jueves, 26 de abril de 2018

Santo Evangelio 26 de abril 2018


Día litúrgico: Jueves IV de Pascua

Santoral 26 de Abril: San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».


«Después de lavar los pies a sus discípulos...»

Rev. D. David COMPTE i Verdaguer 
(Manlleu, Barcelona, España)

Hoy, como en aquellos films que comienzan recordando un hecho pasado, la liturgia hace memoria de un gesto que pertenece al Jueves Santo: Jesús lava los pies a sus discípulos (cf. Jn 13,12). Así, este gesto —leído desde la perspectiva de la Pascua— recobra una vigencia perenne. Fijémonos, tan sólo, en tres ideas.

En primer lugar, la centralidad de la persona. En nuestra sociedad parece que hacer es el termómetro del valor de una persona. Dentro de esta dinámica es fácil que las personas sean tratadas como instrumentos; fácilmente nos utilizamos los unos a los otros. Hoy, el Evangelio nos urge a transformar esta dinámica en una dinámica de servicio: el otro nunca es un puro instrumento. Se trataría de vivir una espiritualidad de comunión, donde el otro —en expresión de San Juan Pablo II— llega a ser “alguien que me pertenece” y un “don para mí”, a quien hay que “dar espacio”. Nuestra lengua lo ha captado felizmente con la expresión: “estar por los demás”. ¿Estamos por los demás? ¿Les escuchamos cuando nos hablan?

En la sociedad de la imagen y de la comunicación, esto no es un mensaje a transmitir, sino una tarea a cumplir, a vivir cada día: «Dichosos seréis si lo cumplís» (Jn 13,17). Quizá por eso, el Maestro no se limita a una explicación: imprime el gesto de servicio en la memoria de aquellos discípulos, pasando inmediatamente a la memoria de la Iglesia; una memoria llamada constantemente a ser otra vez gesto: en la vida de tantas familias, de tantas personas.

Finalmente, un toque de alerta: «El que come mi pan ha alzado contra mí su talón» (Jn 13,18). En la Eucaristía, Jesús resucitado se hace servidor nuestro, nos lava los pies. Pero no es suficiente con la presencia física. Hay que aprender en la Eucaristía y sacar fuerzas para hacer realidad que «habiendo recibido el don del amor, muramos al pecado y vivamos para Dios» (San Fulgencio de Ruspe).

El juez impide que Alfie Evans sea tratado en Italia: «Es un rehén», denuncia desesperada la familia

El juez impide que Alfie Evans sea tratado en Italia: «Es un rehén», denuncia desesperada la familia

El magistrado abre la posibilidad de que muere en casa; el padre dice que quieren matarlo de hambre

El juez impide que Alfie Evans sea tratado en Italia: «Es un rehén», denuncia desesperada la familia

Alfie, en brazos de su madre una vez que los médicos le retiraron el soporte vital



Alfie Evans no podrá recibir tratamiento en Italia. Así lo ha decidido el juez Anthony Hayden en la audiencia especial que convocó después de que el bebé británico sobreviviera heroicamente tras ser desentubado este lunes por la noche. Cuando los médicos decían que no viviría más de 30 minutos finalmente, ha sobrevivido todo este día obligando a la Justicia de nuevo a intervenir.

Sin embargo, una vez más el juez ha desoído a la familia y sólo ha tenido en consideración la opinión del hospital. De este modo, el magistrado ha descartado el traslado a Roma pese a que en Liverpool ya estaba preparado una helicóptero medicalizado y un avión adaptado para poder viajar a Italia, en una vista en la que ha estado presente el embajador italiano, Raffaele Trombetta. El magistrado ha dejado claro que este es "el último capítulo en el caso de este niño extraordinario"

Los médicos que le desconectaron le prohíben volar por si muere
El argumento de los médicos del hospital es que Alfie podría morir en el vuelo y que este viaje sería incorrecto y sin sentido. Cabe destacar que los médicos de este mismo hospital son los que desconectaron al niño para que muriera este lunes y este se aferró a la vida dejando boquiabiertos a los propios especialistas.

Thomas Evans, padre del niño, ha afirmado que "hemos perdido de nuevo, nos han negado la posibilidad de irnos, Alfie es un rehén y lo hacen morir de hambre". La familia denuncia que en el hospital llevan ya más de 23 horas sin alimentarle.


Una vez descartado el viaje a Italia, pese a que oficialmente el niño es ya italiano y el país transalpino ha pedido su traslado, el juez Hayden ha preguntado al hospital que estudie la posibilidad de que el niño pueda irse a casa para morir allí. El centro ha contestado que estudiará esta propuesta.

Críticas del juez y el hospital al entorno de la familia
Esta es la única posibilidad. O morir en el hospital o en casa. No se permite tratamiento ni se atiende a las reivindicaciones de la familia, que además en la vista ha sido criticada por los representantes del hospital.

Tanto los abogados del hospital como el juez afirmaron que hay personas cercanas a la familia que están dando falsas esperanzas, a los que llega a calificar de “fanáticos”.



Por su parte, el abogado de la familia de Alfie ha recordado al juez que el bebé podría estar hasta diez días sin ventilación y que es de sentido común que se le permitiera ser trasladado a Italia. El magistrado le ha respondido al letrado que se deje de “tonterías emotivas”.

Los médicos aseguran que tardarían entre 3 y 5 días en poder sacar a Alfie del hospital para llevarlo a casa debido al clima "hostil", así lo definieron ellos, que existe contra el hospital en estos momentos, presentándose así ante el juez como las víctimas de esta situación.

Alfie se aferra a la vida
Alfie Evans ha demostrado durante todo este lunes y el martes su fortaleza para vivir. Durante más de nueve horas respiró el sólo, pese a que el padre tuvo que practicarle en alguna ocasión el boca a boca para darle el oxígeno que el centro hospitalario le niega. Ante esta situación, a los médicos no les quedó más remedio que hidratarle y más tarde incluso volver a colocarle el oxígeno a través de una mascarilla.

Los médicos dijeron que el pequeño sólo viviría 15 o 30 minutos sin el ventilador, pero los hechos han desmentido esta valoración. Alfie está mostrando al mundo sus ganas de vivir.  "Ahora mi hijo todavía está vivo después de más de 10 horas horribles y para él angustiosas", afirma el padre. Mientras tanto, la madre informaba que los médicos quedaron sorprendidos y se vieron obligados a hidratarle para que no muriera de hambre y sed.

El polémico historial del juez Hayden
Anthony Hayden, juez del Tribunal Supremo de Inglaterra y Gales, ha sido el encargado de llevar este caso y de impedir, quitando en la práctica la patria potestad a los padres, que el niño pueda ser tratado en otro hospital buscando una segunda opinión, negando así este derecho a la familia del bebé.



Este juez se ha mostrado favorable en el pasado a las prácticas eutanásicas, que es lo que se esconde tras este caso. Y no hace falta remontarse demasiado lejos.

La prensa británica recogió el caso que llevó Hayden este pasado año de una mujer de 74 años a la que su hija quería retirar el soporte vital tras haber sufrido una caída utilizando como argumento un correo electrónico que la anciana le había enviado a su hija cuatro años antes tras haber visto un programa de televisión sobre la demencia.

Impactada por el contenido en el mail, la mujer aseguraba que no podría imaginarse en una situación como aquella. '¡Prepara la almohada si llego de esa manera!’, escribió.

El juez Hayden respaldó la petición de la hija y dictaminó que el correo electrónico enviado aquella noche era una muestra "significativa" de los puntos de vista de la mujer sobre lo que debería pasarle si perdía la capacidad de tomar decisiones por sí misma.

Igualmente, el juez fue uno de los juristas que publicó en 2012 el libro Children and Same Sex Families: A Legal Handbook, una recomendación jurídica a parejas del mismo sexo que quisieran tener hijos, donde analizaba la jurisprudencia y los resquicios legales que había en aquel momento.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 25 de abril de 2018

Santo Evangelio 25 de abril 2018


Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien». 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»

Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat 
(Barcelona, España)

Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente. 

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

Se bautizó con 30 años: como ateo se creía rebelde, «en realidad obedecía al conformismo dominante»

Se bautizó con 30 años: como ateo se creía rebelde, «en realidad obedecía al conformismo dominante»

Julien Leclerq dirige un medio digital católico y ha publicado un libro sobre su fe

Se bautizó con 30 años: como ateo se creía rebelde, «en realidad obedecía al conformismo dominante»

Julien Leclercq arranca con fuerza como una de las nuevas cabezas pensantes del catolicismo francés.

Julien Leclercq, director de la redacción del portal digital Le Nouveau Cénacle, es una prueba más de la pujanza del catolicismo francés en los últimos años, y del surgimiento de figuras nuevas con capacidad de arrastre que asumen tanto su minoría en la sociedad francesa como su voluntad de dejar de serlo. Leclerq cuenta su conversión tardía en libro publicado en febrero, Catholique débutant, y explica a Le Figaro las circunstancias en las que se produjo y su visión de la Iglesia y de Francia:


-Usted se convirtió al catolicismo con treinta años. ¿Cómo explica esta conversión tardía cuando en realidad, hasta ese momento, se enorgullecía de no haber puesto nunca pie en una iglesia?
-Efectivamente, me sentía orgulloso por no haber entrado nunca en una iglesia, incluso cuando me invitaban a una comunión o a una boda. Me quedaba en la puerta, esperando que todos salieran. Pero Jesús me esperaba y yo le oí. Así de simple. Se trata de una historia de amor imprevisible. Cuando pedí el bautismo a la edad de treinta años, mis familiares más cercanos estaban sorprendidos, es decir, desconcertados, pero comprendieron que mi conversión era el fruto de un largo camino espiritual, afectivo e intelectual. Ante Cristo he depuesto mis armas. Ante Cristo, todo me ha parecido claro.

-Cuando usted era adolescente incluso llegó a escupir sobre Cristo. ¿Por qué esta violencia hacia la religión?
-Porque yo era, ante todo, el producto de una época y, más aún, el producto de una generación. Aprendimos en la televisión y en la escuela que la religión era sinónimo de oscurantismo, de limitación de la mente, de fanatismo. A mi pesar, canalicé esto prejuicios y mi temperamento, fuertemente provocador, hizo el resto... Creía ser un rebelde al rechazar lo sagrado, cuando en realidad lo único que hacía era obedecer al conformismo dominante. Pensaba responder a una violencia con otra violencia, hasta la toma de conciencia. Comprendí, después, que se trataba de miedo al amor. Tenía miedo de amar a Cristo. Su amor es tan gratuito, tan grande, que no me sentía capaz de devolverle el amor.

-¿Fue la prueba de pasar un duelo lo que le llevó a Dios?
-Creí en Dios antes de la prueba del duelo, pero el calvario que vivió mi abuela precipitó mi decisión de recibir el bautismo. Era la única persona practicante de mi familia. Una mujer sencilla, que había trabajado en el campo cuando era pequeña, que conoció el éxodo durante la guerra y la pérdida de su marido tras una terrible agonía cuando aún no tenía cincuenta años. Y, a pesar de todo esto, ella siempre creyó en Dios, aunque sus nietos se burlaran de ello. Ir a verla a la residencia durante dos años me abrió los ojos a la realidad viva de la fe cristiana: ella amó hasta el final. Hasta su último aliento. Tras su funeral, tomé la decisión: quería caminar a su lado y seguir los pasos de Cristo.

-Usted ha explicado que sus padres no les dieron una educación cristiana. ¿Diría usted que, de alguna manera, eran cristianos sin saberlo?
-Mis padres decidieron, efectivamente, no darnos una «educación católica». No obstante, mi hermano y yo hemos recibido un amor tan grande y tan hermoso que sólo puede tener su origen en Dios. En cierto modo, mis padres viven, sin saberlo, el amor evangélico. Cada día soy más consciente de ello. La rectitud, la honestidad, el valor de mi padre vienen de Dios. Le voy a confiar algo: su madre sufre de Alzheimer y está en la misma residencia en la que estaba mi abuela materna... La pesadilla vuelve a empezar. Pero mi padre no flaquea. No lo dice, pero yo sé que encuentra su fuerza en Dios. Voy más allá: de los ochos hijos de mi abuela, sólo mi padre y sus dos hermanas pequeñas pagan cada mes la factura de la residencia. Y son los únicos que van a verla a diario. Este amor valiente, sincero, fuerte, ¿dónde tiene su origen sino en Dios, pues el Espíritu sopla donde quiere? A pesar de que mi padre no me inscribió nunca a las catequesis, con su ejemplo es mucho más cristiano de lo que yo lo seré nunca.

-Usted dice que Francia tiene raíces cristianas. Podríamos también recordar nuestras raíces griegas y romanas... ¿Le preocupan la descristianización y la laicización de Francia?
-¡También reivindico nuestras raíces griegas y romanas! El gran Pierre Grimal distinguía dos herencias principales: el logos griego y el anima romana. La razón y el espíritu que proceden de Atenas y el alma que procede de Roma. La filosofía de Platón y los valores morales recomendados por Cicerón. El cristianismo supo fundir esta doble herencia en su concepto de la vida y de la muerte y, además, permitió a la sociedad sacar lo mejor de sí misma: la preocupación por el más débil, la igualdad entre la mujer y el hombre a través del sacramento del matrimonio, el cuidado de los ancianos. Las consecuencias de la descristianización son múltiples y, entre ellas, quiero resaltar sobre todo la falta de atención a los más pobres. El paro, la precaria situación de los jóvenes, la disminución de las pensiones son consecuencias importantes de la descristianización de nuestras sociedades. Ya no sabemos ocuparnos de nuestro prójimo y darle la dignidad que merece durante todas las etapas de su vida.

»En lo que respecta a la laicización, caminamos sobre ascuas ardientes. En cierto modo, Cristo fomenta la laicidad cuando nos invita a «dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Pero la laicidad no conlleva la negación del hecho religioso que estamos viviendo actualmente en nuestras sociedades; ésta es la mayor dificultad de nuestro tiempo. La distinción de lo temporal y de lo espiritual es acertada, pero el uno no debe ignorar al otro. Lo sagrado y lo político deben permanecer en tensión. Debemos mantener dentro de nosotros la conciencia que hay algo más grande que nos supera, ya sea en política o a nivel espiritual, como el sacrificio del coronel Beltrame nos ha enseñado. Ha llegado nuestro turno de actuar en función de esto.

-Usted recibió el bautismo unos días después del atentado de enero de 2015 [contra la revista Charlie Hebdo]. Usted se defiende, pero ¿no es su concepción del catolicismo también cultural e identitaria?
-Yo me convertí, ante todo, por amor a Cristo. No me convertí porque detestaba el islam, porque el odio es, por principio, ajeno a Jesús. Durante mi conversión no obedecí a ningún imperativo ideológico. Tengo reservas contra la «dimensión» identitaria del catolicismo visto que éste, etimológicamente, es «universal». El mensaje de Cristo se dirige a todas las naciones. No obstante, defiendo que las raíces de Francia son católicas, porque la Iglesia ha construido en parte a nuestro país, tanto histórica como geográficamente: cada pueblo ha crecido alrededor de su iglesia. Esta herencia cristiana nos obliga, no a poner nacimientos en los ayuntamientos para indicar al musulmán que va a renovar sus papeles que no es bienvenido, sino más bien a afirmar nuestro ser cristianos en el seno de una nación forjada por el cristianismo y dispuesta a acoger distintas formas de pensar y distintos credos. El matiz es sutil, pero los musulmanes radicales aprovechan este vacío espiritual para prevalecer. ¡La naturaleza siente angustia ante el vacío! Aprendamos de nuevo a definirnos a través de la grandeza de los Evangelios.

-Usted ha contado que en el colegio fue insultado porque era el único blanco de su clase. «Aunque no quisiera entrar en una iglesia, era, a pesar de todo, "el católico"», escribe. ¿Esto ha influido, aunque de manera incosciente, en su recorrido?
-Efectivamente, esto fue perturbador. Yo pensaba que era ateo y, a pesar de todo, me integraban en una cultura cristiana que yo rechazaba. Cristo siembra diversas semillas en nuestra vida y, en retrospectiva, este vincularme a mi cristiandad «cultural» fue, tal vez, un signo precursor. En muchos barrios de Francia sucede lo mismo con los niños judíos que, incluso sin creer, están en "arresto domiciliario" en razón de su «supuesta religión». Estoy de acuerdo en que, inconscientemente, esto puede influir en un itinerario porque implica la gran pregunta: ¿quién soy yo y, sobre todo, de que cultura soy heredero? Ahora doy gracias a los que me tachaban de «niño blanco católico», etiqueta que yo rehusaba. Esto me ha permitido agarrar mi cruz quince años después para crecer y alcanzar la plenitud con Jesús.

-«Cuando una religión se convierte en folclore, el peligro acecha», escribe. El islam cultural, fundado sobre prohibiciones alimentarias, ¿se ha convertido en un estandarte y una manera de rechazar la cultura francesa?
-Cuando una religión se detiene en sus prohibiciones y sus fieles se agrupan detrás de un estandarte hay, en efecto, un riesgo. Las fronteras entre el cerrarse y el sectarismo son porosas... Todos los creyentes merecen respeto y consideración, pero cuando un fiel se atrinchera detrás de las leyes para atacar a los otros, hay peligro en casa. Por desgracia, muchas suras del Corán justifican este atrincheramiento. Estudié en un colegio en el que la mayoría de los estudiantes eran musulmanes, y pude ver que el islam era el refugio privilegiado para esos jóvenes a los que Francia no les prometía nada, a nivel espiritual como político. Entonces, sí, en muchos barrios, el islam es el medio de afirmación identitaria para rechazar la cultura francesa y afirmar la propia diferencia.

-Usted tiene convicciones políticas bastante comprometidas. ¿Alguna vez están en contradicción con sus convicciones religiosas? A pesar de su «historia de amor con el Papa», ¿alguna vez se enoja con sus tomas de posición, sobre todo en relación a la inmigración y el islam?
-Esta pregunta me lleva a proseguir con mi respuesta anterior: como católico, no puedo condenar al prójimo y, menos aún, lanzarle un anatema. Si considero que un musulmán se atrinchera en una cultura que está en las antípodas de la mía, no puedo encerrarle en un paradigma. He leído el Corán dos veces y como afirmo en mi libro, hay pasajes que me han horrorizado. Pero, como dice a menudo el Papa Francisco, detrás de un católico, un musulmán, un budista o un ateo, intento ver ante todo al hombre. Creo, como Paul Ricoeur, en «el hombre capaz» de hacer el bien, lo que es una filosofía que no puede ser más cristiana. Cuando el Papa Francisco, tras el asesinato del padre Hamel, condenó tanto la violencia del islam como la violencia del catolicismo, me quedé desconcertado. ¿Por qué negarlo? Pero él hizo un llamamiento a la paz. Seamos más grandes que esos cobardes. Si condenamos a una parte del islam en razón de sus llamamientos a la violencia, no podemos lamentarnos que el Papa rechace toda lógica de represalias.

-Usted explica que «la precariedad amorosa que conocemos actualmente es, también, la consecuencia de la descristianización». ¿No podemos amar sin ser cristianos?
-Descubrí a Cristo al mismo tiempo que iniciaba mi primera historia de amor verdadera... ¿Está todo relacionado? No puedo juzgar las distintas historias, pero puedo afirmar que un cristiano ama de manera diferente. Claro que es posible amar sin ser cristiano; lo único que preciso es que un cristiano no ama ni más ni menos, sólo de manera diferente. Porque el amor cristiano se vive siempre y fundamentalmente en el amor de Cristo, que él sabe que vive, de manera imperfecta, de este amor infinito de Dios. No puedo evitar pensar que la religión cristiana se ha convertido en tabú en nuestras sociedades porque el amor -a menudo reducido a hedonismo- se ha convertido, también, en un secreto. Los hombres, por nostalgia de un patriarcado «viril» que ha sido abolido, ya no se atreven a decir «te amo». Las mujeres, a causa de un cierto feminismo reductor, tampoco saben decir estas palabras. Entonces, en consecuencia, como Jesús nos pide que nos amemos los unos a los otros como Él nos ha amado... nosotros tenemos todas las dificultades del mundo para comprenderlo.

-Para terminar, ¿diría usted que su recorrido es especial porque da fe de una vuelta al catolicismo en el seno de una nueva generación?
-Hay aproximadamente cinco mil adultos que se bautizan cada año en Francia. Por lo tanto, no tengo la pretensión de declarar que mi recorrido es especial. El cristianismo está muy vivo en mi generación, aunque es minoritario: de hecho, soy consciente que a mi alrededor la religión católica no es ni siquiera un tema sobre el que la gente se interroga. Mi generación, la de los años 80, ha incorporado lo que el filósofo Jean-François Lyotard llama «el final de los grandes relatos», a saber: el final de la esperanza socialista con la caída del muro de Berlín y, también, la descristianización.... Pero en lugar de ceder al pesimismo, me agarro a la esperanza. Dios provee siempre y no hay ninguna razón para que el cristianismo, tan vivo en África y en Asia, no se despierte en nuestra Europa dormida... con la condición que nos liberemos de nuestros becerros de oro que son el culto al dinero, la prisión megalómana de las redes sociales y el consumismo desenfrenado. 

Traducción de Helena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 24 de abril de 2018

Santo Evangelio 24 de abril 2018


Día litúrgico: Martes IV de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 10,22-30): Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».


«Yo y el Padre somos uno»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca 
(Girona, España)

Hoy vemos a Jesús que se «paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón» (Jn 10,23), durante la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Entonces, los judíos le piden: «Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente», y Jesús les contesta: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis» (Jn 10,24.25).

Sólo la fe capacita al hombre para reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios. San Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Pero, aunque Dios quiere que todo el mundo crea y se salve, sólo los hombres humildes están capacitados para acoger este don. «Con los humildes está la sabiduría», se lee en el libro de los Proverbios (11,2). La verdadera sabiduría del hombre consiste en fiarse de Dios. 

Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía».

Jesús les dice que si no creen, al menos crean por las obras que hace, que manifiestan el poder de Dios: «Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí» (Jn 10,25).

Jesús conoce a sus ovejas y sus ovejas escuchan su voz. La fe lleva al trato con Jesús en la oración. ¿Qué es la oración, sino el trato con Jesucristo, que sabemos que nos ama y nos lleva al Padre? El resultado y premio de esta intimidad con Jesús en esta vida, es la vida eterna, como hemos leído en el Evangelio.

Tenían 13 hijos, todos niños, y acaba de nacer… otro varón: hablan de fe y la belleza de la familia

Tenían 13 hijos, todos niños, y acaba de nacer… otro varón: hablan de fe y la belleza de la familia

El caso de la familia Schwandt da la vuelta al mundo; ellos hablan de su vida católica

Tenían 13 hijos, todos niños, y acaba de nacer… otro varón: hablan de fe y la belleza de la familia


La familia Schwandt acaba de aumentar esta semana con otro hermanito, y no podía ser de otro modo que un varón


Los Schwandt son una familia católica muy numerosa de Michigan (Estados Unidos). Aunque hay otras familias en el país parecidas a ella, por su particular historia la de los Schwandt lleva años suscitando la atención de los medios de comunicación nacionales, sobre todo desde los últimos embarazos.

Y es que en ésta sólo hay hijos varones. Por más que la madre tenga ya el deseo de una niña, no hay forma que nazca otra cosa que no sea un niño. Así es como sumaron 13 hijos, y todos varones. Pero hace unos meses volvieron a ser noticia por un nuevo embarazo. Como es costumbre, los padres, Jay y Kateri, no querían saber el sexo del bebé hasta que naciera.

14 hijos y 14 varones
Ya ha nacido. Y sí. El pequeño de los Schwandt es también un varón. 14 hijos y 14 niños, desde el mayor que ya ha pasado los 20 años hasta este recién nacido, que ha venido al mundo siendo noticia.


Esta curiosidad que han despertado en tantos medios les ha permitido hablar de su fe católica y también eliminar ciertos clichés sobre las familias numerosas. Y además con toda sencillez.

Kateri siempre ha tenido la ilusión de tener una hija, y aunque en los últimos embarazos se había ilusionado con esta idea, en éste tenía la certeza de que sería niño. No se equivocó.

Una vida en la que la fe es el centro
En un reportaje que publicó la Diócesis de Grand Rapids, a la que pertenecen, esta familia contaba cómo se organizaba y vivía su fe.  Ir a misa con tantos niños sería para muchos un quebradero de cabeza, pero ellos tienen una rutina muy bien organizada.

Su parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de Rockford está a pocos minutos de casa. La misa de 11 de la mañana es la elegida. “Tenemos una rutina bastante buena. Todo el mundo se levanta y me voy a la iglesia con quien esté listo, que por lo general suelen ser los más pequeños. Viene una de los hijos mayores para que me ayude, y así tenemos ya guardado unos bancos”, cuenta el padre. “Yo levanto la retaguardia”, añade la madre, refiriéndose a los adolescentes, los más remolones en la cama. Y así a las 11 están todos sentados en el templo.


Cuando se tomó esta foto aún no habían nacido los dos más pequeños

Jay y Kateri aseguran que no se ven distintos ni mejores a otras familias católicas. Afirman que alimentar a tantos niños, vestirlos o simplemente prepararlos para salir a la calle puede parecer algo desalentador, pero consideran que es lo mismo que hace cualquier familia, sólo que a gran escala, y con un poco de más de planificación.

Las lecciones diarias que los niños aprenden de sus padres
La fe es el engranaje de la familia, confiesan los padres. Y además debe empezar desde los padres, que muestran a su prole el camino a seguir con lecciones de amor, paciencia, servicio y perdón, que se van presentando en el día a día.

“Cada uno de ellos es diferente en cuanto a personalidad, y una de las mejores cosas que hemos hecho ha sido enviarlos a la escuela católica porque van a la iglesia y comienzan todos los días con una oración”, afirma la madre.

Cuando Jay y Ketari se conocieron y se casaron siendo muy jóvenes nunca imaginaron que tendrían una familia tan grande y que serían noticia en los medios de comunicación. Ella provenía de una familia muy numerosa y estaba acostumbrada a este ambiente. Él, sin embargo, no.


"Dios nos da lo que necesitamos"
“No necesitábamos mucho para ser felices”, recuerda Kateri, que afirma convencida que han ido recibiendo niños depositando siempre su confianza en Dios y acogiendo con alegría a cada uno.

“Siempre he sentido que Dios nos da lo que necesitamos para la situación en la que Él nos pone”, explica Kateri.

Al igual que su familia ha llamado la atención de muchos, también ha suscitado las críticas e incomprensiones de otros tantos, incluso dentro de la Iglesia. Las preguntas van siempre por el número de hijos y sobre cuántos hay que tener. “Todos los que Dios quiera que tenga y tantos, de manera realista, que pueda mantener”, es la respuesta que da siempre Jay.

Ella es catequista; él, adorador
Este matrimonio encuentra su fuerza en la fe, y especialmente en la Eucaristía. Jay define a su mujer como “el pilar espiritual” de la familia. Durante muchos años ella ha sido, pese a tener tantos hijos, catequista en la parroquia.

Jay, por su parte, es adorador, y participa en uno de los turnos de la adoración perpetua de la parroquia. Si no acude “siento que me estoy quedando sin nada”, así que ha buscado un momento que no le impida faltar por sus obligaciones como padre ahora de 14 hijos. Para ello, acude los lunes a las 2 de la madrugada al turno de adoración.


La misa, centro de la vida familiar
Además, han inculcado a todos los hijos que la misa dominical es el centro de la vida familiar. Desde muy pequeños, y gracias al ejemplo de los hermanos mayores, se van percatando de ello. “Para cuando tienen 4 o 5 años, cuando toca ponerse de pie, se ponen de pie; cuando es hora de arrodillarse, se arrodillan”. Por su parte, los mayores ya van a grupos parroquiales y participan en misiones en otros estados.

Este matrimonio está encantado y asegura que lo importante es que cuando sus hijos sean lo suficientemente mayores “como para tomar sus propias decisiones, al menos les hayamos mostrado el camino correcto espiritual y fielmente”.

La importancia de cuidar el matrimonio cada día
Pero también es muy importante –resaltan- cuidar el matrimonio, aunque sea en muchas ocasiones con pequeños detalles, ya sea dar pequeños paseos cerca de casa o estar sentados juntos diez minutos en el porche mientras los mayores cuidan de los hermanos más pequeños.

“El matrimonio, como cualquier otra cosa, evoluciona. Al igual que los profesionales tienen que tener una formación continua, constantemente debes alimentar tu matrimonio”, aconseja Kateri.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 23 de abril de 2018

Santo Evangelio 23 de abril 2018



Santoral 23 de Abril: San Jorge, mártir


Texto del Evangelio (Jn 10,1-10): En aquel tiempo, Jesús habló así: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 

Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».


«El que entra por la puerta es pastor de las ovejas (...) las ovejas escuchan su voz (...) y las ovejas le siguen, porque conocen su voz»

Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas 
(Girona, España)

Hoy continuamos considerando una de las imágenes más bellas y más conocidas de la predicación de Jesús: el buen Pastor, sus ovejas y el redil. Todos tenemos en el recuerdo las figuras del buen Pastor que desde pequeños hemos contemplado. Una imagen que era muy querida por los primeros fieles y que forma parte ya del arte sacro cristiano del tiempo de las catacumbas. ¡Cuántas cosas nos evoca aquel pastor joven con la oveja herida sobre sus espaldas! Muchas veces nos hemos visto nosotros mismos representados en aquel pobre animal.

No hace mucho hemos celebrado la fiesta de la Pascua y, una vez más, hemos recordado que Jesús no hablaba en un lenguaje figurado cuando nos decía que el buen pastor da su vida por sus ovejas. Realmente lo hizo: su vida fue la prenda de nuestro rescate, con su vida compró la nuestra; gracias a esta entrega, nosotros hemos sido rescatados: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Encontramos aquí la manifestación del gran misterio del amor inefable de Dios que llega hasta estos extremos inimaginables para salvar a cada criatura humana. Jesús lleva hasta el extremo su amor, hasta el punto de dar su vida. Resuenan todavía aquellas palabras del Evangelio de san Juan introduciéndonos en los momentos de la Pasión: «La víspera de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como hubiera amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1).

De entre las palabras de Jesús quisiera sugerir una profundización en éstas: «Yo soy el buen pastor, conozco a las mías y las mías me conocen a mí» (Jn 10,14); más todavía, «las ovejas escuchan su voz (...) y le siguen, porque conocen su voz» (Jn 10,3-4). Es verdad que Jesús nos conoce, pero, ¿podemos decir nosotros que le conocemos suficientemente bien a Él, que le amamos y que correspondemos como es debido?