sábado, 29 de abril de 2017

Santo Evangelio 29 de Abril 2017


Día litúrgico: Sábado II de Pascua

Santoral 29 de abril: Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia
Texto del Evangelio (Jn 6,16-21): Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No temáis». Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


«Soy yo. No temáis»
Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)



Hoy, Jesús nos desconcierta. Estábamos acostumbrados a un Redentor que, presto para atender todo tipo de indigencia humana, no dudaba en recorrer a su poder divino. De hecho, la acción transcurre justo después de la multiplicación de los panes y peces a favor de la multitud hambrienta. Ahora, en cambio, nos desconcierta un milagro —el hecho de andar sobre las aguas— que parece, a primera vista, una acción de cara a la galería. ¡Pero no!, Jesús ya había descartado el uso de su poder divino para buscar el lucimiento o el provecho personal cuando al inicio de su misión rechazó las tentaciones del Maligno.

Al andar sobre las aguas, Jesucristo está mostrando su señorío sobre las cosas creadas. Pero también podemos ver una escenificación de su dominio sobre el Maligno, representado por un mar embravecido en la oscuridad.

«No temáis» (Jn 6,20), les decía Jesús en aquella ocasión. «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), les dirá después en el Cenáculo. Finalmente, es Jesús quien dice a las mujeres en la mañana de Pascua, después de levantarse del sepulcro: «No tengáis miedo». Nosotros, por el testimonio de los Apóstoles, sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por esto, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo. 

Las mismas palabras que Jesús dirigía a Pedro y a los Apóstoles las repetía San Juan Pablo II, sucesor de Pedro, al inicio de su pontificado: «No tengáis miedo». Era una llamada a abrir el corazón, la propia existencia al Redentor para que con Él no temamos ante los embates de los enemigos de Cristo.

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pide (una vocación, un proyecto apostólico, un servicio...), nos consuela saber que María también —criatura como nosotros— oyó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada. Aprendamos de ella a acoger la invitación de Jesús cada día, en cada circunstancia.

Campeón de baloncesto y médico del Real Madrid, murió su hijo y una experiencia mística le tocó


Alfonso del Corral: «Sentí a Alguien que compartía mi dolor»

Campeón de baloncesto y médico del Real Madrid, murió su hijo y una experiencia mística le tocó

Campeón de baloncesto y médico del Real Madrid, murió su hijo y una experiencia mística le tocó

Alfonso del Corral en Cambio de Agujas - consiguió fama como jugador del Real Madrid, pero su mensaje de consuelo es el de Cristo

Campeón de baloncesto y médico del Real Madrid, murió su hijo y una experiencia mística le tocó

10 consejos prácticos y realistas para enfrentar la muerte y el duelo de forma cristianas 30 años Alfonso del Corral fue campeón de Liga y de la Copa del Rey de baloncesto jugando en el Real Madrid, en 1984-85 y también al año siguiente. Wikipedia explica que "destacaba por su tranquilidad y por su capacidad de concentración. Sus armas sobre la cancha eran una tremenda fuerza física, una explosiva salida al contraataque y una gran agresividad en defensa". 

Cuando dejó de ser jugador, desarrolló una carrera profesional como responsable de los servicios médicos del Real Madrid de 1994-2007. Actualmente es director de la Unidad de Traumatología, Ortopedia y Medicina Deportiva en el Hospital Ruber Internacional de Madrid. Cuenta su experiencia de fe en el programa de testimonios “Cambio de Agujas” de HM Television.

Familia, deporte y disciplina
Aunque creció en una familia numerosa católica, explica que su fe era “de tradición, no vivida”. Como deportista de élite e hijo de militar, su vida era disciplinada y sus valores exigentes, pero “sólo rezaba cuando había algún problema”. El deporte le ayudaba a desahogarse cuando algún sufrimiento emocional le tocaba en su juventud.

“El deporte es un arma estupenda, te da fuerza, te da seguridad. Me enamoré apasionadamente del baloncesto, lo vivía como una religión”, recuerda. 


Alfonso del Corral le hace la vida imposible a Drazen Petrovic

“He sido jugador del Real Madrid y he estado ahí cuatro temporadas. He estado con jugadores que tenían más cualidades, más talento, así que yo lo compensaba con más esfuerzo, más entrenamiento, más voluntad de victoria. Esa fue mi historia”.

El éxito no le cegó porque le llegó ya bastante maduro y poco a poco. “También mi padre siempre me avisaba de la vida, de los golpes que puede dar la vida y eso me hacía ser cauto y prudente”.

Una familia alegre... y un niño especial
En lo familiar y lo profesional las cosas iban bien. “Me casé muy joven con la mujer de mi vida, porque yo la conocí con 20 o 21 años. Ella tenía 17.Y con ella formé una familia, en la que hemos tenido cinco hijos. Álvaro era el tercero”.

Álvaro era un niño especial. “El niño tenía ángel, era muy cariñoso. Era muy fuerte, iba a ser muy grande y muy fuerte. Y siempre muy vitalista. Un día se metía en medio de nuestra cama de matrimonio y nos abrazaba. Decía: “¿No os dais cuenta que yo he venido a uniros?”. Y es verdad. Es verdad. Porque mi matrimonio, a lo mejor, se hubiera perdido, si no hubiese sido por este sacrificio enorme. O sea, que el niño tuvo una misión aquí. Y fue la de cambiarnos a todos, transformarnos, unirnos y caminar hacia el encuentro de Dios”. 

Álvaro murió a los 6 años.

“Para los padres es un dolor insoportable. No se superan estas cosas. Dicen: “¿Lo has superado?”. “No”. Se acepta, pues, por dos motivos: Uno es por un motivo humano. Y es que el amor de los demás o el amor a los demás te permite seguir caminando. Y otro, por un motivo divino, que es la presencia, la cercanía y el acompañamiento del Señor en tu vida”.


Alfonso del Corral, como médico del Real Madrid, 
con David Beckham

Un día que empezó bien, y acabó terriblemente
Fue un impacto tremendo. Era su primer año al frente de los servicios médicos del Real Madrid, le acaban de dar el “cum laude” por su tesis doctoral, sus padres estaban encantados, el Real Madrid ganaba por 3-0 en un importante partido… y en ese momento le avisan de que el niño está en el hospital, muy mal. Tras seis horas de esfuerzos médicos, Álvaro murió. 

El médico Del Corral describe con exactitud su dolor, físico, que no deja respirar y oprime el corazón.

Una frase bíblica... y una experiencia mística
Después de 3 días con ese dolor, “mi mujer y yo tuvimos una pequeña discusión. Y entonces, en medio de la irritación, pues no sé, me senté en un cuarto, había una Biblia y la abrí. Entonces, me parece que era San Mateo, era el evangelio en el que el Señor dice: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Cuando leí esa frase, paré de leer. Me quedé un poco pensativo, pero seguía con el mismo dolor, con la misma agonía, con el mismo sufrimiento y salí a caminar”. 

“Entré en una iglesia de Madrid, en la calle Alcalá, que hace esquina con Gran Vía. No me acuerdo bien cual era. Estaba muy oscura. Prácticamente no sé lo que había, sí que había una lucecita del sagrario, del Santísimo y en toda la iglesia no había nada, solo se veía la luz, degeneraba un poco, y se veía una frase. ¡Otra vez la misma frase!: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Bueno, también seguía sintiendo el mismo dolor, el mismo sufrimiento, la misma agonía… ¡Pero qué cosa más rara! Y me acosté. Por supuesto, no dormía”.

“Dormía muy poco. Y me parece que era al alba, era junio pues sería a las cuatro, a las cinco de la mañana, serían las cinco, cinco y media, no podía dormir, paseaba y entonces entré en el cuarto del niño, y, mirando sus cosas, me quedé mirando una serie de cosas y, de pronto, al coger una cosa, se me cayó un cuaderno del niño. Era un cuaderno de escritura del niño. Y en el cuaderno de escritura, iba poniendo: la rosa, la manzana. Y, cuando abro la última hoja, la última cosa que escribió el niño es: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Y, con la escritura del niño, que la primera era muy buena y la última ya era una escritura que iba bajando, en ese momento, yo sentí una experiencia de Dios”. 

“Sentí una presencia del que yo llamo “El Resucitado”. El dolor no es que desapareciera, es que, o cambió, o yo sentí la presencia de “Alguien”, que compartía conmigo ese dolor. Que, a partir de ese momento, yo sabía que había Algo y ese Algo lo iba a encontrar”. 

Volcado en la lectura y en saber más
“Entonces yo empecé a leer muchísimo. No sabía quién era. La palabra, la expresión es de Jesucristo. Pero esa experiencia que, mucha gente dice que son delirios, alucinaciones, el síndrome del duelo, yo sé que es real. Dieciocho años después, yo aseguro que es verdad. Me pueden partir las piernas, pero eso era real. No es una frase, es algo que yo experimenté. Pero, es que, después de dieciocho años yo sé que el Señor vive. Leí muchísimo. Y me leí todo tipo de religiones, todo tipo de pensadores. Pero, cuando leía las palabras del Señor, cuando leía las epístolas, los Hechos de los Apóstoles, yo sentía fuego en mi interior, como dicen los discípulos de Emaús. Sentía un fuego. Otras cosas eran muy bonitas, pero no tenían ese fuego”.

“Son años en los que yo no dormía, seis o siete años en que leía y devoraba todo, leía todo lo que caía en mis manos. Me acostaba tarde, leyendo, y me levantaba temprano para leer. Dormía tres horas al día. Y entonces, empecé a esperar un poco, a experimentar y a gozar con todos esos sagrados misterios”. 



"El sufrimiento te abre los ojos"
Médico y padre herido por la muerte de un hijo, llegó a algunas conclusiones sobre el sufrimiento.

“El sufrimiento es horroroso. Pero el sufrimiento, la enfermedad, el dolor y la muerte son la cara de una realidad efímera. El sufrimiento, curiosamente, no deja indiferente a todo el mundo. A algunas personas, el sufrimiento los destruye; a otras muchas, que no son creyentes, los cambia, los hace mejores seres humanos, les quita una parte de esa soberbia, esa prepotencia, porque el sufrimiento te abaja, te hace más cercano. El sufrimiento te abre los ojos, porque vivimos borrachos. Y, mucho más, el hombre occidental vive inmerso en esta situación”. 

“Para el cristiano, para el creyente de verdad, el sufrimiento, evidentemente, te conecta. Sobre todo, si tú experimentas que no estás solo en ese sufrimiento, esa es la gran diferencia. Nadie te va a quitar el sufrimiento, el sufrimiento está ahí. La diferencia es que el Señor murió en la Cruz precisamente para darnos ese sentido. Nadie entiende la cruz. Pero, ¿por qué tiene que morir en la cruz? ¿Por qué Dios ha permitido morir en esa cruz? Porque es fundamental, es el centro de nuestra historia, como dice San Pablo. Hay que aceptar esa cruz. No es fácil porque todos queremos la buena vida, es decir, vivir bien, no tener enfermedades, no sufrir. Y el Señor te ayuda a llevar esa cruz. Por eso, murió Él en esa cruz. Este es el punto de encuentro entre Dios y el hombre”.

Cottolengo: inspiración en el compartir
A Alfonso del Corral le inspiran las personas con vocación a compartir y aliviar el sufrimiento, como el Padre Alegre y sus Cottolengo (www.cottolengopalegre.org). Le inspira también la confianza de estas instituciones en la Providencia: “ellas no pueden pedir. Y eso comporta que hay noches que no hay nada que comer”.

También le emocionan muchos enfermos del Cottolengo que anuncian que rezarán por él. “Cuando vuelvo, claro, luego en el coche, lloro a moco y baba. Aquello es Evangelio, sin matices, sin frases hechas, sin tópicos, sin nada. No sé, es verdadero y auténtico. No son perfectos, claro, ni las monjas, ni los enfermos, naturalmente. Pero, aquello es extraordinariamente maravilloso y, como eso, hay mucho en el mundo”.

Cuando has perdido un hijo
A menudo hay personas que le piden palabras para consolar a padres que han perdido un hijo. Pero no hay consuelo humano y menos con palabras, aunque sí dolor compartido y esperanza en Cristo.

“Yo solo les puedo decir que les quiero, que sé perfectamente lo que están pasando. Que es un dolor horroroso, que no es humano, que no se puede aceptar porque humanamente es inaceptable y, que yo, desde aquí, les diría que rezo por ellos. Ya sé que ellos no quieren eso ahora. Y que, si pudiera, les abrazaría. No hay frases ni tópicos. No soy quien para darles un consejo: solo les puedo decir que Cristo vive, que hay esperanza. Que es inaceptable y que ahora mismo no tendrán ni fuerzas y, por tanto, que no me vengan con tópicos ni con frases hechas. Pero que el Señor está ahí, que el Señor está esperándoles con su niño ahí, en el Cielo. Y eso lo creo profundamente. Que tengan esperanza. Y que si tienen un poquito de fe, que recen, que recen mucho. Que la oración es tremenda. Y que apuesten por la vida, que el Señor les devolverá ciento por uno. Que sigan amando, que sigan apostando por la vida. Que si pueden tener hijos, que tengan hijos. Que cada hijo es un regalo inmenso de Dios”.

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viernes, 28 de abril de 2017

Santo Evangelio 28 de Abril 2017


Día litúrgico: Viernes II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,1-15): En aquel tiempo, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia Él mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes para que coman éstos?». Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco». Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?». 

Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido. Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Éste es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte Él solo.


«Se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer»
Rev. D. Llucià POU i Sabater 
(Granada, España)


Hoy leemos el Evangelio de la multiplicación de los panes: «Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron» (Jn 6,11). El agobio de los Apóstoles ante tanta gente hambrienta nos hace pensar en una multitud actual, no hambrienta, sino peor aún: alejada de Dios, con una “anorexia espiritual”, que impide participar de la Pascua y conocer a Jesús. No sabemos cómo llegar a tanta gente... Aletea en la lectura de hoy un mensaje de esperanza: no importa la falta de medios, sino los recursos sobrenaturales; no seamos “realistas”, sino “confiados” en Dios. Así, cuando Jesús pregunta a Felipe dónde podían comprar pan para todos, en realidad «se lo decía para probarle, porque Él sabía lo que iba a hacer» (Jn 6,5-6). El Señor espera que confiemos en Él.

Al contemplar esos “signos de los tiempos”, no queremos pasividad (pereza, languidez por falta de lucha...), sino esperanza: el Señor, para hacer el milagro, quiere la dedicación de los Apóstoles y la generosidad del joven que entrega unos panes y peces. Jesús aumenta nuestra fe, obediencia y audacia, aunque no veamos enseguida el fruto del trabajo, como el campesino no ve despuntar el tallo después de la siembra. «Fe, pues, sin permitir que nos domine el desaliento; sin pararnos en cálculos meramente humanos. Para superar los obstáculos, hay que empezar trabajando, metiéndonos de lleno en la tarea, de manera que el mismo esfuerzo nos lleve a abrir nuevas veredas» (San Josemaría), que aparecerán de modo insospechado.

No esperemos el momento ideal para poner lo que esté de nuestra parte: ¡cuanto antes!, pues Jesús nos espera para hacer el milagro. «Las dificultades que presenta el panorama mundial en este comienzo del nuevo milenio nos inducen a pensar que sólo una intervención de lo alto puede hacer esperar un futuro menos oscuro», escribió San Juan Pablo II. Acompañemos, pues, con el Rosario a la Virgen, pues su intercesión se ha hecho notar en tantos momentos delicados por los que ha surcado la historia de la Humanidad.

Arrasa «Resucito», versión católica de «Despacito»: «Queríamos mostrar la alegría de la Pascua»


Prepararon un vídeo para sus amigos y ya lo han visto 1,2 millones de personas

Arrasa «Resucito», versión católica de «Despacito»: «Queríamos mostrar la alegría de la Pascua»

Resucito, la versión católica de Despacito, suma ya más de 1,2 millones de reproducciones en Youtube

Arrasa «Resucito», versión católica de «Despacito»: «Queríamos mostrar la alegría de la Pascua»

“Resucito, que me crucifican pues yo resucito, yo morí por ti y todos tus amigos”… Este estribillo ha sonado todos estos días en las principales emisoras musicales y ha sido publicado en los principales diarios de todo el mundo. Europa FM, los 40, La Sexta, Antena 3, El País, La Vanguardia...todos los grandes medios se han hecho eco de “Resucito”, la ya conocida versión católica de “Despacito”, el éxito mundial de Luis Fonsi, que han realizado tres jóvenes madrileños y que sin pretenderlo se ha convertido en un fenómeno viral.

Guille, Edu y Luisto tuvieron la idea de versionar la canción del momento para darle un toque cristiano y Pascual de cara a la fiesta de la resurrección y tras subir la grabación a Youtube el pasado 17 de abril ya tiene más 1,2 millones de visitas llegadas de toda España y Latinoamérica. En si misma, esta canción se ha convertido también en un hit mundial que ha llegado a decenas de miles de jóvenes alejados de la Iglesia.

De canción para amigos a fenómeno viral
Aunque en realidad el objetivo de esta versión era más íntima y familiar. Así lo ha explicado a Religión en Libertad Guille, el guitarrista que aparece sentado en la parte trasera del vehículo. “Para nada imaginábamos este fenómeno. La idea original era grabar un vídeo para nuestra comunidad de amigos de Cursillos de Cristiandad y nos hemos encontrado con este boom”.

Precisamente, la idea de grabar Resucito surgió en la Pascua que celebran los jóvenes de este movimiento. Hace dos años ya se hizo un vídeo con la entonces canción del momento y “surgió la idea –explica Guille-  de hacer un homenaje a ese momento con otro vídeo de una canción famosa”.



Mensajes de agradecimiento de no creyentes
“Todo iba enfocado a una vigilia de actuaciones que hacemos tras la Vigilia Pascual. Entonces se le ocurrió a mi hermano (Edu) el estribillo durante el descanso y a partir de ahí construimos la letra”, explica este joven madrileño.

Ante el fenómeno mediático que ha rodeado a esta versión, Guille cuenta a ReL que “estamos recibiendo mensajes de gente no creyente e incluso ateos convencidos que nos están felicitando y alucinando con el mensaje que mandamos porque no es nada usual dentro de la sociedad en la que estamos”.

La canción, "una alabanza a Dios"
Estos jóvenes insisten en que la canción no tiene otro sentido que ser “una alabanza a Dios” por lo que se muestran muy contentos de que pueda servir para evangelizar o para por lo menos hacer presente el mensaje de la Pascua en ambientes descristianizados.

Guille defiende de esta manera que se pueda ser católico y moderno. “Es lo que debemos ser. Estamos en el mundo y nuestro carisma de Cursillos nos insta a transportar esta alegría del Resucitado al mundo. Es casi obligatorio ser moderno, feliz y católico”, asegura este joven.

En su opinión, un “católico aburrido” no atrae y su objetivo pasa por atraer a muchos a la Iglesia por lo que el vídeo “va al final un poco en esa línea”.

"Romper con los prejuicios"
Por ello, dirigiéndose a todos aquellos jóvenes no creyentes que han visto esta versión cristiana de la canción les llama a “romper con los prejuicios sobre la Iglesia y los católicos”.


Estos tres jóvenes viven su fe sin complejos y sin miedo 

“Como jóvenes –añade Guille- nos vemos casi en el deber de mostrar que ser católicos es una alegría inmensa y que se puede vivir la fe dentro del mundo siendo un joven normal y teniendo a Cristo en medio de nuestras vidas. Y esto aporta una libertad y una felicidad incomparables”.

¿Más versiones de canciones conocidas?
Apuestan por la atracción como forma de evangelización. La clave es que los alejados miren a los creyentes y se pregunten: “¿por qué este chaval es diferente?, ¿qué tiene de especial para ser tan feliz? Que tengo a Cristo en mi vida”.

Aún no han salido del shock de sin querer ser creadores de este fenómeno viral  y aunque no tienen planeado nada “es una posibilidad aprovechar este boom y utilizar la música para evangelizar”.

También han recibido críticas
Sin embargo, pese a las cientos de miles de visitas y la enorme repercusión que han tenido no les han faltado críticas, tanto desde fuera de la Iglesia como desde dentro.

Guille asegura que agradecen también las críticas negativas pues “es parte de hacer algo evangelizador”. A su juicio. “si gustas a todo el mundo y todo el mundo te aplaude algo estás haciendo mal”.

Y es que ha habido católicos que les han escrito de Latinoamérica acusándoles de romper la “pureza de la música católica” con esta versión de Despacito. “Hemos utilizado esto para transmitir un mensaje de alegría, evangelizar y transmitir la alegría de la Pascua”, responde el que da sonido a la guitarra.

En las redes sociales y en internet se ha producido un fuerte debate sobre la idoneidad de hacer versiones de canciones como la de Luis Fonsi.



"Evangelizar desde mi trinchera"
Y ante las críticas, un sacerdote youtuber, el padre Sam, ha querido salir en defensa de los tres católicos españoles. Este religioso hondureño considera que “no es justo que unos jóvenes que han querido poner sus dones y ser creativos les lapidemos y critiquemos”. “Desde su realidad han querido aportar algo, evangelizar”, añade.

Por ello, le parece “farisaico” criticar la iniciativa de estos jóvenes afirmando que “han profanado la fe”. Explica que la “canción está hecha a partir de una mundana pero no es una canción para cantar en misa, no es litúrgica, es una idea para llegar a distintas realidades. No es profanar la fe. Es intentar evangelizar desde la trinchera”.

Alejado de la fe, compró un pastel con esfuerzo, se lo dio a un mendigo y Dios respondió rápido


La conversión y experiencia mística de Nicolò Manduci

Alejado de la fe, compró un pastel con esfuerzo, se lo dio a un mendigo y Dios respondió rápido

Nicolo Manduci cuenta cómo un gesto de caridad y una experiencia mística le devolvieron a Dios

Alejado de la fe, compró un pastel con esfuerzo, se lo dio a un mendigo y Dios respondió rápido

El programa de entrevistas-testimonio Cambio de Agujas, en HM Televisión (www.eukmamie.org) difunde la historia de Nicolò Manduci, un joven ingeniero italiano que durante años se adentró en la droga, el alcohol y las diversiones dañinas... hasta que un día sintió el impulso de regalar un pastel que llevaba en sus manos a un mendigo que vio en la calle. Eso desencadenó en él una experiencia de la cercanía de Dios, con el que estaba enfadado, y una conversión creciente. 

La falta de amor ahogó su fe de niño
Nicolò estudió de niño en una escuela de los salesianos, y allí aprendió a hablar con la Virgen María, a través de la figura de María Auxiliadora. Sin embargo, al pasar los 10 años dejó de orar. 

Por un lado, no notaba afecto por parte de sus padres. Por otro lado, le rechazaban los chicos de su edad. Se sentía solo. Y cuando llegó a la escuela secundaria, buscando ser aceptado por los otros adolescentes, conscientemente fue optando por alejarse de Dios. 

Nicolò asegura que en el fondo de su comportamiento estaba una crisis afectiva. "Me faltaba el amor, me faltaba afecto. Inicié mi camino en búsqueda de mí mismo, en búsqueda de la felicidad. Buscaba en sitios equivocados, buscaba en la discoteca, en la droga, en el alcohol, en todas las cosas que no me hacían feliz. Esto me llevó a alejarme de personas queridas, de amigos que tenían valores y principios fundamentados en la fe. Pero en aquel momento me resultaban incómodos porque ninguno podía sanar aquella herida que yo llevaba dentro. Ninguno me podía amar como yo hubiera querido.  Ninguno podía entenderme como yo hubiese querido”.


Nicolò y unos compañeros de fiesta sonríen ante las cámaras con sus cervezas; la soledad y el desamor van por dentro

Enfadado con Dios
Nicolò no era ateo. Sabía que Dios existía, que era un alguien que le vigilaba, que le "miraba siempre"... y eso le enfurecía. 

“Le echaba a Él la culpa de lo que me pasaba. ¿Por qué pasaba eso? ¿Por qué soy así? ¿Por qué soy distinto? ¿Por qué me siento tan mal? ¿Por qué los demás son felices?. Y claro, a alguien tenía que echarle la culpa, pero en realidad habría tenido que mirar un poco dentro de mí".

La falta de amor llevaba al enfado con Dios. "Yo no tenía fuerza para encontrar las respuestas, no tenía una madurez suficiente, no tenía tampoco educadores válidos en los que apoyarme”. 

El hogar familiar tampoco era un refugio. “Busqué apoyo en mi familia, pero mi familia pasaba por un periodo de enfrentamiento. Había mucha presión en casa. Mi madre y mi padre no iban de acuerdo, no había fe, no había unión. Iban cada uno por su cuenta. Había un gran egoísmo entonces, y yo sentía el peso de ese egoísmo en casa. Por eso decidí cambiar de objetivo y partí para Londres”.

La vida en Londres
Al principio pensaba pasar solo un par de meses en Londres, pero luego se quedó allí dos años. Trabajaba y estudiaba en circunstancias duras, viviendo con mucha austeridad y llegando a pasar necesidad. 

Pero en aquella dureza de la vida de emigrante adquirió algunas virtudes humanas que lo fortalecieron.

“Comencé a crecer en humildad, pobreza y obediencia. Y estas tres virtudes, que yo no comprendía en aquel momento, empezaron a darme fuerza, fuerza y seguridad dentro de mí, estabilidad. Comprendí que había algo en estas tres cosas que hacían de eje en mi vida: empezaba a poner como los cimientos de mi persona”.

Un impulso de caridad... y una respuesta mística
Un día consiguió reunir dinero para darse un pequeño capricho y se compró un pastel. Con la caja en las manos, caminando hacia casa para comérselo, pasó ante un anciano mendigo que tocaba el violín en silla de ruedas.

Nicolò sintió que la compasión le invadía el corazón, que pensaba en el otro, que se ponía en el lugar del otro. 

“Sentí dentro del corazón que tenía que darle el pastel. Yo algo sí tenía, y esta persona no estaba seguro de qué cosa iba a tener aquella tarde, ni de si iba a sobrevivir aquella noche”, recuerda.

Dio el pastel al mendigo. Y en ese momento pasó algo en el corazón de Nicolò.

“En ese momento sentí una gran paz. Sentí un amor grandísimo en el corazón que me tocaba dentro y no sabía lo que era. Más tarde he entendido que el amor de Dios comenzó a visitarme. Dios había visitado mi corazón y, sobre todo, había visto que yo tenía deseo de cambiar".

Al llegar a casa, notó algo que no había sentido nunca. "En el momento en el que entré en mi casa, recuerdo que cerré la puerta, y sentí como una persona, una presencia cerca de mí. Recuerdo que sentía una fuerza en mi corazón que me decía: Cualquier cosa hecha al más pequeño de mis hermanos, es como si me la hubieras hecho a Mí”. Esta persona era Jesús. En aquel momento sentí la presencia de Jesús vivo cerca de mí”.

La Iglesia, María, los sacramentos
Tras esta experiencia, Nicolò tomó la decisión de regresar a casa, a Italia. 

Allí un amigo le invitó a ir a Misa con él, pero Nicolò desconocía el valor de la Eucaristía. Ahora él ya rezaba solo, ¿por qué tenía que ir a Misa? 


Nicolò Manduci cuenta su testimonio en el programa Cambio de Agujas, de HM Televisión

Después le propusieron visitar Medjugorje, el pueblo de Bosnia cuyas supuestas apariciones marianas están aún bajo investigación de la Iglesia. Allí oró así: “María, tú eres mi Madre, yo no sé qué haré de mi vida, lo importante es que tú estés orgullosa de mí". 

Y añadió después: "Señor Jesús, ayúdame a comprender por qué tengo que ir a Misa”. 

Dios escucharía su oración: no pasaría mucho antes de que la Misa fuera el centro de su jornada, una fuente de amor y de alegría, de sanación espiritual, y de enseñanza para su vida. 

Hoy cuenta su testimonio esperando que sea una luz para otras personas. “Espero verdaderamente que mi testimonio pueda servir de ayuda a algún joven que haya podido pasar un sufrimiento como el mío, o que esté en una situación de droga, de alcohol, de la que tal vez quiere salir. Una situación en la que tantos chicos están, en compañía de amistades malas, equivocadas. Que puedan realmente encontrar la armonía, la armonía que viene de Cristo, que viene de Dios. No hay armonía en las cosas del mundo, por desgracia, no hay felicidad, no tiene riqueza. Hay una riqueza interior que es la riqueza que encontramos en Dios”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 27 de abril de 2017

Santo Evangelio 27 de Abril 2017


Día litúrgico: Jueves II de Pascua

Santoral 27 de Abril: La Virgen de Montserrat, patrona principal de Cataluña
Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.


«El que cree en el Hijo tiene vida eterna»
Rev. D. Melcior QUEROL i Solà 
(Ribes de Freser, Girona, España)



Hoy, el Evangelio nos invita a dejar de ser “terrenales”, a dejar de ser hombres que sólo hablan de cosas mundanas, para hablar y movernos como «el que viene de arriba» (Jn 3,31), que es Jesús. En este texto vemos —una vez más— que en la radicalidad evangélica no hay término medio. Es necesario que en todo momento y circunstancia nos esforcemos por tener el pensamiento de Dios, ambicionemos tener los mismos sentimientos de Cristo y aspiremos a mirar a los hombres y las circunstancias con la misma mirada del Verbo hecho hombre. Si actuamos como “el que viene de arriba” descubriremos el montón de cosas positivas que pasan continuamente a nuestro alrededor, porque el amor de Dios es acción continua a favor del hombre. Si venimos de lo alto amaremos a todo el mundo sin excepción, siendo nuestra vida una tarjeta de invitación para hacer lo mismo.

«El que viene de arriba está por encima de todos» (Jn 3,31), por esto puede servir a cada hombre y a cada mujer justo en aquello que necesita; además «da testimonio de lo que ha visto y oído» (Jn 3,32). Y su servicio tiene el sello de la gratuidad. Esta actitud de servir sin esperar nada a cambio, sin necesitar la respuesta del otro, crea un ambiente profundamente humano y de respeto al libre albedrío de la persona; esta actitud se contagia y los otros se sienten libremente movidos a responder y actuar de la misma manera.

Servicio y testimonio siempre van juntos, el uno y el otro se identifican. Nuestro mundo tiene necesidad de aquello que es auténtico: ¿qué más auténtico que las palabras de Dios?, ¿qué más auténtico que quien «da el Espíritu sin medida» (Jn 3,34)? Es por esto que «el que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz» (Jn 3,33).

“Creer en el Hijo” quiere decir tener vida eterna, significa que el día del Juicio no pesa encima del creyente porque ya ha sido juzgado y con un juicio favorable; en cambio, «el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él» (Jn 3,36)..., mientras no crea.

Musulmán, agresivo, se juntaba con lo peor del barrio... pero en una capilla sintió el ardor de Dios


El cantante y actor Ladji Diallo se bautizó en Lourdes

Musulmán, agresivo, se juntaba con lo peor del barrio... pero en una capilla sintió el ardor de Dios


Ladji Diallo, el comediante y cantante que agradece a Dios su vida actual. Se relacionaba con malas influencias y se movía en ambientes hostiles

Musulmán, agresivo, se juntaba con lo peor del barrio... pero en una capilla sintió el ardor de Dios

Ladji Diallo (www.ladjidiallo.com) es un músico y comediante que nació en Francia en 1980 en una familia de religión musulmana originaria de Malí. Creció en los suburbios de París en un ambiente rodeado de violencia y hostilidad. Su madre no le trataba bien y se juntaba con los chicos malos de su ciudad.

Un grave accidente de sus padres le acercaría a lo espiritual. En el hospital, Ladji conoció a una mujer que le habló sobre un campamento de verano para jóvenes en Lourdes. Allí comenzaría una aventura de fe como voluntario acompañando a discapacitados. Una experiencia mística en una capilla de los Pirineos lo impactó.

Por el mal camino
"Siempre me gustó buscar pelea. Me molestaba cualquier cosa que se interpusiera en mi camino". Así vivía Ladji Diallo durante su infancia y adolescencia en París, una vida difícil que comenzaba en su entorno familiar.

“Mi madre a veces podía llegar a ser muy complicada y hasta violenta conmigo y mis seis hermanos. Mi padre apenas estaba en casa. Su presencia era escasa en nuestra vida porque dedicaba muchas horas a su trabajo como panadero”, recuerda Ladji.

Ladji también era mal estudiante, fracasó en los estudios y se juntaba con malas influencias que le llevaron por el mal camino. “Estaba rodeado por el mal”, dice.


El accidente que cambió su vida
Los padres de Ladji tuvieron un grave accidente. Hasta ese momento a Ladji le daba igual todo, no valoraba la vida, “era un adolescente terco e insensible”, cuenta. Pero rompió a llorar al ver a sus padres en el hospital.

Durante el tiempo que Ladji estuvo en el hospital acompañando a sus padres, conoció a una mujer que le habló de un campamento de verano en los Pirineos que organizaba un sacerdote que ella conocía. Pensó que recomendárselo a Ladji le vendría bien para despejarse durante el tiempo que durara la recuperación de sus padres.

A Ladji le gustó la idea y tras obtener el permiso de su padre emprendió rumbo a los a los Pirineos junto a cinco de sus hermanos.

El sacerdote que dejó huella en Ladji
“Y ahí estábamos cinco de mis hermanos y yo bajo la autoridad de un sacerdote, Joseph”, recuerda Ladji de su llegada.

El padre Joseph, que les acompañó durante el viaje, les inspiraba responsabilidad y eso marcó la vida de Ladji. “El cura nos hacía reír, sus palabras sencillas llegaban a mi corazón. Sin reconocerlo, él dejó en mí una marca sólida”.

A Ladji le llamó la atención ver tantos jóvenes católicos en la capilla, todos tan contentos. “Parecían dispuestos a creer. Me llamaba la atención lo que cantaban y me di cuenta de que en ellos había una curiosa sensación de presencia”, explica.

El encuentro con los enfermos
A medida que avanzaba su estancia en Lourdes, Ladji y sus hermanos empezaron a sentir un deseo de hacer algo por los demás. El sacerdote decidió incorporarles en un grupo de jóvenes que van a Lourdes a acompañar a enfermos discapacitados. "Ellos, los enfermos, me fueron haciendo suyo".


Ladji hoy es músico y humorista... y también le gusta hablar de su fe

Poco a poco Ladji comenzó a notar que algo le estaba rondando por dentro. “Con esta experiencia, combinada con la del campamento, sentí que algo se movía dentro de mí. Era algo que perturbaba mi sueño. No me reconocía a mí mismo”, recuerda Ladji.

Una noche en la capilla
Una noche en la que Ladji estaba asomado a la ventana vio unas extrañas sombras que se formaban en la capilla. Ya lo había notado en otras ocasiones y decidió investigarlo de cerca, yendo a la capilla.

“Acudí en silencio y no vi a nadie. Me senté en un banco y esperé sin moverme”.  

Minutos después, recuerda Ladji, sintió mucha paz. "Un calor me invadió. Mis lágrimas empezaron a fluir. Algo en mí me susarraba. Me decía: ‘Ladji, déjate llevar, déjate querer. Sí, has hecho el mal, pero puedes ser amado, eres digno de ser querido, yo quiero hacerte descubrir quién eres de verdad, tu riqueza, tu belleza’. Una paz extraordinaria me envolvió".

Sintió que le rodeaba esa sensación de paz y no quería marcharse. “Me quedé mucho tiempo allí, como suspendido fuera del tiempo”. Salió de la capilla muy feliz, ligero.  

Al volver a su habitación, descubrió un ejemplar del Nuevo Testamento. Leyéndolo, conoció la historia de Jesús. Y las palabras de Jesús, dice, "encendieron en mí un ardor interior que no se desvanecía".

Al día siguiente, le dijo al padre Joseph que quería seguir a Jesús, pero el sacerdote le animó a tener calma y reflexionar más, y volver a hablar de ello una semana después. 

Pasados siete días, con los Evangelios ya leídos, Ladji insistió al sacerdote: 

- Quiero seguir a Jesús.
- No será fácil - le dijo el cura. 

Pero Ladji insistió. 



Ahora es cristiano
A su regreso del viaje, Ladji contó a sus padres lo que había vivido. Fue duro para ellos. "Que yo sea de confesión cristiana fue para ellos como un signo de fracaso, porque ellos tenían la obligación de transmitir la fe musulmana a sus hijos", entiende. 

Pero con el tiempo percibieron el cambio en Ladji, su mejoría. "Estoy más tranquilo y controlo mi agresividad", dice. Hoy Ladji Diallo trata con cautela el tema de la fe con sus padres.

Aprendió a tocar la guitarra en el coro de la misa de los domingos y después de dos años de formación, se bautizó en Lourdes. 

Ahora lleva una nueva vida y ha encauzado su futuro como actor cómico y cantante. También le gusta contar su testimonio de fe. Se siente orgulloso de que Dios le haya dado oportunidad de "mostrar su talento".

Su testimonio de conversión en francés está disponible en Une Solution Existe y fue publicado originalmente en L'1 Visible nº61. 

(A continuación se ofrece el testimonio de Ladji Diallo para el programa de la televisión católica francesa,  Le Jour de Signeur, emitido por France 2)