lunes, 11 de diciembre de 2017

Santo Evangelio 11 de diciembre 2017


Día litúrgico: Lunes II de Adviento

Texto del Evangelio (Lc 5,17-26): Un día que Jesús estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados». 

Los escribas y fariseos empezaron a pensar: «¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?». Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: «¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te quedan perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dijo al paralítico- ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: «Hoy hemos visto cosas increíbles».


«Hombre, tus pecados te quedan perdonados»
Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido 
(Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, el Señor enseña y cura a la vez. Hoy vemos al Señor que enseñaba a los que se consideraban muy sabios en aquellos tiempos: los fariseos y los maestros de la ley. A veces, nosotros podemos pensar que por el siglo en que vivimos o por los estudios que hemos hecho, poco nos queda para aprender. Esta lógica no sobrenatural nos lleva frecuentemente a querer hacer que los caminos de Dios sean los nuestros y no al revés.

En la actitud de quienes quieren la curación de su amigo vemos los esfuerzos humanos para conseguir lo que realmente desean. Lo que querían era algo muy bueno: que el enfermo pudiera andar. Pero no es suficiente con esto. Nuestro Señor quiere hacer con nosotros una sanación completa. Y por eso comienza con lo que Él ha venido a realizar en este mundo, lo que su santo nombre significa: Salvar al hombre de sus pecados.

—La fuente más profunda de mis males son siempre mis pecados: «Hombre, tus pecados te quedan perdonados» (Lc 5,20). Muy frecuentemente, nuestra oración o nuestro interés es puramente material, pero el Señor sabe lo que nos conviene más. Como en aquellos tiempos, los consultorios de los médicos están llenos de enfermos. Pero, como aquellos hombres, tenemos el riesgo de no ir con tanta diligencia al lugar donde realmente nos restablecemos plenamente: al encuentro con el Señor en el sacramento de la Penitencia.

Punto fundamental en todo tiempo para el creyente es el encuentro sincero con Jesucristo misericordioso. Él, rico en misericordia, nos recuerda especialmente hoy que en este Adviento no podemos descuidar el necesario perdón que Él da a manos llenas. Y, si es preciso, echemos los impedimentos —el tejado— que nos impiden verle. —Yo también necesito retirar las tejas de mis prejuicios, de mis comodidades, de mis ocupaciones, de las desconfianzas, que son un obstáculo para “mirar de tejas arriba”.

«La ELA me ha acercado más a Dios»: el testimonio de fe de una familia que sufrió la enfermedad


Axelle cuenta en un libro cómo vivió su marido, ya difunto, la enfermedad desde la fe

«La ELA me ha acercado más a Dios»: el testimonio de fe de una familia que sufrió la enfermedad

«La ELA me ha acercado más a Dios»: el testimonio de fe de una familia que sufrió la enfermedad

Léonard afrontó la enfermedad y la muerte desde la fe junto a su familia

La Esclerosis Lateral Amiotrófica, conocida como ELA es una enfermedad degenerativa que va deteriorando al enfermo hasta su muerte. Muchas familias han sufrido esta enfermedad. Una de ellas es Axelle, cuyo marido Léonard, con quien ha tenido cuatro hijos, falleció por esta enfermedad.

Axelle ha contado el testimonio de fe y de afrontar el sufrimiento que vivió su marido, y toda la familia, en el libro Cuando no pueda caminar, ¡correré! (Paulinas). Su joven viuda habla del "viaje de fe" que emprendieron y cómo su marido "ejerció la caridad dejándose amar" hasta que llegó su "nacimiento al cielo". Juan Luis Vázquez Díaz-Mayórdomo habla con la mujer y autora de este libro en una entrevista en Alfa y Omega:

- Comienza su libro con una frase de Bernanos: «Lo que Dios quiere poner a prueba en vosotros no es vuestra fuerza, sino vuestra debilidad». ¿Qué ha descubierto usted en su debilidad y en la de su marido?
- He descubierto que Dios quiere entrar en nuestras brechas, en nuestras debilidades y en nuestro abandono. Gran parte del tiempo lo solemos emplear en salir adelante y en ir tirando, a menudo a través del trabajo duro, pero cuando ya no podemos continuar, cuando simplemente no podemos más y entramos en una etapa avanzada de desesperación, entonces abrimos nuestros corazones y dejamos entrar a Dios. Es como dejar que el aire llegue de nuevo a nuestros pulmones. Nos dejamos llevar y nos entregamos a Él. A veces tenemos que desnudarnos para poder recibir. A veces hay que ir de renuncia en renuncia, de dolor en dolor, para finalmente dar fruto. Léonard aceptó dejarse llevar por Cristo para correr hacia el Padre de la misericordia. Esta larga y dura batalla se convirtió para todos en un viaje de fe.

- Usted escribe: «La ELA se ha llevado muchas cosas, pero también da». ¿Qué le ha dado a usted la enfermedad?
- ¡Muchas cosas! La ELA me ha acercado más a Dios. Llevar la cruz reafirmó mi esperanza en la Resurrección, mi deseo de ir al cielo y ver el rostro de Cristo, y de volver a ver a Léonard. Estar al lado de Léonard mientras luchaba con la ELA me permitió apreciar el aquí y ahora. La ELA me ayudó a mirar más allá de las cosas en mi vida que ocupaban demasiado espacio, las cosas que al final eran inútiles. La ELA me permitió quitar lo innecesario y redirigir mis prioridades. Ahora, estoy buscando sobre todo la verdad en las relaciones, incluida la relación que tengo conmigo misma. Me gusta estar en grupos pequeños y decir la verdad. La ELA aumentó mi capacidad de asombro, tanto por las pequeñas como por las grandes cosas: un rayo de sol, un hermoso color otoñal, la risa de un niño. Todavía tengo que progresar pero me quejo menos. Miro más lo que soy, lo que hago y lo que tengo, en lugar de lo que no soy, lo que no hago y lo que me falta.



La ELA me permitió también descubrir a un Léonard que se dejó amar. Me permitió experimentar este sentimiento que era nuestro cuando nos casamos, y descubrí lo hermoso y agradable que es dejar que te amen. Finalmente, la ELA me ha enseñado a ser más paciente. Esto es más cierto que nunca desde la muerte de Léonard y creo que él actúa para que yo pueda tener más paciencia.

- ¿Cómo vivieron sus hijos la enfermedad y la muerte de su padre?
- Cuando su padre enfermó, en 2009, nuestros hijos tenían 5 años y medio, 4, 2 y 1. Y cuando falleció en 2013, tenían cuatro años más. Eran muy pequeños. Nuestros hijos estaban en una etapa de sus vidas en la que los niños son más bien despreocupados. Sencillamente, vivían en el momento presente, y oramos mucho para recibir la bendición del momento presente. Los niños no entendieron completamente la gravedad de la enfermedad de su padre y nos esforzamos para que la vida continuara de manera normal, a pesar del sufrimiento, el estrés, la tristeza y la impotencia. Nos fuimos de vacaciones y de viajes de fin de semana, vimos amigos y familiares. Los niños estaban felices cuando a veces su papá los recogía en el colegio. Se sentían orgullosos de verlo en su silla de ruedas, y les gustaba sentarse en su regazo o rodar junto a él en sus patines.

Por supuesto, es difícil crecer sin ver a tu padre, y naturalmente –y también con alegría– ha habido muchas lágrimas. La tristeza genuina causada por su ausencia, sin embargo, está acompañada por una profunda alegría al saber que un día volverán a ver a su padre. Los niños me piden que le diga a usted que están contentos, porque su padre todavía está vivo para ellos. La imagen que tienen de su padre no ha cambiado. Están creciendo con el recuerdo de un padre que vivió su vida y su muerte de una manera santa. Saben cuánto los amaba su padre y tienen fotos con él. Son niños muy felices.

- Cuenta también que su marido, en su silla de ruedas, pudo ejercer la virtud de la caridad…
- Sí, Léonard se despojó del orgullo humano que nos dificulta aceptar que nos vean como débiles y dependientes de los demás. A nosotros el orgullo nos impide aceptar ayuda, dejarnos amar y hacer así felices a los demás. Es una pena. Léonard, en cambio, prisionero en su propio cuerpo, se convirtió en un hombre libre porque ya no fingía: aceptó mostrarse débil y dejarse amar. Fue esta debilidad lo que atrajo a la gente hacia él, y también su sentido del humor y su sonrisa sencilla y radiante. Como un mendigo, este siervo sufriente de Dios permitió que varias personas le sirvieran mientras él moría. Nos permitió acudir en su ayuda, amarlo y superarnos, a veces sacando lo mejor de nosotros.

"Es solo por tu amor que los pobres te perdonarán el pan que les das", dijo san Vicente de Paúl. Léonard se hizo conocido por su capacidad de recibir: fue el mendigo que perdonó a quien dio y permitió que otros revelaran su capacidad de darnos. En este sentido, ejerció la caridad.

- Algo que se desprende de su libro es la alegría de vivir, aun en el momento de la muerte de su marido, y luego su funeral. ¿Cómo se puede ya no solo tener paz y confianza, sino estar alegre y hasta cantar en momentos así?
- Sí, es impactante y misterioso. Es el misterio del Espíritu Santo que actúa y envía su gracia. En el hospital pudimos cantar nuestros himnos y nuestras oraciones, algo que es bastante inusual en Francia, que es un país muy secular. Esa fue la primera bendición.

La segunda bendición vino en la forma de la alegría y la paz inefable que vino del Espíritu Santo. Experimenté el mismo sufrimiento que en Getsemaní cuando estaba junto a la cama de Léonard durante su agonía. Fue terriblemente triste. Pero esta tristeza se transformó en una alegría profunda e infalible. Pude decirle a Léonard lo que quería decirle, claramente y sin dramas. Estaba feliz de tener la oportunidad de hacerlo.

Es difícil encontrar las palabras para describir esta experiencia, pero la muerte de Léo fue sobre todo un nacimiento en el cielo, un poco como una transfiguración. Dios estaba presente, el Espíritu Santo estaba vivo en medio de esa habitación del hospital. La otra vida parecía tan cercana, tan tangible y tan llena de esperanza. Fueron momentos de una larga comunión con Léonard. El amor de Dios nos penetró, rodeándonos con dulzura y suavidad. En el centro de mi angustia estaba el hecho de que había perdido al hombre de mi vida, el que sabía cómo amarme. Qué dulce fue todo… Dulce también ha sido permanecer en este estado de ánimo durante casi cuatro años después de su muerte.

-Tienen ustedes una bonita historia de amor… ¿Cómo lo alimentaban?
- Sí, hemos tenido una bonita historia de amor, aunque obviamente no fue perfecta. Cuando Léonard entró en sus últimos días, un amigo nos invitó a revisar todos los sacramentos que habíamos recibido desde su nacimiento, lo que nos hizo darnos cuenta de la fuerza del sacramento del Matrimonio. También, desde nuestra boda en 2003, a menudo nos proponíamos matrimonio el uno al otro, casi todos los días, hasta el último día, unas pocas horas antes de su muerte: «¿Te quieres casar conmigo?». Decir estas palabras en voz alta y volver a declarar nuestro amor mutuo ciertamente nos ayudó a aceptar cada nuevo día esta cruz que fue la enfermedad, la discapacidad y la muerte. En nuestra oración, pedíamos la curación tanto como la bendición del momento presente. Léonard rezó mucho por mí, más que por sí mismo. Fue hermoso.

Fuente: Religión en Libertad

domingo, 10 de diciembre de 2017

Santo Evangelio 10 de diciembre 2017



Día litúrgico: Domingo II (B) de Adviento

Texto del Evangelio (Mc 1,1-8): Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Conforme está escrito en Isaías el profeta: «Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas».

Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él gente de toda la región de Judea y todos los de Jerusalén, y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados. 

Juan llevaba un vestido de piel de camello; y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».


«Apareció Juan bautizando en el desierto, proclamando un bautismo de conversión»
Fr. Faust BAILO 
(Toronto, Canadá)


Hoy, cuando se alza el telón del drama divino, podemos escuchar ya la voz de alguien que proclama: «Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas» (Mc 1,3). Hoy, nos encontramos ante Juan el Bautista cuando prepara el escenario para la llegada de Jesús.

Algunos creían que Juan era el verdadero Mesías. Pues hablaba como los antiguos profetas, diciendo que el hombre ha de salir del pecado para huir del castigo y retornar hacia Dios a fin de encontrar su misericordia. Pero éste es un mensaje para todos los tiempos y todos los lugares, y Juan lo proclamaba con urgencia. Así, sucedió que una riada de gente, de Jerusalén y de toda Judea, inundó el desierto de Juan para escuchar su predicación.

¿Cómo es que Juan atraía a tantos hombres y mujeres? Ciertamente, denunciaba a Herodes y a los líderes religiosos, un acto de valor que fascinaba a la gente del pueblo. Pero, al mismo tiempo, no se ahorraba palabras fuertes para todos ellos: porque ellos también eran pecadores y debían arrepentirse. Y, al confesar sus pecados, los bautizaba en el río Jordán. Por eso, Juan Bautista los fascinaba, porque entendían el mensaje del auténtico arrepentimiento que les quería transmitir. Un arrepentimiento que era algo más que una confesión del pecado —en si misma, ¡un gran paso hacia delante y, de hecho, muy bonito! Pero, también, un arrepentimiento basado en la creencia de que sólo Dios puede, a la vez, perdonar y borrar, cancelar la deuda y barrer los restos de mi espíritu, enderezar mis rutas morales, tan deshonestas. 

«No desaprovechéis este tiempo de misericordia ofrecido por Dios», dice San Gregorio Magno. —No estropeemos este momento apto para impregnarnos de este amor purificador que se nos ofrece, podemos decirnos, ahora que el tiempo de Adviento comienza a abrirse paso ante nosotros.

¿Estamos preparados, durante este Adviento, para enderezar los caminos para nuestro Señor? ¿Puedo convertir este tiempo en un tiempo para una confesión más auténtica, más penetrante en mi vida? Juan pedía sinceridad —sinceridad con uno mismo— a la vez que abandono en la misericordia Divina. Al hacerlo, ayudaba al pueblo a vivir para Dios, a entender que vivir es cuestión de luchar por abrir los caminos de la virtud y dejar que la gracia de Dios vivificara su espíritu con su alegría.

Familia misionera, padre de sacerdote, abuelo, viudo y ahora también cura en la propia misión


Héctor Luis Muiño fue ordenado sacerdote el 2 de diciembre en la prelatura de Deán Funés

Familia misionera, padre de sacerdote, abuelo, viudo y ahora también cura en la propia misión

Durante la ceremonia de ordenación, Héctor recibió la imposición de manos de su hijo, ya sacerdote
Familia misionera, padre de sacerdote, abuelo, viudo y ahora también cura en la propia misión

Héctor Luis Muiño y su esposa Nora llegaron hace más de treinta años a la prelatura de Deán Funés, en el norte de la provincia argentina de Córdoba, como familia misionera para llevar la catequesis y el Evangelio a los lugares más alejados de esta región.

Durante todo este tiempo se dedicaron a la misión y tuvieron cuatro hijos, Laura, Clara, Cecilia y Marcos. Pero hace unos años Nora murió dejando viudo a Héctor. Sin embargo, la familia siguió en la misión y Marcos, único hijo varón, fue ordenado sacerdote el año pasado como jesuita. Y en todo este tiempo, este misionero ha podido ser ya abuelo de dos nietos.

Ordenado delante de sus hijos y nietos
Pero este pasado sábado 2 de diciembre su entrega a la misión a la que ha dado su vida dio un paso más pues Héctor fue el pasado sábado ordenado sacerdote. En la celebración estuvieron sus hijas y nietas y también su hijo Marcos, que le impuso las manos, al ser ya sacerdote.

La ceremonia de ordenación de Héctor estuvo marcada por la emoción del momento pues se recordó a su esposa, su trayectoria misionera que involucraba a toda la familia allí presente y se produjo la bella imposición de manos de su propio hijo.

Enamorado de la misión
La ordenación se produjo en la parroquia de San Francisco Solano de la localidad  de San Francisco del Chañar y estuvo presidida por el obispo prelado de Deán Funes, monseñor Gabriel Zurbriggen, y en la que participaron también el prelado emérito al que tanto conoce así como numerosos sacerdotes de la prelatura y de diócesis cercanas.

Durante la homilía, Zurbriggen recordó que “fue esa experiencia de fe, de encuentro con Jesús vivo, presente en la Eucaristía, en la Palabra y en la comunidad: los hermanos, especialmente los más pobres, lo que cautivó, enamoró el corazón de Héctor y de Nora, su esposa, desde muy jovencitos. Ellos escucharon el llamado a ser esposos misioneros y se han dedicado con el todo el corazón a anunciar el Evangelio a los hermanos primero en el norte del país y después en la Prelatura donde no han dejado paraje, lugar, comunidad sin visitar para anunciar la Buena Noticia de Jesús.

“Ahora, más grande, Héctor papá y abuelo, con Nora acompañándolo desde el Cielo, ha escuchado un nuevo ‘sígueme’. Un ‘sígueme’ al sacerdocio ministerial que enamora, que ha enamorado de nuevo el corazón de Héctor para el servicio del Pueblo de Dios que se le confía”, agregó el prelado.

Su trabajo abarcará 3.000 kilómetros cuadrados
Por último, dio a Héctor algunos consejos: “ser sacerdote es jugarse la vida por el Señor y por los hermanos, llevando en carne propia las alegrías y las angustias del Pueblo, gastando tiempo y escucha para sanar las heridas de los demás y ofreciendo a todos la ternura del Padre. Se trata de tener un corazón lleno de pasión y compasión, especialmente con los jóvenes, dice el Papa Francisco. Y pensando en los jóvenes, yo agrego, no te olvides de orar y hacer rezar por las vocaciones sacerdotales. Trata de estar cerca de ellos, de escucharlos, de anunciarles la Palabra y de contagiarles la alegría de la misión, la alegría del anuncio del Evangelio… Quizás, Dios quiera, a través de tu sacerdocio, llamar a algún joven a la vida sacerdotal”.

Ahora como sacerdote tendrá incluso más actividad que como misionero pues será el administrador de la misma parroquia en la que fue ordenado sacerdote y de otra decena de comunidades muy dispersas que abarcan más de 3.000 kilómetros cuadrados.

Además, de estas labores seguirá con otras tareas que ya desempeñaba anteriormente como ecónomo de la Prelatura, encargado de las misiones y de la Escuela de Diáconos Permanentes así como formador de los misioneros ad gentes de la región centro.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 9 de diciembre de 2017

Santo Evangelio 9 de diciembre 2017



Día litúrgico: Sábado I de Adviento

Texto del Evangelio (Mt 9,35-10,1.6-8): En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia. Y al ver a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. Entonces dice a sus discípulos: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies». 

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolencia. A estos doce envió Jesús, después de darles estas instrucciones: «Dirigíos más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis».

«Rogad (...) al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies»
Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer 
(Barcelona, España)


Hoy, cuando ya llevamos una semana dentro del itinerario de preparación para la celebración de la Navidad, ya hemos constatado que una de las virtudes que hemos de fomentar durante el Adviento es la esperanza. Pero no de una manera pasiva, como quien espera que pase el tren, sino una esperanza activa, que nos mueve a disponernos poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que Jesús pueda nacer de nuevo en nuestros corazones.

Pero hemos de tratar de no conformarnos sólo con lo que nosotros esperamos, sino —sobre todo— ir a descubrir qué es lo que Dios espera de nosotros. Como los doce, también nosotros estamos llamados a seguir sus caminos. Ojalá que hoy escuchemos la voz del Señor que —por medio del profeta Isaías— nos dice: «El camino es éste, síguelo» (Is 30,21, de la primera lectura de hoy). Siguiendo cada uno su camino, Dios espera de todos que con nuestra vida anunciemos «que el Reino de Dios está cerca» (Mt 10,7).

El Evangelio de hoy nos narra cómo, ante aquella multitud de gente, Jesús tuvo compasión y les dijo: «La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,37-38). Él ha querido confiar en nosotros y quiere que en las muy diversas circunstancias respondamos a la vocación de convertirnos en apóstoles de nuestro mundo. La misión para la que Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo requiere de nosotros que seamos sus continuadores. En nuestros días también encontramos una multitud desorientada y desesperanzada, que tiene sed de la Buena Nueva de la Salvación que Cristo nos ha traído, de la que nosotros somos sus mensajeros. Es una misión confiada a todos. Conocedores de nuestras flaquezas y handicaps, apoyémonos en la oración constante y estemos contentos de llegar a ser así colaboradores del plan redentor que Cristo nos ha revelado.

Un cura habla de los «milagros» de las vigilias de sanación: la Adoración al Santísimo es el centro


Los testimonios han provocado el crecimiento de estas celebraciones

Un cura habla de los «milagros» de las vigilias de sanación: la Adoración al Santísimo es el centro

En estas vigilias de sanación el punto central es la adoración al Santísimo Sacramento


Son cada vez más numerosas las parroquias que están impulsando la adoración eucarística, algunas de ellas incluso de manera perpetua. Donde se da, los beneficios para los fieles que acuden e incluso para los vecinos del barrio son palpables, tal y como muestran los testimonios.

La exposición del Santísimo también tiene una especial relevancia en las vigilias de oración por los enfermos y los que sufren, en las que se da el don de curación. Estas celebraciones también van creciendo y el padre Alain-Marie Ratti recuerda que “la oración por los enfermos siempre ha existido, pero es cierto que la Iglesia parece redescubrirla en estos días”. Y esto es gracias, en buena parte, a los grupos carismáticos que han ido surgiendo en las últimas décadas por todo el orbe católico.

La revista Famille Chretienne ha publicado un reportaje sobre estas vigilias ante las numerosas gracias e incluso milagros que se han producido en ellas.  En concreto, se centra en la conocida noche de Rafael (Dios sana) que se celebra en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Melun, localidad cercana a París.

El sacerdote Ratti es el que ha puesto en marcha estas vigilias y afirma que “es el Espíritu Santo y la Virgen María quienes me han embarcado en esta maravillosa aventura”.


El sacerdote Alain-Marie Ratti preside las noches de Rafael, en las que se han concedido ya numerosas gracias

"Transformó totalmente mi vida espiritual"
Este mismo sacerdote afirma que él mismo se benefició de una gracia sanadora durante una peregrinación a Medjugorje hace tres años. “Transformó totalmente mi vida espiritual, mi ministerio”, confiesa.

A la vuelta de aquella peregrinación y con el apoyo de su obispo, Jean-Yves Nahmias, titular de Meaux, fue madurando la idea de ponerlo en práctica en la diócesis. Y finalmente lo hizo, e incluso el obispo ha asistido a una de estas vigilias.

“Nuestras celebraciones están abiertas al máximo, todos pueden venir, creer o no creer. ¡Vamos, que no preguntamos nada!”, cuenta este sacerdote, que preside esta oración de sanación ante una iglesia abarrotada.

Esta celebración comienza con una canción de alabanza, después se produce la proclamación de la palabra de Dios, seguida de una predicación. “La cumbre de la tarde –afirma el padre Ratti- es la adoración del Santísimo Sacramento”.

Es en este momento cuando se producen las sanaciones, emocionales, sociales, psíquicas e incluso físicas. Así, además de milagros físicos existen gracias por un puesto de trabajo nuevo, paz interior tras una violación, reconciliaciones en una familia, o la llegada de un embarazo muy esperado…Las gracias pueden ser de lo más diversas.

"Nunca sé lo que va a pasar"
En el momento en el que el sacerdote se desplaza con la custodia que lleva el cuerpo de Cristo por toda la iglesia “nunca sé lo que va a pasar, no tengo ni idea”.

La música acompaña la oración, marcada por momentos de silencio. Mientras tanto, el padre Ratti, con los ojos cerrados, lleva la custodia. “Recibo movimientos espirituales. ¡Nunca había experimentado eso! Para mí, es un descubrimiento desde hace año y medio. Avanzo, vuelvo, voy a la derecha, a la izquierda, ‘planto’ el Santísimo Sacramento a la gente, aquí o allá, donde me siento atraído”.

Es entonces cuando se pueden producir la sanación física o espiritual, o simplemente, que no es poco, la fuerza para seguir abrazando la Cruz.

Algunos 'milagros' concretos
Entre las cientos de personas que acuden están aquellos que han sido curados o han recibido alguna gracia especial y que desean dar gracias a Dios. Entre las asistentes se encontraba Arlette, una mujer de 59 años que sufría una extraña enfermedad que afirma que sólo 12 personas padecen en el mundo.

“Sentía mucho dolor, estrangulación y parálisis de la lengua, el paladar y todo el lado derecho de la garganta”. No podía comer, beber ni hablar y asegura que “me estaba consumiendo, no había solución”.

Un cura habla de los «milagros» de las vigilias de sanación: la Adoración al Santísimo es el centro

Con este panorama acudió a la vigilia de oración por los enfermos que se celebró en marzo de 2016 en esta iglesia francesa. Afirma que dos días después de postrarse ante el Santísimo aquel día sentí una presencia y como una voz le decía: “estás curada”. Aquellas convulsiones no regresaron y pudo volver a comer y aprender a hablar nuevamente.

"Jesús me salvó"
Los médicos confirmaron la curación pero no pudieron explicar cómo había sucedido. “Jesús me salvó”, respondió ella.

Entre los asistentes también estaba Florien, un joven de 24 años. Acude a todas las noches de Rafael para dar gracias a Dios por la milagrosa curación de su padre, que acudió a esta vigilia el pasado mes de mayo.

En un año había sufrido tres ictus, lo que le había dejado inmóvil. Desde aquella vigilia, su padre ha recuperado todas sus facultades y hace vida como antes de sufrir los ataques..

El primer llamamiento es a la conversión y luego el Señor puede dar la gracia de la sanación de sufrimientos, enfermedades, odios…Y frente a los escépticos o los temerosos ante estos dones, el padre Ratti se limita a citar a Santa Bernardita de Lourdes: “Me ha encargado decírtelo, no hacerte creer”.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Santo Evangelio 8 de diciembre 2017



Día litúrgico: 8 de Diciembre: La Inmaculada Concepción de la Virgen María

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 

Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.


«Y entrando, le dijo: ‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’»
Rev. D. David COMPTE i Verdaguer 
(Manlleu, Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio toca un acorde compuesto por tres notas. Tres notas no siempre bien afinadas en nuestra sociedad: la del hacer, la de la amistad y la de la coherencia de vida. Hoy día hacemos muchas cosas, pero, ¿tenemos un proyecto? Hoy, que navegamos en la sociedad de la comunicación, ¿tiene cabida en nuestros corazones la soledad? Hoy, en la era de la información, ¿nos permite ésta dar forma a nuestra personalidad?

Un proyecto. María, una mujer «desposada con un hombre llamado José, de la casa de David» (Lc 1,28). María tiene un proyecto. Evidentemente, de proporciones humanas. Sin embargo, Dios irrumpe en su vida para presentarle otro proyecto... de proporciones divinas. También hoy, quiere entrar en nuestra vida y dar proporciones divinas a nuestro quehacer humano.

Una presencia. «No temas, María» (Lc 1,30). ¡No construyamos de cualquier manera! No fuera caso que la adicción al “hacer” escondiera un vacío. El matrimonio, la vida de servicio, la profesión no han de ser una huida hacia adelante. «Llena de gracia, el Señor está contigo» (Lc 1,28). Presencia que acompaña y da sentido. Confianza en Dios, que —de rebote— nos lleva a la confianza con los otros. Amistad con Dios que renueva la amistad con los otros.

Formarnos. Hoy día, que recibimos tantos estímulos con frecuencia contrapuestos, es necesario dar forma y unidad a nuestra vida. María, dice san Luis María Grignion, «es el molde vivo de Dios». Hay dos maneras de hacer una escultura, expone Grignion: una, más ardua, a base de golpes de cincel. La otra, sirviéndose de un molde. Ésta segunda es más sencilla. Pero el éxito está en que la materia sea maleable y que el molde dibuje con perfección la imagen. María es el molde perfecto. ¿Acudimos a Ella siendo nosotros materia maleable?