres”, lamenta, sin precisar los motivos del divorcio, aunque apunta a que las disparidades surgieron a raíz de los acontecimientos que iban a empezar a suceder en su vida.

Aparece la Virgen que Desata los Nudos
En junio de 2005, justo durante el embarazo de su tercer hijo, cayó en una profunda depresión. Fue entonces cuando conoció la devoción a María Que Desata los Nudos, a quien hizo una novena durante la cual reparó que nunca había perdonado a alguien que debía haberle amado y no lo había hecho, y que esa falta de perdón era una llaga en su alma. Escribió una simbólica carta de perdón a esa persona, ya fallecida, y ese día en misa, tras comulgar, sintió que ese nudo se desataba. La Virgen Desatanudos ganó aquel día un apóstol incansable, que dejó su trabajo en una empresa textil para emprender un negocio de venta de rosarios y objetos religiosos con el que difundir la devoción mariana.



En marzo de 2007 conoció en su casa de Lille (Francia) a un sacerdote costamarfileño, Norbert Erik Abékan, párroco en Abiyán, la principal ciudad del país, quien le invitó a dar unas conferencias allí y en la capital Yamusukro. “Fue la primera vez en mi vida que hablé de la Virgen María ante miles de personas y en la radio”, recuerda: “Quedé conquistado por la amabilidad, el fervor y la fe de los marfileños, así que cuando volví a Francia diez días después no tenía otra idea en la cabeza que volver lo antes posible”.

La gente cambia durante las novenas
Y lo ha hecho desde entonces por largos periodos, convencido de su misión: “No es fácil vivir lejos de mi esposa y de mis hijos. Pero cuando vuelvo a Francia para estar con ellos durante sus vacaciones escolares, vivimos momentos muy intensos”.

Mientras tanto, su trabajo en este país del golfo de Guinea da frutos, recorriendo una parroquia tras otra, siempre con gran acogida: “Por todas partes por donde paso la acogida es muy calurosa. Durante nueve días nos reunimos para rezar a la Virgen María confiándole un nudo, un problema, una dificultad que nos paraliza. Entonces, la Virgen María, que nos ama extraordinariamente, intercede por nosotros ante su Hijo para que nos libere de nuestros nudos, de nuestras cadenas. La gente acude numerosa a estas sesiones de oración. Como un niño que abre su corazón a su madre, también quieren abrir sus corazones a nuestra tierna Madre celestial y confiarle todas sus alegrías, todas sus penas”.

A lo largo de esos nueve días se aprecia un cambio: “Al principio de las novenas que animo, los rostros están cerrados, llenos de tristeza y desesperación. A medida que avanzamos en la novena, se distienden. Los corazones se apaciguan, porque se abren al amor infinito de Dios. El último día es la apoteosis, con gritos de alegría y la tranquilidad en los corazones, como me llega con muchos testimonios. Dicen con toda sinceridad que han reencontrado la paz de corazón que perdieron mucho tiempo atrás“.

La novena concluye entonces con una misa de acción de gracias por los beneficios recibidos por intercesión de la Virgen María, porque “el drama de nuestra sociedad es que quiere vivir sin Dios, que es nuestro Creador, que nos ha insuflado la vida y que por tanto debería ocupar el primer lugar en nuestro corazón. Sin embargo le dejamos un milímetro cuadrado, y únicamente nos volvemos hacia Él cuando no hay más remedio y renegamos de Él si no nos satisface al minuto siguiente“.

Esa confianza y esa perseverancia en la oración es, por ello, muy eficaz, y la Virgen Desatanudos lo es particularmente en la solución de problemas matrimoniales y familiares, y que eso lo ha sentido incluso en su caso, afirma. E invita a rezar el rosario porque, “cuando se reza el rosario, el corazón de nuestra Madre María se abre completamente para darnos sus gracias”.

Fuente:Religión en libertad


domingo, 15 de enero de 2017

Santo Evangelio 15 de Enero 2017


Día litúrgico: Domingo II (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34): En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel». 

Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».


«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»
Rev. D. Joaquim FORTUNY i Vizcarro 
(Cunit, Tarragona, España)


Hoy hemos escuchado a Juan que, al ver a Jesús, dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). ¿Qué debieron pensar aquellas gentes? Y, ¿qué entendemos nosotros? En la celebración de la Eucaristía todos rezamos: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros / danos la paz». Y el sacerdote invita a los fieles a la Comunión diciendo: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo...».

No dudemos de que, cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.

Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.

Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo.

Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados. Por eso, en el “Gloria” de la Misa se habla de la paz que es propia de los hombres que ama el Señor, de los que están en gracia.

Juan Pablo II, urgiéndonos a vivir en la gracia que el Cordero nos ha ganado, nos dice: «Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para eso (...). vivir en gracia es la dignidad suprema, es la alegría inefable, es garantía de paz, es un ideal maravilloso».

Iban a ser masacrados en la batalla de Nueva Orleans pero rezaron a María y ocurrió algo histórico


Algo «sobrenatural» finiquitó dicha batalla del 8 de enero de 1815 en tan sólo 25 minutos

Iban a ser masacrados en la batalla de Nueva Orleans pero rezaron a María y ocurrió algo histórico

Contra todo pronóstico los americanos ganaron la batalla y en tan sólo 25 minutos

Iban a ser masacrados en la batalla de Nueva Orleans pero rezaron a María y ocurrió algo histórico

En 1815 se produjo un hecho extraordinario en el campo de batalla en el que la mano de la Virgen decantó de manera contundente la contienda a favor de los americanos, que en Nueva Orleans rezaron a Nuestra Señora del Pronto Socorro en el convento de las ursulinas ante lo que parecía una derrota segura. En la Fundación Cari Filii se relata qué sucedió a aquel día en Louisiana, cómo María intervino ante el grito de la gente y cuyo agradecimiento ha llegado hasta nuestros días:

Todo comenzó el 8 de enero de 1815 donde se produjo según los habitantes de Lousiana una clara intervención de la Virgen en su advocación del Pronto Socorro durante la batalla de Nueva Orleans en el marco de la guerra anglo-estadounidense. De hecho, el desarrollo de dicha batalla fue tan ‘sobrenatural’ que hasta el general americano Andrew Jackson, el que fuera el séptimo presidente de Estados Unidos, vio una actuación sobrenatural.

Los británicos querían conquistar Nueva Orleans y para ello contaban con 15.000 soldados bien formados, oficiales con gran experiencia y una flota de más 50 barcos. En el bando contrario, los americanos apenas eran 6.000 hombres entre milicianos, esclavos afroamericanos y civiles por lo que el desenlace parecía bastante. De hecho, estaban tan seguros los ingleses de que vencerían que incluso llevaban consigo los funcionarios que se deberían encargar de gestionar la ciudad.

El miedo era grande entre los americanos pues sabían que sólo un milagro podría hacerles vencer esa batalla. Por ello, las monjas ursulinas instaron junto al obispo William Dubourg a acudir a la capilla de estas religiosas a rezar frente a la imagen de la Virgen del Pronto Socorro para pedirla que les ayudara.

Las ursulinas y el pueblo, unidos en sus oraciones a la Virgen
Durante toda la noche del 7 al 8 de enero las monjas y una multitud de ciudadanos, sobre todo mujeres, rezaron ante la Virgen. La priora del convento hizo un voto público de que celebrarían una misa de acción de gracias cada año si los americanos lograban vencer.

Y mientras todos los reunidos en el convento rezaban ante la Virgen y celebraban misa, un mensajero entró en el templo mientras el obispo procedía a la consagración anunciando que el milagro se había producido y que la Virgen haciendo honor a su advocación había prestado un pronto socorro a los habitantes de Nueva Orleans.

El sobrenatural desenlace de la batalla
El desarrollo de la batalla mostraba a los americanos la presencia de la Virgen en sus filas. No duró más de 25 minutos y pese a su aplastante superioridad los británicos fueron masacrados. 2.500 de ellos murieron, resultaron heridos o fueron hechos prisioneros. En el lado americano apenas hubo siete muertos y seis heridos.


Mosaico que muestra el milagro de la batalla con la Virgen actuando y las ursulinas rezando a María

Según los cronistas de la batalla, cuando los británicos se dispusieron al ataquela confusión reinó en sus filas y de ahí se pasó al desorden lo que puso a los americanos la victoria en bandeja.

El general Jackson reconoció el papel de la Virgen
Sin embargo, ni al general Jackson se le escapó que dicha victoria no podía explicarse de manera natural ytras la batalla acudió al convento de las ursulinas para agradecer a las hermanas las oraciones. Luego escribió al obispo para que se realizara un acto de acción de gracias en la catedral por la “señal del cielo” que les llevó a la victoria.

Mientras tanto, las ursulinas cumplieron el voto y cada ocho de enero se celebra una Eucaristía de acción de gracias por esta victoria, tradición que ha seguido hasta nuestros días.

Si la devoción a la Virgen del Pronto Socorro ya era grande antes de la batalla creció enormemente a partir de ese momento. En 1851 Roma aprobó oficialmente esta devoción y en 1895 aprobó la coronación de esta virgen convirtiéndose en la primera imagen de María coronada en Estados Unidos. Y ya en 1928 Nuestra Señora del Pronto Socorro pasó a ser patrona de Nueva Orleans y del estado de Lousiana.

¿Cómo llegó la Virgen del Pronto Socorro a Nueva Orleans?
La imagen de esta Virgen está unida a la de las ursulinas.Todo comenzó cuando en 1727 un pequeño grupo de monjas francesas de esta orden fue enviado a Nueva Orleans para encargarse del Hospital Real y de una escuela. Pero en 1763, Francia perdió sus territorios en favor de Inglaterra excepto la tierra al oeste del Río Missisipi, donde se ubicaba esta ciudad, pero que cedió a su entonces, aliada España. Por ello, las nuevas hermanas que llegaban al convento eran españolas y no francesas.

Tras el estallido de la Revolución Francesa y la toma del poder de Napoleón en 1800 el nuevo mandatario francésfirmó un acuerdo secreto con España para quedarse con Louisiana aunque luego vendió este territorio a Estados Unidos.

Fue así como las ursulinas españolas, la mayoría dejaron la ciudad y marcharon a Cuba. Sólo un pequeño número de francesas quedaba en el convento, por lo que temían que fuera cerrado. De este modo, la madre André escribió a Francia a su prima, la Madre San Miguel, para contarle que de no llegar más hermanas la orden perdería su presencia allí.

La Madre San Miguel quería ir a Estados Unidos pero su obispo, no queriéndola perder, le dijo que solo el Papa podía darle permiso para irse a América. El sabía que dicho permiso era prácticamente imposible. Napoleón tenía cautivo en Roma al Papa Pío VII. Sus carceleros tenían órdenes estrictas de impedir toda comunicación con el Santo Padre.

La Madre San Miguel sabía esto, pero decidió escribir al Papa de todas formas, prometiéndole a la Virgen que, si ella recibía una respuesta favorable para poder ayudar a las hermanas en Nueva Orleans y eliminaba todos los obstáculos, le haría una imagen y propagaría la devoción a Nuestra Señora del Pronto Socorro.


En muy poco tiempo, la oración de la Madre San Miguel fue contestada de la forma más extraordinaria. Recibió respuesta del Papa por medio de su secretario dando su visto bueno a su propuesta. Todos los obstáculos desaparecieron de modo que ella y sus compañeras pudieron unirse a sus hermanas en Nueva Orleans. Fiel a su promesa, el 31 de diciembre, de 1810, la Madre San Miguel colocó en la capilla del convento de Nueva Orleans, una estatua nueva que el obispo de Montpellier pidió bendecir el mismo. Desde entonces, se le ha dado veneración pública a la virgen María bajo el titulo de Nuestra Señora del Pronto Socorro.

Antes de ayudar en la batalla salvó a la ciudad del fuego
En 1812 un incendio terrible se desató en Nueva Orleans y el viento llevaba directamente el fuego hacia el convento. A las hermanas se les dijo que permanecer allí por más tiempo era peligroso ya que las llamas estaban fuera de control. La hermana San Antonio rápidamente sacó una estatua de Nuestra Señora del Pronto Socorro y la colocó en una ventana de cara al incendio. En ese mismo momento, la Madre San Miguel calló de rodillas, exclamando, “¡Nuestra Señora del Pronto Socorro, estamos perdidas si tú no nos ayudas!”. De repente, el viento cambió y las llamas se apagaron. El convento estaba fuera de peligro y el resto de Nueva Orleans se había salvado también de la destrucción.

Fuente: Religión en libertad

sábado, 14 de enero de 2017

Santo Evangelio 14 de Enero 2017


Día litúrgico: Sábado I del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 2,13-17): En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?». Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».


«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»
Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart 
(Tarragona, España)



Hoy, en la escena que relata san Marcos, vemos cómo Jesús enseñaba y cómo todos venían a escucharle. Es manifiesto el hambre de doctrina, entonces y también ahora, porque el peor enemigo es la ignorancia. Tanto es así, que se ha hecho clásica la expresión: «Dejarán de odiar cuando dejen de ignorar».

Pasando por allí, Jesús vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado donde cobraban impuestos y, al decirle «sígueme», dejándolo todo, se fue con Él. Con esta prontitud y generosidad hizo el gran “negocio”. No solamente el “negocio del siglo”, sino también el de la eternidad.

Hay que pensar cuánto tiempo hace que el negocio de recoger impuestos para los romanos se ha acabado y, en cambio, Mateo —hoy más conocido por su nuevo nombre que por el de Leví— no deja de acumular beneficios con sus escritos, al ser una de las doce columnas de la Iglesia. Así pasa cuando se sigue con prontitud al Señor. Él lo dijo: «Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campo por mi nombre, recibirá el ciento por uno y gozará de la vida eterna» (Mt 19,29).

Jesús aceptó el banquete que Mateo le ofreció en su casa, juntamente con los otros cobradores de impuestos y pecadores, y con sus apóstoles. Los fariseos —como espectadores de los trabajos de los otros— hacen presente a los discípulos que su Maestro come con gente que ellos tienen catalogados como pecadores. El Señor les oye, y sale en defensa de su habitual manera de actuar con las almas: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2,17). Toda la Humanidad necesita al Médico divino. Todos somos pecadores y, como dirá san Pablo, «todos han pecado y se han privado de la gloria de Dios» (Rm 3,23).

Respondamos con la misma prontitud con que María respondió siempre a su vocación de corredentora.

Educar el carácter: la receta para salvar una generación de «niños mimados» e «hiperprotegidos»


Educadores y pedagogos abren el debate sobre cómo se está educando a los niños

Educar el carácter: la receta para salvar una generación de «niños mimados» e «hiperprotegidos»

"Generación blandita" se conoce a los niños que están siendo hiperprotegidos por sus padres

Educar el carácter: la receta para salvar una generación de «niños mimados» e «hiperprotegidos»

Proteger en exceso a los hijos, nunca decirles 'no' y complacerles en todo aquello que piden suele acabar creando pequeños "tiranos", niños exigentes, poco agradecidos y problemáticos. Este comportamiento se ha extendido y son muchos los padres que sin ser conscientes educan así a sus niños. Sin embargo, ante las nefastas consecuencias algo está empezando a cambiar. El diagnóstico está realizado y ahora hace falta un tratamiento.

En el diario El Mundo, expertos en educación proponen una educación del carácter frente que haga frente a la generación conocida como "niños blanditos" que acaban siendo totalmente dependientes. Estas son sus propuestas:

Suma escolar: padres que llevan la mochila al niño hasta la puerta del colegio + padres que piden que no se premie a los mejores de la clase porque los demás pueden traumatizarse + padres que le hacen los deberes a los niños que previamente han consultado en los grupos de WhatsApp = niños blanditos, hiperprotegidos y poco resolutivos.

Niños que cuando se caen esperan a que les levanten
Cuenta Eva Millet, la autora de Hiperpaternidad (Ed. Plataforma), que ya hay niños que, al caerse, no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos. En ciertos colegios han empezado a tomar nota. Y, en algunos países, el carácter ya forma parte del debate sobre la Educación.

Esto no es la nueva pedagogía. Gregorio Luri, filósofo y autor del libro Mejor Educados (Ed. Ariel), suele recordar que la educación del carácter es tan tradicional en ciertos colegios británicos como para que haya llegado a nuestros días una frase atribuida al Duque de Welington: “La batalla de Waterloo se empezó a ganar en los campos de deporte de Eton”. En los campos de Waterloo o en las canchas del mítico colegio inglés, cuna del establishment, ningún niño esperaba que le levantaran si podía solo.

En España, se habla de “educación en valores”, pero puede que no sea lo mismo. El carácter se entiende como echarle valor, coraje, actuar en consecuencia cuando se sabe lo que está bien o está mal, no limitarse a indignarse. Como dice Luri, “ahora mismo en España les fomentamos la náusea en lugar del apetito”. En su opinión, los niños de ahora saben cuándo se tienen que sentir mal ante determinadas conductas, pero educar el carácter es animarles a dar un paso, a ser ejemplo, a que sus valores pasen a la acción. Si están acosando a un niño, no callarse y protegerle. Decir no a la presión del grupo.

Los niños a los que se les consiente todo suelen ser irritables y malhumorados

Los ejemplos de una profesora de instituto
El carácter ha vuelto cuando se ha sido consciente de que podríamos estar criando a una oleada de niños demasiado blanditos. Con padres que se presentan a las revisiones de exámenes de sus hijos, que abuchean a los árbitros en los partidos y que han hecho el vacío a niños que no invitaban a sus retoños a los cumpleaños. “Yo he tenido a un chaval de 19 años que se me ha echado a llorar porque le suspendí un examen”, cuenta Elvira Roca, profesora de instituto. “Le dije que no me diera el espectáculo. Vino su madre a verme y me dijo que había humillado a su hijo. Le tuve que decir que estaba siendo ella quien le humillaba a él”.

Nicky Morgan era ministra británica de Educación con David Cameron e hizo bandera de la educación del carácter. “Para mí, los rasgos del carácter son esas cualidades que nos engrandecen como personas: la resistencia, la habilidad para trabajar con otros, enseñar humildad mientras se disfruta del éxito y capacidad de recuperación en el fracaso”, decía en su cruzada por extender ese tipo de educación, muy vinculada al rugby. Suena familiar. Suena a Si, el poema de Rudyard Kipling y su verso sobre la victoria y el fracaso, esos dos impostores a los que hay que tratar de igual forma, que figura en la entrada de la cancha principal de Wimbledon.

Sociedad más cómoda, blanda y menos esforzada
Alfonso Aguiló escribió Educar el carácter (Ed. Palabra) hace 25 años. No ha parado de reeditarse y traducirse desde entonces: “Tener buen carácter no significa estar todos cortados por el mismo patrón. Pero estoy seguro que casi todos nos pondríamos de acuerdo en que ser honrado, trabajador, generoso, justo, leal, empático, valiente, austero, recio y organizado son buenas cualidades”. ¿Cómo se educa el carácter? No desde la teoría, desde luego. “La educación en valores es algo abstracto. Las virtudes son los valores integrados en la persona”, explica.

Este veterano profesor confirma que tenemos ahora a generaciones de niños blanditos y no se escandaliza: “Son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada. Pasa también con los países”. Según Aguiló, la educación del carácter no tiene que ver con el dinero y sí con el capital cultural de las familias, con el modo de transmitir cómo afrontar la vida: “He conocido a madres que limpiaban escaleras para que sus hijos llevaran unas zapatillas de marca y a gente de dinero que también los mimaba mucho”.


En EEUU, la cadena de colegios KIPP, con tasas de éxito académico inéditas en las zonas donde se instalan, insisten en la educación del carácter como indispensable: “Trabaja duro. Sé amable”, han resumido en los carteles enormes que decoran sus centros. En ese país, Angela Duckworth se ha convertido en la gurú del estudio de la personalidad. Tiene un laboratorio donde analiza qué rasgos hacen que los niños tengan éxito de mayores. Está tan ocupada que no da entrevistas, dice su equipo.

Siempre cuenta que, pese a las buenas notas, su padre le decía que no se creyera especial. “La tendencia a mantener el interés y el esfuerzo para conseguir metas a largo plazo”, la fuerza de voluntad, es el rasgo que, según Grit, su reciente best seller sobre el poder de la perseverancia, define a las personas con éxito. Ha trabajado en barrios marginales y ha estado en West Point, la academia militar de EEUU, analizando cómo eran los 1.200 cadetes que pasaban las durísimas pruebas iniciales. Niños a los que no levantaron del suelo cuando podían ellos solos.

viernes, 13 de enero de 2017

Santo Evangelio 13 de Enero 2017


Día litúrgico: Viernes I del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 2,1-12): Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra. 

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados». 

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». 

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».


«Hijo, tus pecados te son perdonados (...). A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»
Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido 
(Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)


Hoy vemos nuevamente al Señor rodeado de un gentío: «Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio» (Mc 2,2). Su corazón se deshace ante la necesidad de los otros y les procura todo el bien que se puede hacer: perdona, enseña y cura a la vez. Ciertamente, les dispensa ayuda a nivel material (en el caso de hoy, lo hace curando una enfermedad de parálisis), pero —en el fondo— busca lo mejor y primero para cada uno de nosotros: el bien del alma.

Jesús-Salvador quiere dejarnos una esperanza cierta de salvación: Él es capaz, incluso, de perdonar los pecados y de compadecerse de nuestra debilidad moral. Antes que nada, dice taxativamente: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Mc 2,5). Después, lo contemplamos asociando el perdón de los pecados —que dispensa generosa e incansablemente— a un milagro extraordinario, “palpable” con nuestros ojos físicos. Como una especie de garantía externa, como para abrirnos los ojos de la fe, después de declarar el perdón de los pecados del paralítico, le cura la parálisis: «‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos» (Mc 2,11-12).

Este milagro lo podemos revivir frecuentemente nosotros con la Confesión. En las palabras de la absolución que pronuncia el ministro de Dios («Yo te absuelvo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo») Jesús nos ofrece nuevamente —de manera discreta— la garantía externa del perdón de nuestros pecados, garantía equivalente a la curación espectacular que hizo con el paralítico de Cafarnaum.

Ahora comenzamos un nuevo tiempo ordinario. Y se nos recuerda a los creyentes la urgente necesidad que tenemos del encuentro sincero y personal con Jesucristo misericordioso. Él nos invita en este tiempo a no hacer rebajas ni descuidar el necesario perdón que Él nos ofrece en su alcoba, en la Iglesia.