domingo, 19 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 19 de noviembre 2017


Día litúrgico: Domingo XXXIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 25,14-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. 

»Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 

»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».


«A todo el que tiene, se le dará y le sobrará»
P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat 
(Montserrat, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos narra otra parábola del juicio. Nos acercamos a la fiesta del Adviento y, por tanto, el final del año litúrgico está cerca.

Dios, dándonos la vida, nos ha entregado también unas posibilidades -más pequeñas o más grandes- de desarrollo personal, ético y religioso. No importa si uno tiene mucho o poco, lo importante es que se ha de hacer rendir lo que hemos recibido. El hombre de nuestra parábola, que esconde su talento por miedo al amo, no ha sabido arriesgarse: «El que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor» (Mt 25,18). Quizá el núcleo de la parábola pueda ser éste: hemos de tener la concepción de un Dios que nos empuja a salir de nosotros mismos, que nos anima a vivir la libertad por el Reino de Dios.

La palabra "talento" de esta parábola -que no es nada más que un peso que denota la cantidad de 30 Kg de plata- ha hecho tanta fortuna, que incluso ya se la emplea en el lenguaje popular para designar las cualidades de una persona. Pero la parábola no excluye que los talentos que Dios nos ha dado no sean sólo nuestras posibilidades, sino también nuestras limitaciones. Lo que somos y lo que tenemos, eso es el material con el que Dios quiere hacer de nosotros una nueva realidad.

La frase «a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mt 25,29), no es, naturalmente, una máxima para animar al consumo, sino que sólo se puede entender a nivel de amor y de generosidad. Efectivamente, si correspondemos a los dones de Dios confiando en su ayuda, entonces experimentaremos que es Él quien da el incremento: «Las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas, demuestran que la fe produce efectos muy positivos (…). Y, al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura…» (Benedicto XVI).

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

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El domínico Leon Pereira explica por qué la adoración puede cambiar el mundo

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Uno de los aspectos centrales que se dan en Medjugorje o Lourdes, lugares de numerosas conversiones es la adoración,

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Cada vez son más las parroquias que han recuperado e impulsado la Adoración Eucarística mientras se van multiplicando las capillas de adoración perpetua. Los testimonios son unánimes, la adoración transforma las parroquias, barrios e incluso ciudades, provocando además numerosos milagros.

Sobre esto da fe también el fraile dominico Leon Pereira, que en estos momentos es capellán de los peregrinos de habla inglesa que acuden a Medjugorje, la pequeña localidad bosnia a la que acuden cada año millones de personas.

El mundo necestia la Adoración Eucarística
Tras ver pasar por Medjugorje tal cantidad de gente por un lugar en el que la Adoración tiene un papel central, afirma en un artículo en Catholic Herald que los milagros se producen y que aunque parezca algo inútil, el mundo necesita desesperadamente la Adoración Eucarística.

Este dominico asegura que para la mentalidad moderna la adoración eucarística es irrelevante y asegura que “no sorprende que el mundo pueda valorar las obras de caridad de los misioneros, como Santa Teresa de Calcuta, pero no da importancia a los monjes cartujos que rezan y contemplan”.


Leon Pereira OP habla del bien de la Adoración Eucarística

Para servir, primero hay que amar
Recuerda además el padre Pereira que en la elección entre Marta y María, entre Marta que estaba ocupada sirviendo, y María que se sentó a los pies de Cristo, estamos tentados a ponernos de parte de Marta, y desconcertados por el respaldo de Jesús a María.

En su opinión, “la Madre Teresa entendió esto claramente: todas sus obras de caridad fluyeron y se basaron en la Adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento. Solo adorando a Cristo primero, sus hermanas pueden reconocerlo y servirlo en los más pobres y marginados”.

Tres aspectos necesarios en la Adoración y en crisis en el mundo
El fraile dominico habla de tres aspectos necesarios en la Adoración y que propician el encuentro con el Señor. Precisamente, estos tres puntos están en crisis en el mundo actual, también él sumiso en una deriva relativista.

“Primero necesitamos silencio. Cuando el Papa Benedicto XVI dirigió la Adoración en Hyde Park (Londres), cerca de 80.000 jóvenes guardaron silencio con el Papa, para la consternación de los medios de comunicación. El silencio aparentemente no sirve para una buena televisión. La televisión necesita conversaciones continuas. La adoración requiere silencio”, afirma Pereira.

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En segundo lugar, la adoración necesita “atención”. Pone el ejemplo de lo “desgarrador que es ver a parejas sentadas una frente a la otra en un restaurante mientras ambas miran ávidamente las pantallas de sus teléfonos. No hace falta mucho para ver quién o qué domina esa relación. Atendemos a lo que más apreciamos. En Adoración, atendemos al Señor”.

En tercer lugar, agrega el fraile dominico, la adoración necesita “receptividad”. “En nuestro silencio y atención, recibimos de Dios. Nos despojamos de la ilusión de que podemos hacer cualquier favor a Dios. Anhela derrocharse sobre nosotros. Él tiene sed de tener sed; Él anhela ser anhelado. Él nos guiará y nos enseñará, pero solo si lo dejamos. En Adoración recibimos de Dios la verdad acerca de Dios y acerca de nosotros mismos”, agrega.

Uno de los grandes signos de Medjugorje
Pereira cuenta que “aquí en Medjugore, donde soy capellán de los peregrinos de habla inglesa recibimos Adoración todos los días en la capilla y veneración pública del Santísimo Sacramento cuatro días a la semana. Es uno de los grandes signos de Medjugorje: entre siete mil y diez mil personas, arrodilladas en silencio, adorando al Señor. Aquí muchos laicos y sacerdotes aprenden a amar la Adoración. Ellos prueban y ven la bondad del Señor. La adoración es el corazón de Medjugorje, porque Jesús es el corazón de esta parroquia, como debe ser en cada parroquia”.

Medjugorje es conocida por las supuestas apariciones de la Virgen pero sobre todo, y como consecuencia, por la enorme cantidad de conversiones que se han producido allí durante estas últimas décadas gracias a la Adoración y la Confesión.



El poder de la adoración, la conversión y los milagros
“En mi propia experiencia, es poderoso”, asegura el capellán sobre la adoración en este centro de peregrinación. “Jesús nos espera con ansia ansiosa. Y anhela derrocharse en nosotros. Es como una torre hecha de copas de champán, y cuando el vaso superior se llena, se desborda y llena los vasos de abajo. En la Adoración, cuando estamos abiertos a recibir, Dios agranda nuestros corazones para amar, y ese amor se desborda para los demás, al igual que la torre de champán”.

Además, agrega “si estamos cerrados, si guardamos nuestras heridas y todo lo que nos rodea oculto del Señor, entonces muy poco puede cambiar. Entonces, la adoración se experimentará como una carga que debe evitarse. Pero cuando estamos abiertos al Señor, es muy poderoso. Dios tiene muchas gracias que quiere darnos, y nos guía en oración a través de la adoración. A veces nos mantenemos en vigilia con el Señor durante la Adoración, y hacemos actos de reparación y amor, porque el mundo lo necesita tanto”.

Pereira explica que “en Lourdes, la mayoría de los milagros ocurren durante la Adoración del Santísimo Sacramento. Medjugorje no es diferente. Aunque tanto poder y gracia irradian del Santísimo Sacramento durante la Adoración sincera, al final no se trata de obtener ‘algo’.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 18 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 18 de noviembre 2017



Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’». 

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».


«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
+ Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó 
(Rubí, Barcelona, España)



Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.

A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche (...)?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron


El almirante Shinjiro Yamamoto visitó al Papa y murió 3 meses después de Pearl-Harbour

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

El almirante japonés Shinjiro Yamamoto en su juventud

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

En 1944, cuando las tropas norteamericanas iban tomando, una tras otra, las islas de la Micronesia en combate con el Japón imperial, las tropas japonesas mataron a siete misioneros jesuitas españoles, personal desarmado, no combatiente y neutral, junto con varios de sus feligreses. A seis de ellos les dispararon al pie de una fosa común en Babeldaob, la mayor de las Islas Palaos, el 18 de septiembre de 1944. Al séptimo lo torturaron y decapitaron en Rota, una isla al sur de las Marianas. 

¿Cómo habían llegado esos misioneros españoles a la Micronesia, que dependía de Japón desde 1921? Los había invitado Japón mismo, en parte por sugerencia de uno de los católicos más influyentes del Japón moderno: el almirante Shinjiro Yamamoto. 

Yamamoto, católico devoto desde su adolescencia, veterano de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904, no supo de la matanza de misioneros, que le habría horrorizado. Había muerto dos años antes, el 28 de febrero de 1942, con 64 años, 3 meses después del ataque de Pearl-Harbour (dirigido por otro almirante muy distinto, Isoroku Yamamoto) y la entrada de Japón en guerra con EEUU. Shinjiro no llegó a ver los horrores de esta guerra. 


  Shinjiro Yamamoto, almirante, católico, caballero de Malta
(se ve su condecoración) y un tutor del príncipe Hirohito

La conversión de un joven rico y pagano
En el libro de 1938 Though Hundred Gates, de Severin y Stephen Lamping, que recoge diversas historias de conversión a la fe católica en primera persona, el almirante Yamamoto explica cómo se convirtió en 1893, cuando tenía 16 años. 

Su padre era rico y vivía en el campo, y se negaba a dejar que su hijo, desordenado y poco considerado con los demás, estudiase en Tokio, donde estaba convencido que adquiriría sólo más vicios y aportaría deshonor a la familia. Entonces, un verano, unos europeos le alquilaron una propiedad para pasar unos meses: eran misioneros maristas recién llegados, con trajes negros y bufandas negras. Acababa de llegar la libertad religiosa solo en 1889 y el cristianismo era visto por los ricos y nobles como una religión extranjera y aborrecible. 

El padre preguntó a qué se dedicaban, y ellos explicaron: ""Educamos y formamos a los jóvenes muy estrictamente; quien sea aceptado en nuestro centro debe seguir la planificación diaria punto por punto y puede dejar la casa solo en ciertas ocasiones. Insistimos en la puntualidad. Tres días a la semana se habla inglés, y otros tres días, francés". 

Inglés, francés y educación estricta y disciplinada: eso convenció al padre del joven Shinjiro y así lo incribió en la que sería la prestigiosa escuela marista Estrella Matutina, Gyosei. El joven, que había disfrutado de actividades de verano con los hermanos más jóvenes, fue encantado. La mayoría de los alumnos eran adolescentes de familias ricas y antiguas que despreciaban la religión cristiana. 

"Yo sentía lo mismo que los demás", escribía el almirante más de 40 años después. "Detestaba la religión-Yaso [de Jesús] desde el fondo de mi alma, y naturalmente chocaba con mis profesores, que se veían retados por mi actitud. Sin embargo, al carecer yo de formación religiosa, no podía argumentar frente a ellos, y con el tiempo me sentí obligado a  admirarles".

Admiración por su vida obediente
"Aprendí sobre su vida espiritual y privada, como cada uno se sometía a su superior con obediencia incondicional, independientemente de su nacionalidad, edad o educación. Vi como nos amaban más que a si mismos, como seguían una regla estricta, hacían votos y los vivían de verdad. La explicación para todo eso sólo podía estar en su religión".

Cuando se dio cuenta de esa relación entre virtud y religión, admitió que tenía que hacerse católico. "Había llegado a la determinación de hacer el bien en la vida sirviendo lealmente a Dios y a mi país, y la Divina Providencia guió mis pasos y me ayudó a cumplir mi firme resolución". 

Le costó decidirse a pedir permiso a su padre para hacerse cristiano. En su casa había un altar sintoísta y otro budista, y cada mañana, por tradición familiar antigua, se rendía culto en ambos. Más aún, su padre tenía un cargo como consejero o anciano en un importante templo budista. 

Cuando consultó a su padre, él le respondió que se quitase la idea de la cabeza, que la religión-Yaso era peligrosa para el Estado y que hundiría su carrera para siempre. Aún en 1873, apenas veinte años antes, había cristianos encarcelados por su fe. Ese día de la primavera de 1893, el joven lloró en su cama desconsoladamente. 
   
Pero en las vacaciones de verano, Shinjiro insistió a su padre: "Es mi firme convicción de que puedo guardar mi alma del error sólo si soy católico. Por eso te pido permiso. Tú me lo niegas. Pero valoras el honor por encima de todo. Así que si un día traigo el deshonor a esta casa, niego tener toda responsabilidad".

(O dicho de otra forma: si quieres tener un hijo virtuoso y disciplinado, permíteme seguir esa religión.) 

El padre cedió tras esta argumentación y en la Vigilia de Navidad Shinjiro fue bautizado con el nombre de Esteban. Era el primer bautizo y el primer converso en la escuela, el primer japonés bautizado por esos maristas. 


  Una visión japonesa de la guerra contra Rusia de 1904-1905, que consolidó a Japón como potencia internacional

La Guerra Ruso-Japonesa
En 1895 se graduó y entró en la Academia Naval. Participó en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 como oficial, y capitaneando el buque insignia Mikasa. Sucedió algo que conmovió al mundo: Rusia, el enorme imperio que había vencido al mismísimo Napoleón, perdía ante un país no occidental, una potencia "novata" como Japón.

En las negociaciones de rendición entre los almirantes Masayuki y Nebogatov, él actuó como intérprete, por su dominio del francés, aprendido con los maristas. Se casó con la hija de un banquero rico y tuvieron varios hijos, a los que formó en la fe. Su vida familiar fue feliz y uno de sus hijos escribiría un libro recordándolo.

"Tomé parte en tres batallas y, extrañamente, más de una vez me salvé milagrosamente de morir", explicaba Shinjiro en los años 30, sin detallarlo más, en su testimonio de conversión.

Con mensajes para el Papa...
"Después el Gobierno me encargó -por primera vez en la historia de Japón- llevar un mensaje al Santo Padre", ya en 1915. Más aún, acompañó al príncipe heredero Hirohito en su primer viaje por Europa y después se convirtió en uno de sus tutores y maestros en la corte en Japón durante 20 años. 

En 1919, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial, fue recibido por el Papa Benedicto XV. Las Islas Carolinas, las Marianas y las Marshall dejaban de ser territorios alemanes para pasar a ser protectorados japoneses. Los japoneses expulsaban a los misioneros alemanes de esas islas... pero querían misioneros cristianos, si eran de un país neutral. Y así fue como Shinjiro pactó con el Papa el envío de 20 jesuitas españoles. 


  Una tarjeta de visita del  capitán Yamamoto de las que usaba en Roma siendo aún solo capitán; en esta explica en inglés a un "reverendo padre" que "lamenta de corazón" no haberle encontrado

En su vida visitó 6 veces el Vaticano y habló con 4 Papas distintos, todo un récord para un japonés. En 1936 fue nombrado caballero de la Orden de Malta (a menudo mostraba su insignia) y en 1938 visitó Tierra Santa. 

Ese mismo año, mientras China se desangraba en una guerra con Japón, aseguró en el Vaticano que el nuevo Emperador Hirohito, que había sido su pupilo, era un hombre pacífico, pero que no podía hacer nada frente a la masa popular y muchos oficiales que eran militaristas y expansionistas. 

Hay que tener en cuenta que también la madre de Hirohito, la emperatriz Sadako, admiraba la fe cristiana, tenía amigos y consejeros cristianos cuáqueros (famosos por su pacifismo), había sido educada por un matrimonio cuáquero y aunque se mantuvo sintoísta leía la Biblia cada día (lo explica el libro de Kevin M. Doak "Jesuit's Legacies"). Todo eso contrastaba con un país militarizado, expansionista y ultranacionalista.

En Japón Shinjiro apoyó a la Iglesia con donativos y favores y lanzó la creación de una asociación de Jóvenes Católicos. Murió en su país en 1942, tres meses después de la entrada de Japón en guerra con EEUU. 

Los jesuitas españoles en la Micronesia
Por obra de las negociaciones de Shinjiro Yamamoto en 1921 ya llegaban los 20 jesuitas españoles en la Micronesia. El portavoz japonés en la Liga de las Naciones, Mitsuada Horiguchi, proclamaba discursos sobre "la educación y la religión como los dos métodos más eficaces para asegurar, a la larga, el desarrollo de los habitantes". 


  Sellos con escenas de las misiones jesuitas en las Islas Carolinas 

La Sociedad de Naciones pedía a Japón "desarrollar y civilizar" esas islas, y Japón estaba convencido -quizá por la influencia de personas como Shinjiro y la emperatriz Sadako- de que los misioneros eran la clave. Los inspectores japoneses, cuando veían islas casi sin alcoholismo, con la población vestida y ocupada en mil quehaceres y los niños acudiendo a escuelas -católicas o protestantes-, quedaban satisfechos. Incluso permitieron en 1927 que volvieran algunos misioneros alemanes protestantes en las Carolinas y las Palaos.  

Tadao Yanaihara, un investigador japonés de tradición cristiana, que viajó por las islas a principios de los años 30, considerado la mejor fuente histórica de esos años, escribió, pensando en sus lectores japoneses: "el cristianismo ha hecho más que ningún otro agente para romper el totemismo y liberar la mente nativa de las garras del miedo supersticioso y la dominación del hechicero". Los misioneros lograron que los nativos se vistieran, que restringieran sus "impulsos licenciosos", que mejorara la salud e higiene y acabaran las frecuentes guerras entre islitas y clanes. 

Un comandante naval japonés visitando la isla de Losap quedó tan impresionado con el comportamiento de los nativos que prometió al profesor misionero que no dejaría que ningún extranjero sin fe llegase a la isla para dar mal ejemplo. 

Los misioneros y los jesuitas eran, pues, amados y respetados por los nativos y por los japoneses.

Pero en 1941, al empezar la Guerra, todo cambió.

El desastre de la Guerra Mundial
Llegaron nuevas las autoridades militares, que veían espías en cualquier extranjero. También cometían tropelías contra la población civil y les molestaba que los misioneros occidentales pudieran ser testigos. Interrogaron a los jesuitas españoles, los encerraron en varias ocasiones, les mantenían vigilados y les invitaban a marchar, aunque España era no solo neutral, sino incluso simpatizante del Eje.


Sello de Palaos recuerda a los jesuitas españoles

Después, los americanos empezaron a ganar la guerra y avanzar isla tras isla. Los mandos japoneses habían ido fanatizándose y desesperando cada vez más.

Trajeron a Babeldaob, desde la isla de Yap, a 3 jesuitas: Luis Blanco Suarez (canario de 48 años), Bernardo de Espriella (de 54 años, nacido en Colombia), y Francisco Hernández Escudero (extremeño de Zafra, de 57 años). En Yap había unos 3.000 habitantes, y 2.000 eran católicos.

Los encarcelaron con los 3 jesuitas que ya estaban en las islas Palaos: Elías Fernández González (de Vegamián, en León, de 64 años; parece que toda la isla de Tobi, con etnia y lengua propia, se convirtió por su predicación), Marino de la Hoz del Canto (de León, de 58 años) y Emilio del Villar Blázquez (de Villarejo del Valle, Ávila, de 51 años). 

Hay distintas versiones sobre cuánto tiempo estuvieron detenidos y cómo fueron torturados, aunque no hay duda de que sufrieron por enfermedades, mala alimentación y falta de ropa y refugio adecuado. El 18 de septiembre de 1944 la policía militar japonesa los llevó junto a una fosa excavada en la selva y los fusiló allí mismo. 

Un tiempo después, sacaron los cadáveres, los quemaron para dificultar su reconocimiento, y los volvieron a esconder. Los americanos supieron estos datos por los testigos, y los comunicaron a la Orden jesuita, pero aún no se han encontrado los cadáveres ni el lugar de la ejecución. Tanto en Yap como en Palaos los católicos nativos los recuerdan como mártires y misioneros. 

El otro jesuita español asesinado en Micronesia en esa época fue el hermano Miguel Timoner Guadera, de Manacor, Menorca, que tenía 51 años. Había estado cuidando al padre Juan Pons que murió de una úlcera en la pierna en 1944 en la isla de Rota, en las Marianas. Él y otros cinco católicos fueron después detenidos y llevados a Saipán, la capital de las Marianas, encarcelados varios meses y torturados. Se les acusaba de espías. Después fueron devueltos a Rota, que no sería asaltada por los americanos hasta el último día de la guerra. Un día de noviembre de 1944 el jesuita y sus 5 feligreses fueron ejecutados por decapitación. No se sabe donde fueron enterrados sus cuerpos. 

(Este blog en inglés da algunos más datos de los mártires y de su compañero el padre Jesús Baza, que era chamorro, es decir, nativo de Guam)

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 17 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 17 de noviembre 2017



Día litúrgico: Viernes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».


«Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían»
Fr. Austin NORRIS 
(Mumbai, India)


Hoy, en el texto del Evangelio son remarcados el final de los tiempos y la incerteza de la vida, no tanto para atemorizarnos, cuanto para tenernos bien precavidos y atentos, preparados para el encuentro con nuestro Creador. La dimensión sacrificial presente en el Evangelio se manifiesta en su Señor y Salvador Jesucristo liderándonos con su ejemplo, en vista a estar siempre preparados para buscar y cumplir la Voluntad de Dios. La vigilancia constante y la preparación son el sello del discípulo vibrante. No podemos asemejarnos a la gente que «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían» (Lc 17,28). Nosotros, discípulos, debemos estar preparados y vigilantes, no fuera que termináramos por ser arrastrados hacia un letargo espiritual esclavo de la obsesión —transmitida de una generación a la siguiente— por el progreso en la vida presente, pensando que —después de todo— Jesús no regresará.

El secularismo ha echado raíces profundas en nuestra sociedad. La embestida de la innovación y la rápida disponibilidad de cosas y servicios personales nos hace sentir autosuficientes y nos despoja de la presencia de Dios en nuestras vidas. Sólo cuando una tragedia nos golpea despertamos de nuestro sueño para ver a Dios en medio de nuestro “valle de lágrimas”... Incluso debiéramos estar agradecidos por esos momentos trágicos, porque seguramente sirven para robustecer nuestra fe. 

En tiempos recientes, los ataques contra los cristianos en diversas partes del mundo, incluyendo mi propio país —la India— han sacudido nuestra fe. Pero el Papa Francisco ha dicho: «Sin embargo, los cristianos están esperanzados porque, en última instancia, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: ‘Quien pierda su vida, la conservará’ (Lc 17,33)». Ésta es una verdad en la que podemos confiar… El poderoso testimonio de nuestros hermanos y hermanas que dan su vida por la fe y por Cristo no será en vano.

Así, nosotros luchamos por avanzar en el viaje de nuestras vida en la sincera esperanza de encontrar a nuestro Dios «el Día en que el Hijo del hombre se manifieste» (Lc 17,30).

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración


Douglas McKay es el capellán de la Calix Society y las casas de acogida Our House Ministries

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

El padre Douglas McKay combina los sacramentos y oración con un programa de 12 pasos para que muchos dejen la droga

El sacerdote Douglas McKay lleva más de 40 años acogiendo a adictos a las drogas y ayudándoles a sanar su adicción.

Cuenta que ya de niño su madre le daba platos de comida para llevar a los alcohólicos en las esquinas cercanas. “Tenía que esperar el plato y el tenedor y traerlos de vuelta”, dice riéndose. 

En el barrio de Grays Ferry, en Filadelfia, donde él nació, las drogas dañan a los trabajadores y los desempleados. Allí se fundó un ministerio católico para ayudar a adictos en 1997, Our House Ministries (ourhouseministries.org) de la cual el padre McKay es su capellán.


Muertes en la familia
Dos años antes, el propio hermano del sacerdote, Anthony, había muerto de sobredosis. 

“Murió en una casa de crack, con una aguja en el brazo”, cuenta padre Douglas al Catholic Philly, el periódico de la arquidiócesis, en un artículo resumido por Portaluz. “Tenía solo 30 años”.

Otro de los hermanos del sacerdote, Harry, también fue atrapado por la adicción después de servir en Vietnam, pero gracias al programa de Our House Ministries lleva ya sin drogarse 25 años. “He perdido a mi familia, amigos, primos,  por la adicción”, afirma el padre Douglas. “No es una epidemia sino una pandemia”.

Sanación con oración, sacramentos y acogida
El sacerdote y el equipo de Our House Ministries combaten la droga con hogares para recuperación y programas de sanación basados en la fe. Enfatiza el sanar el alma con oración y los sacramentos, particularmente la Eucaristía y la confesión, señala padre Douglas. “Se curan”, dice. “El médico divino es el médico de la mente y del alma”.


  Dos centros de acogida están dedicados a los arcángeles San Miguel y San Rafael

La misa se celebra los días laborables en una de las tres capillas que atienden, dedicadas a los arcángeles San Miguel, San Rafael y al venerable Matt Talbot, un asceta irlandés -alcohólico liberado por su fe, lea aquí toda su historia- cuya intercesión es ampliamente invocada entre quienes buscan superar el abuso de sustancias. El Ángelus, la adoración, la bendición y otras devociones también se observan diariamente en los tres lugares.

Las casas de recuperación del ministerio proveen refugio y estructura para los residentes, quienes deben asistir a la Misa dominical y reuniones semanales de la Sociedad Calix (www.calixsociety.org), una organización católica internacional de laicos que proponen a los participantes un programa de 12 pasos para lograr la liberación de su adicción.

La Calix Society se define como "una asociación de alcohólicos católicos que mantienen su sobriedad mediante la participación y afiliación en la Fraternidad de Alcohólicos Anónimos". Y destaca la importancia clave del capellán en sostener a esta asociación. El Padre Douglas McKay es actualmente el capellán nacional en Estados Unidos de Calix.

Cinco laicos en misa a las cinco de la mañana
“Todo empezó con un sacerdote alcohólico”, recuerda… Frustrados por la incapacidad del sacerdote para mantenerse sobrio, cinco laicos pidieron que se celebrara una misa diaria a las 5 de la mañana para rezar por su recuperación. Después de varias semanas de misas y sacrificios, el sacerdote pudo mantener su sobriedad y la Sociedad Calix surgió poco después.


  Llaman a esta imagen "Nuestra Señora de la Recuperación"

“Llevar a la gente a la Eucaristía es realmente llevarlos a la gracia sanadora del corazón de Cristo” enseña el Padre Douglas y, señalando hacia el tabernáculo en la capilla de San Rafael, añade: “Ahí está el remedio, ahí es donde fluyen todas las gracias. Eso es lo que predicamos como católicos… Puedes ver la imagen de Dios en los adictos, y puedes amarlos. La adicción es abrumadora, es poderosa. Pero Cristo es más poderoso”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 16 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 16 de noviembre 2017



Día litúrgico: Jueves XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros». 

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».


«El Reino de Dios ya está entre vosotros»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, los fariseos preguntan a Jesús una cosa que ha interesado siempre con una mezcla de interés, curiosidad, miedo...: ¿Cuándo vendrá el Reino de Dios? ¿Cuándo será el día definitivo, el fin del mundo, el retorno de Cristo para juzgar a los vivos y a los difuntos en el juicio final?

Jesús dijo que eso es imprevisible. Lo único que sabemos es que vendrá súbitamente, sin avisar: será «como relámpago fulgurante» (Lc 17,24), un acontecimiento repentino y, a la vez, lleno de luz y de gloria. En cuanto a las circunstancias, la segunda llegada de Jesús permanece en el misterio. Pero Jesús nos da una pista auténtica y segura: desde ahora, «el Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17,21). O bien: «dentro de vosotros».

El gran suceso del último día será un hecho universal, pero ocurre también en el pequeño microcosmos de cada corazón. Es ahí donde se ha de ir a buscar el Reino. Es en nuestro interior donde está el Cielo, donde hemos de encontrar a Jesús.

Este Reino, que comenzará imprevisiblemente “fuera”, puede comenzar ya ahora “dentro” de nosotros. El último día se configura ahora ya en el interior de cada uno. Si queremos entrar en el Reino el día final, hemos de hacer entrar ahora el Reino dentro de nosotros. Si queremos que Jesús en aquel momento definitivo sea nuestro juez misericordioso, hagamos que Él ahora sea nuestro amigo y huésped interior.

San Bernardo, en un sermón de Adviento, habla de tres venidas de Jesús. La primera venida, cuando se hizo hombre; la última, cuando vendrá como juez. Hay una venida intermedia, que es la que tiene lugar ahora en el corazón de cada uno. Es ahí donde se hacen presentes, a nivel personal y de experiencia, la primera y la última venida. La sentencia que pronunciará Jesús el día del Juicio, será la que ahora resuene en nuestro corazón. Aquello que todavía no ha llegado, es ya ahora una realidad.