viernes, 28 de julio de 2017

Santo Evangelio 28 de julio 2017


Día litúrgico: Viernes XVI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,18-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

«Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador»
P. Josep LAPLANA OSB Monje de Montserrat 
(Montserrat, Barcelona, España)


Hoy contemplamos a Dios como un agricultor bueno y magnánimo, que siembra a manos llenas. No ha sido avaro en la redención del hombre, sino que lo ha gastado todo en su propio Hijo Jesucristo, que como grano enterrado (muerte y sepultura) se ha convertido en vida y resurrección nuestra gracias a su santa Resurrección. 

Dios es un agricultor paciente. Los tiempos pertenecen al Padre, porque sólo Él conoce el día y la hora (cf. Mc 13,32) de la siega y la trilla. Dios espera. Y también nosotros debemos esperar sincronizando el reloj de nuestra esperanza con el designio salvador de Dios. Dice Santiago: «Ved como el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia las lluvias tempranas y tardías» (St 5,7). Dios espera la cosecha haciéndola crecer con su gracia. Nosotros tampoco podemos dormirnos, sino que debemos colaborar con la gracia de Dios prestando nuestra cooperación, sin poner obstáculos a esta acción transformadora de Dios.

El cultivo de Dios que nace y crece aquí en la tierra es un hecho visible en sus efectos; podemos verlos en los milagros auténticos y en los ejemplos clamorosos de santidad de vida. Son muchos los que, después de haber oído todas las palabras y el ruido de este mundo, sienten hambre y sed de escuchar la Palabra de Dios, auténtica, allí donde está viva y encarnada. Hay miles de personas que viven su pertenencia a Jesucristo y a la Iglesia con el mismo entusiasmo que al principio del Evangelio, ya que la palabra divina «halla la tierra donde germinar y dar fruto» (San Agustín); debemos, pues, levantar nuestra moral y encarar el futuro con una mirada de fe.

El éxito de la cosecha no radica en nuestras estrategias humanas ni en marketing, sino en la iniciativa salvadora de Dios “rico en misericordia” y en la eficacia del Espíritu Santo, que puede transformar nuestras vidas para que demos sabrosos frutos de caridad y de alegría contagiosa.

Oyó por televisión la letanía de los santos en el funeral de Juan Pablo II y quiso hacerse católica


Adrienne Pueschel era protestante a su manera... pero esa misa funeral la cambió

Oyó por televisión la letanía de los santos en el funeral de Juan Pablo II y quiso hacerse católica

La letanía de los santos durante el funeral hizo pensar a Adrienne en la intercesión de los santos del Cielo

Oyó por televisión la letanía de los santos en el funeral de Juan Pablo II y quiso hacerse católica

Es asombroso constatar como los actos públicos de los Papas, y sus escritos, han podido tocar corazones y acercar a muchos a la fe.

La senadora socialista Mercedes Aroz se sintió interpelada al ver a Juan Pablo II en la JMJ del año 2000 convocando tantos jóvenes. 

Al periodista iraní Sohrab Ahmari le impresionó la visita de Benedicto XVI a EEUU en 2008 y eso le hizo leer su libro. 

El joven Reinhard Fuchsluger, "ateo, marxista y amargado", se convirtió cuando escuchó a Juan Pablo II bendecir la Navidad por radio.  

El discurso de Ratisbona llevó a la joven atea Megan Hodder a leer un librito corto de Ratzinger, Sobre la conciencia, que fue lo que la llevaría a bautizarse.

A Roger Dubin, de familia judía, decepcionado por la New Age, el funeral de Juan Pablo II en la TV y la salida al balcón de Benedicto XVI en 2005, le convirtieron al catolicismo misteriosamente

Y en esta línea se inscribe el caso de la norteamericana Adrienne Pueschel, que escuchando por televisión las letanías de los santos del funeral de Juan Pablo II en 2005, en su casa rural en los bosques de Oregón, decidió que tenía que hacerse católica. Tenía entonces 51 años y antes de ese momento había recorrido todo un itinerario espiritual. 


Adrienne Pueschel

Una familia de origen poco religioso
"Recuerdo que cuando tenía 8 años pregunté a mi madre, sinceramente, por qué nuestra familia no era 'algo', por qué no íbamos a la iglesia. Mamá respondió que ella y papá creían que los niños debían descubrir eso por su cuenta", explica Adrienne en su testimonio publicado en CHNetwork. 

La familia de su abuela materna había sido católica polaca, pero precisamente su abuela se alejó de la religión al fugarse con un episcopaliano sin devoción. Pero la mamá de Adrienne decidió que la niña sí debía aprender algo y le encargó a una "señora mayor y vecina muy excéntrica" que le diera clases de Biblia en el patio de casa. "Me daba una fresa untada en azúcar cada vez que yo recitaba lo de 'tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo para salvarlo', de Juan 3,16". 

Misa católica y culto con los mormones
Su primer contacto con el catolicismo fue acompañar a una amiguita a misa: ella le enseñó a arrodillarse en cierto momento y a sentarse esperando mientras todos se levantaban para "comer algo que les daban allí delante". 

La familia de su padre eran mormones. Aunque él no era practicante ni hablaba de Dios, Adrienne iba al culto mormón algunas veces con sus abuelos. Allí si la dejaban comer pan blanco y beber un dedalito de licor, como símbolo de la Última Cena. Su abuelo le dejó un gran recuerdo de persona buena, amigable y religiosa. 

Berkeley en los 60
Asistió a un instituto experimental y artístico en la muy alternativa Berkeley de los años 60. El teatro y la música la sedujeron desde la adolescencia, desde que vio el musical Oklahoma.   

En 1964, sin ser gran fan de los Beatles, se leía los libros de John Lennon y lo tenía -igual que otras multitudes- como un ídolo. La vida parecía música y arte. Luego trabajaría en San Francisco en la industria de la publicidad televisiva. 

En 1977, Adrienne vio en televisión la película "Jesús de Nazaret" de Franco Zeffirelli. Para ella fue "descubrir a Cristo", como algo vivo, accesible... Pero otras muchas cosas la entretenían y no acudía a ninguna iglesia.


  Una escena del Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli

En apenas un año, en 1980 y 1981, unos actos violentos que vio en televisión la hicieron pensar. El 8 de diciembre de 1980 disparaban y mataban a John Lennon ante su casa, en Nueva York. En marzo de 1981 el presidente Ronald Reagan sobrevivía a un intento de asesinato. Y dos meses después, el 13 de mayo de 1981, era el Papa Juan Pablo II quien casi muere por los disparos de Alí Agca. Ese mismo día murió por causas naturales su abuelo, que era aún visto como el "patriarca" de la familia. 

En un mundo que parecía fundarse en la violencia, a ella le consolaba mucho la música de Ellie Greenwich, como una inocencia pop de los 60, y fue a través de esta afición y su club de fans que conoció a los 38 años a Brad, que sería muy pronto su marido. Como ella, era una persona de sensibilidad artística, pinchadiscos en una radio de clásicos antiguos, columnista en una revista de beisbol, profesor voluntario de inglés para refugiados vietnamitas y contable en una empresa de música. Y también se había emocionado con el "Jesús" de Zeffirelli. 

Leyendo la Biblia en los bosques
Ya casados, se mudaron a los bosques de Oregón en 1992. No tenían hijos y por su edad deducían que no los tendrían. Empezaron a preguntar a Dios cómo orientar su vida, y se leyeron la Biblia, entera, dos veces. Leyeron Mero Cristianismo de C.S. Lewis. Artísticamente habían sido algo bohemios, pero en lo moral y lo político eran conservadores. También en lo litúrgico: buscaban iglesia por Oregón y querían que tuviese libros de himnos, "historia, tradición, grávitas". 

Con la Madre Angélica en TV
Descubrieron el canal católico EWTN de la Madre Angélica y se fueron aficionando a él. Lloraron cuando murió Ronald Reagan en 2004 y antes de un año, en 2005, murió su aliado en la lucha contra las tiranías comunistas, Juan Pablo II. 

Ellos, el matrimonio Pueschel, seguían los funerales del Papa desde la EWTN, con comentaristas como el antiguo pastor luterano y ahora sacerdote católico Richard John Neuhaus. Todas las autoridades del mundo acudían a rendir homenaje al difunto Pontífice, y la misa y su liturgia marcaban su propio ritmo, indiferente a los poderosos y sus prisas.



Y ahí, ante la televisión, Adrienne vivió la experiencia que cambió su espiritualidad.

"Cantaron la letanía de los santos en latín y de alguna manera entendí que la Iglesia llamaba a estos santos, tan variados, durante tanto tiempo fallecidos, pidiendo su oración por nosotros. Fíjate, ¡podían rezar por nosotros desde el Cielo! ¿Por qué nadie me lo había dicho antes? Fue una nueva cascada de lágrimas". 

"¿La Iglesia había tenido razón sobre el Cielo todo el tiempo? Y sólo ella había mantenido esta fe, entre tanta ignorancia, confusión y desdén. De repente, dije en voz alta: 'Han tenido razón sobre todo durante dos mil años'. Todo ese cántico, la belleza, las ceremonias antiguas... esta Iglesia sabía qué hacer y lo hacía bien".

Después el cardenal Ratzinger habló de Juan Pablo II con 3 claves: su amor al teatro, puesto al servicio de Dios; su entereza al abrazar la Cruz, su amor especial a la Virgen, quizá por haber perdido su madre de pequeño. También Adrienne amaba el teatro, también  ella necesitaba encauzar lo maternal y la Cruz en su vida espiritual. Y también ella era de antepasados polacos. 

En coche a la pequeña parroquia de Fátima
Pocos días después acudieron a una parroquia católica dedicada a la Virgen de Fátima, a 45 minutos en coche de su casa. La madre de Brad murió en esas fechas de 2005, precisamente el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, día del atentado, día de la muerte del abuelo de Adrienne. 

El padre William McHugh, de los oblatos de María Inmaculada, les preparó con unas catequesis personalizadas y fueron acogidos en la Iglesia Católica. La televisión EWTN de la Madre Angélica los acompañó en la fe. 

En 2010 viajaron a Europa en una peregrinación católica: Turín, Asís, Loreto, Lanciano, San Giovanni Rotondo, Roma... En su pequeña parroquia de Oregón han sido catequistas y responsables parroquiales.

"Descubrimos, como dice Chesterton, que la Iglesia Católica parece pequeña y estrecha por fuera pero abre espacios infintos vista desde dentro", señala Adrienne.

Esta es la procesión con letanía de los santos que impactó en la vida de Adrienne

Fuente: Religión en Libertad

Entierro de San Juan Pablo II


jueves, 27 de julio de 2017

Santo Evangelio 27 de julio 2017


Día litúrgico: Jueves XVI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,10-17): En aquel tiempo, acercándose los discípulos dijeron a Jesús: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han cerrado; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’.

»¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».


«¡... dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!»
Rev. D. Manel MALLOL Pratginestós 
(Terrassa, Barcelona, España)


Hoy, recordamos la "alabanza" dirigida por Jesús a quienes se agrupaban junto a Él: «¡dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» (Mt 13,16). Y nos preguntamos: ¿Van dirigidas también a nosotros estas palabras de Jesús, o son únicamente para quienes lo vieron y escucharon directamente? Parece que los dichosos son ellos, pues tuvieron la suerte de convivir con Jesús, de permanecer física y sensiblemente a su lado. Mientras que nosotros nos contaríamos más bien entre los justos y profetas -¡sin ser justos ni profetas!- que habríamos querido ver y oír.

No olvidemos, sin embargo, que el Señor se refiere a los justos y profetas anteriores a su venida, a su revelación: «Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron» (Mt 13,17). Con Él llega la plenitud de los tiempos, y nosotros estamos en esta plenitud, estamos ya en el tiempo de Cristo, en el tiempo de la salvación. Es verdad que no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, pero sí le hemos conocido y le conocemos. Y no hemos escuchado su voz con nuestros oídos, pero sí que hemos escuchado y escuchamos sus palabras. El conocimiento que la fe nos da, aunque no es sensible, es un auténtico conocimiento, nos pone en contacto con la verdad y, por eso, nos da la felicidad y la alegría.

Agradezcamos nuestra fe cristiana, estemos contentos de ella. Intentemos que nuestro trato con Jesús sea cercano y no lejano, tal como le trataban aquellos discípulos que estaban junto a Él, que le vieron y oyeron. No miremos a Jesús yendo del presente al pasado, sino del presente al presente, estemos realmente en su tiempo, un tiempo que no acaba. La oración -hablar con Dios- y la Eucaristía -recibirle- nos aseguran esta proximidad con Él y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe. «Recibe, pues, la imagen de Dios que perdiste por tus malas obras» (San Agustín).

El padre Ching perdió completamente la visión cuando ya era sacerdote


El padre Ching perdió completamente la visión ya como sacerdote

«Si digo cosas raras en la misa, disculpad, la culpa es de mi iPhone»: la vida de un cura ciego

El padre Ching perdió completamente la visión cuando ya era sacerdote

«Si digo cosas raras en la misa, disculpad, la culpa es de mi iPhone»: la vida de un cura ciego

En casi todas las iglesias ya existen cárteles a la entrada en la que se pide a todo aquel que entre que apague su teléfono móvil o al menos lo silencie. Con el boom de esta tecnología también han llegado numerosas interrupciones en misa con tonos y melodías de lo más diversas.

Pero, ¿qué pasa si el sacerdote el que tiene un dispositivo para celebrar misa? Estas normas no se las puede aplicar a sí mismo el sacerdote chino-canadiense Francis Ching, pues cada vez que este hombre de 45 años está en el altar necesita su Ipad o su teléfono porque es ciego.

Acompañado en misa por su Ipad o su Iphone
Cada vez que celebra misa conecta un auricular a su dispositivo y una aplicación le va leyendo las oraciones de la Eucaristía o el Evangelio.  Lo lleva haciendo desde 2009 y se ha convertido para él y su feligresía como algo normal.

“Básicamente uso mi tableta o mi teléfono, ya que todos los textos de la misa están disponibles en línea. Así que sólo lo escucho y lo repito”, asegura el padre Ching a Catholic Leader.


Con un auricular, como el que lleva en la imagen, este sacerdote va repitiendo las oraciones eucarísticas

Una fuente de anécdotas
Sin embargo, como esta tecnología no es perfecta le ha dado más de un disgusto y ha generado un buen número de anécdotas.  Por ello, antes de cada misa explica a los feligreses que están allí que si dice algo que está mal no es culpa suya sino de su tableta. Algo así como: "Queridos hermanos, si digo cosas raras en la misa, disculpad, la culpa es de mi iPhone".

Este religioso nació en 1972 en Hong Kong y muy probablemente con glaucoma. Su familia se percató de sus problemas de visión cuando siendo muy niño acudió a una revisión. El oftalmólogo les dijo que el pequeño Francis debía ser operado de los dos ojos pero fue puesto en una lista de espera y tardaron tres años en realizarle la intervención. Las consecuencias de este tiempo fueron nefastas para él.

Fue perdiendo la visión de manera paulatina
Tras la operación tuvo todo tipo de problemas y acabó perdiendo la visión completa del ojo derecho mientras que el izquierdo también le presentaba numerosos problemas. Fue en este contexto como toda la familia se trasladó a Canadá en 1986.

“Me volví completamente dependiente de mi ojo izquierdo y durante un tiempo podía estudiar, leer e incluso jugar al fútbol”, recuerda el padre Francis. Con este déficit pero todavía con visión ingresó en el seminario en 1999 tras una “experiencia de conversión” que vivió tras alejarse de la Iglesia en la universidad.

Quedó ciego ya como sacerdote
Sin embargo, su llegada al seminario coincidió con un empeoramiento de la visión de su ojo izquierdo. Aunque veía algo, ya tenía que utilizar un bastón para guiarse. Y en 2009, cuando ya llevaba cuatro años como presbítero perdió completamente su visión. Era ciego.

A pesar de ser una situación complicada, este sacerdote asegura que “una de las lecciones que aprendí es que no podía hacer nada para cambiar esta situación”. Había simplemente que aceptarla, vivir con ella y desarrollar su labor como sacerdote sabiendo de sus limitaciones. Esta sensación le dio paz.


Una nueva misión sacerdotal
“Cuando me di cuenta de que ya no podía ni leer y los problemas que había en esto, mi director espiritual vino y me dijo que esta sería mi vida diaria, que no esperara que volviera, y que todavía había mucho que podía hacer”, cuenta este sacerdote.

Y así ha sido. Su discapacidad le ha proporcionado que pueda dedicarse casi exclusivamente a la evangelización. Muy centrado en la comunidad china que reside y llega a Canadá, ofrece retiros, misiones parroquiales y talleres. Además, es director espiritual de una comunidad china del este del país.

Pero además, su labor de evangelización trasciende a Canadá y también visita a católicos chinos en Australia. La ceguera no ha sido un impedimento. Y lo hace llevando a María, de la que asegura que fue clave para que volviera a la Iglesia.

La gracia de aceptar la discapacidad
Consciente de que no es un superhéroe una de las cosas que más le ha costado aceptar es no encontrar fácilmente las cosas que se le caen al suelo. “No puedo hacer lo que no puedo hacer”, asegura este sacerdote, que considera que esta afirmación, “en realidad es esencial para nuestra espiritualidad”.

A su juicio, “muchas personas viven estancadas en su dolor, en sus heridas del pasado, también con la gente que les rodea y dedican toda su energía y tiempo as eso”. Eso podría haberle pasado a él con su ceguera pero decidió aceptar su vida y dirigirse al frente para aprovechar el tiempo y dedicar las energías en las cosas que sí se pueden hacer.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 26 de julio de 2017

Santo Evangelio 26 de julio 2017


Día litúrgico: Miércoles XVI del tiempo ordinario

Santoral 26 de Julio: San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María

Texto del Evangelio (Mt 13,1-9): En aquel tiempo, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».


«Una vez salió un sembrador a sembrar»
P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)


Hoy, Jesús —en la pluma de Mateo— comienza a introducirnos en los misterios del Reino, a través de esta forma tan característica de presentarnos su dinámica por medio de parábolas.

La semilla es la palabra proclamada, y el sembrador es Él mismo. Éste no busca sembrar en el mejor de los terrenos para asegurarse la mejor de las cosechas. Él ha venido para que todos «tengan vida y la tenga en abundancia» (Jn 10,10). Por eso, no escatima en desparramar puñados generosos de semillas, sea «a lo largo del camino» (Mt 13,4), como en «el pedregal» (v. 5), o «entre abrojos» (v. 7), y finalmente «en tierra buena» (v. 8). 

Así, las semillas arrojadas por generosos puños producen el porcentaje de rendimiento que las posibilidades “toponímicas” les permiten. El Concilio Vaticano II nos dice: «La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega» (Lumen gentium, n. 5). 

«Los que escuchan con fe», nos dice el Concilio. Tú estás habituado a escucharla, tal vez a leerla, y quizá a meditarla. Según la profundidad de tu audición en la fe, será la posibilidad de rendimiento en los frutos. Aunque éstos vienen, en cierta forma, garantizados por la potencia vital de la Palabra-semilla, no es menor la responsabilidad que te cabe en la atenta audición de la misma. Por eso, «el que tenga oídos, que oiga» (Mt 13,9).

Pide hoy al Señor el ansia del profeta: «Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos» (Jr 15,16).

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica


Memé Alsina habla de Charlie Gard y echa abajo los argumentos de los que defienden que muera

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica

Memé Alsina es tetrapléjica y ello no le ha impedido hacer una carrera y trabajar

El caso Charlie Gard ha dado la vuelta al mundo en un debate que va incluso va más allá del propio bebé. En juego está el valor de la vida humana mientras se pone de manifiesto lo que el Papa Francisco llama "cultura del descarte". ¿Quién tiene derecho a vivir y quién no? ¿Existe la muerte digna cuando es provocada? ¿Puede el Estado  decidir quien vive? Todas estas preguntas han circulado en el caso de este bebé británico.

Tristemente, este lunes 24 de julio los padres han anunciado que al haberse dilatado tanto la batalla legal, el tratamiento experimental que intentaban ya llega tarde, y ahora sólo esperan acompañar al bebé en sus últimos días.

A las preguntas sobre la vida en la debilidad ha respondido desde su propia experiencia de la enfermedad, y también desde su fe, Memé Alsina, una joven de Barcelona de 36 años.  

A los dos años por consecuencia de una enfermedad vírica quedó tetraplejica. Los médicos no le daban muchas esperanzas de vida. Sin embargo, llegó a terminar la carrera de Biblioteconomía. Con un 98% de parálisis en su cuerpo a sus 36 años está trabajando en la libreria Balmes siendo la responsable de la página web (www.balmeslibreria.com) y de la venta de libros online. Y además es catequista en su parroquia. Con estas credenciales de superación pese a la enfermedad analiza todo lo que rodea al caso Charlie en un artículo en Catalunya Cristiana.

***
En defensa de la vida de Charlie

Hace semanas conocimos por los medios a Chris Gard y Connie Yates. Ellos son un joven matrimonio británico que se han visto obligados a emprender una desgarradora batalla para defender la vida de su hijo Charlie. Un niño que sufre una grave enfermedad y que la “mal llamada” justicia británica condenó a “morir dignamente” sin escuchar los ruegos desesperados de sus progenitores. 

Ellos solo piden que a ese precioso bebe que hace 11 meses llego a sus vidas y los convirtió en papas no se le niegue la oportunidad de vivir. Pero gracias a la fuerza de sus padres millones de personas se han movilizado y reclaman que se permita a los padres aplicar a su hijo un tratamiento experimental que según afirman varios científicos podría mejorar los síntomas del pequeño.   

La mal llamada "muerte digna"
Tras las palabras de “muerte digna” de nuevo se esconde la negación del derecho a vivir que todo ser humano tiene. Los que quieren forzar la muerte se esconden tras una falsa compasión, “evitar que sufra”, pero está claro que ellos creen bajo criterios utilitaristas que la vida de ese pequeño ya no tiene sentido porque nunca será como la de los otros niños. Vivimos en una sociedad que sus principios son: creer que la felicidad la da el éxito profesional, los bienes materiales o cosas semejantes, y eso explica que cuando a alguien le sobreviene un problema se derrumbe y no sepa encontrar sentido a su vida.

Todos sabemos que la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura especialmente importante que debemos aprender a aceptar, sin embargo, cuando estamos en una situación difícil no esperamos que nos digan que la solución es la muerte, necesitamos que nos tiendan una mano de esperanza, que la gente que nos rodea nos muestre su cariño que nos digan que nos estamos solos, que nos ayuden a no rendirnos a pesar de las dificultades.

¿Como puede parecernos normal que un padre pida la muerte para su hijo? Lo normal de un padre ¿no es mostrar su cariño y estar al pie de cañón sea como sea su situación? En estos detalles es cuando nos damos cuenta de que forma podemos ser manipulados. Nos han hecho creer que es normal que un médico en determinadas circunstancias recomiende la muerte, que los valientes son aquellos que tiran la toalla y deciden que quieren acabar con su vida.

"La vida es un regalo que se nos hace"
Muy probablemente Charlie, aunque reaccione a ese tratamiento sufrirá secuelas graves y quizás no vivirá muchos años, pero no por eso hay que rendirse. La vida es un regalo que se nos hace a cada uno y nadie tiene derecho a juzgar bajo ningún criterio si una vida deja de ser importante y por lo tanto se puede eliminar.

A todos se nos ha puesto en este mundo con un papel único e irrepetible, con un principio y un final. El derecho a la vida no lo recibimos del Estado o de la sociedad por lo tanto ellos no pueden quitar ni a Charlie ni a ningún individuo lo que no le dieron.

Se nos llena la boca diciendo que unos de los deberes fundamentales del Estado es respetar y hacer respetar los derechos fundamentales de las personas, y sin embargo en este caso niegan el derecho a la vida a un bebe porque ellos creen que esa vida no es digna”. Como minusválida me indigna el que se considere que la falta de salud implica una pérdida de la dignidad humana, estemos sanos o enfermos, seamos ricos o pobres todos poseemos una igual dignidad. Ese es el rasgo que nos distingue como seres humanos.


La vida de Charlie Gard depende en estos momentos de la decisión de un juez

Una escuela de vida maravillosa
Tarde o temprano el sufrimiento va a llamar a nuestra puerta. Si estamos preparados y nos enfrentamos a esta situación con actitud de fe y humildad éste se puede convertir en una escuela de vida maravillosa. Desde la experiencia muchas veces pienso, ¿cuántas cosas me habría perdido si alguien hubiera pensado que por tener limitaciones mi vida dejaba de tener sentido? La vida es el gran regalo que Dios ha puesto en nuestras manos, debemos amarla, compartirla y agradecer todo lo que nos regala cada día, por eso cada vez que escucho que un enfermo pide la eutanasia siento una pena inmensa y la necesidad de ir a su lado y ayudarle a descubrir lo grandioso que es ese regalo.

No nos engañemos. ¿No será que la eutanasia no es más que una excusa para quitarse de encima a aquellos que estorban, ya sea enfermos o ancianos? ¿No será que algunos engañados creen que esa es la única manera de poner fin a su sufrimiento ¿no será el único camino que creen ver aquellos para los que su vida ha dejado de tener sentido?

Chris Gard y Connie Yates, desde aquí quiero agradeceros vuestra valentía y vuestra fuerza y pediros que no os rindáis porque con vuestra lucha a favor de la defensa de la vida no solo ayudáis a Charlie sino a millones de personas que creemos que hay que dejar a un lado las lamentaciones e intentar sacar la mayor partida a la vida; que las oportunidades no se presentan dos veces y por eso hay que aprender a disfrutar hasta de los detalles más pequeños. Estoy seguro que vuestro precioso bebe pese a todo es un niño feliz porque, aunque no os oiga ni os vea vuestro amor es tan fuerte que sabéis transmitírselo a través de esos canales misterios por los que solo en los sentimientos circulan.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 25 de julio de 2017

Santo Evangelio 25 de julio 2017


Día litúrgico: 25 de Julio: Santiago apóstol, patrón de España

Texto del Evangelio (Mt 20,20-28): En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre». 

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».


«¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?»
Mons. Octavio RUIZ Arenas Secretario del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización 
(Città del Vaticano, Vaticano)


Hoy, el episodio que nos narra este fragmento del Evangelio nos pone frente a una situación que ocurre con mucha frecuencia en las distintas comunidades cristianas. En efecto, Juan y Santiago han sido muy generosos al abandonar su casa y sus redes para seguir a Jesús. Han escuchado que el Señor anuncia un Reino y que ofrece la vida eterna, pero no logran entender todavía la nueva dimensión que presenta el Señor y, por ello, su madre va a pedir algo bueno, pero que se queda en las simples aspiraciones humanas: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino» (Mt 20,21). 

De igual manera, nosotros escuchamos y seguimos al Señor, como lo hicieron los primeros discípulos de Jesús, pero no siempre logramos entender a cabalidad su mensaje y nos dejamos llevar por intereses personales o ambiciones dentro de la Iglesia. Se nos olvida que al aceptar al Señor, tenemos que entregarnos con confianza y de manera plena a Él, que no podemos pensar en obtener la gloria sin haber aceptado la cruz. 

La respuesta que les da Jesús pone precisamente el acento en este aspecto: para participar de su Reino, lo que importa es aceptar beber de su misma «copa» (cf. Mt 20,22), es decir, estar dispuestos a entregar nuestra vida por amor a Dios y dedicarnos al servicio de nuestros hermanos, con la misma actitud de misericordia que tuvo Jesús. El Papa Francisco, en su primera homilía, recalcaba que para seguir a Jesús hay que caminar con la cruz, pues «cuando caminamos sin la cruz, cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor». 

Seguir a Jesús exige, por consiguiente, gran humildad de nuestra parte. A partir del bautismo hemos sido llamados a ser testigos suyos para transformar el mundo. Pero esta transformación sólo la lograremos si somos capaces de ser servidores de los demás, con un espíritu de gran generosidad y entrega, pero siempre llenos de gozo por estar siguiendo y haciendo presente al Señor.

7 consejos para parejas en situación irregular que desean vivir en gracia y recibir los sacramentos

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Cada situación es un mundo diferente, se necesita el apoyo de un sacerdote que les ayude a discernir

7 consejos para parejas en situación irregular que desean vivir en gracia y recibir los sacramentos

El matrimonio y la familia fueron los temas que el papa Francisco propuso a la reflexión de la Iglesia convocando un sínodo de obispos en dos etapas: la primera en octubre de 2014 y la segunda en octubre de 2015. De él surgió el documento Amoris Laetitia.

El Derecho Canónico reconoce el derecho a recibir los medios espirituales necesarios para la salvación -de manera particular los sacramentos (Canon 213), y entre ellos la Comunión-, y también que hay que favorecer su recepción sin interponer ningún impedimento para recibirlos con provecho: lícita y válidamente.

Con respecto a los fieles que, a los ojos de la Iglesia, conforman parejas en situación irregular, el sínodo sobre el amor en la familia nunca dijo un “no” rotundo a la admisión a los sacramentos a todas estas parejas, como tampoco dijo un “sí” rotundo a todas ellas: se mirará caso por caso.


Muchas parejas “en situación irregular” (personas casadas con una persona ya casada, divorciados en nueva unión,…) buscan los medios para poder conformar la vida al querer de Dios en sintonía con la Iglesia. En este sentido, explica el P. Henry Vargas Holguín en Aleteia, nos han llegado varias preguntas: ¿puedo comulgar? ¿estoy actuando mal?…

Conocer cada caso
Resulta difícil dar respuestas generales, en frío, sin conocer a la persona y su situación concreta. Por eso, lo primero es animar a todos los que tengan dudas en este sentido a acercarse a un sacerdote o a un matrimonio católico comprometido de confianza que les ayude a discernir lo que les irá mejor a ustedes en su caso concreto.

Algunas consideraciones generales podrían servir de orientación previa. Por ejemplo, en los casos en que las dos personas no se hayan casado por la Iglesia, tengan o no tengan entre ellas algún vínculo conyugal desde el punto de vista civil, pueden acercarse a la parroquia y contraer el matrimonio canónico. Si alguna de las partes tuvo un matrimonio civil con otra persona se debe gestionar primero el divorcio.

Estudiar la nulidad del matrimonio anterior 
Los católicos con previo matrimonio canónico que quieran regularizar su situación tienen la opción, menos fácil pero posible, de indagar si pudieron haber fallado algunos elementos esenciales que permitan declarar nulo ese matrimonio.

Si se llega a descubrir que una pareja no contrajo matrimonio canónico válido, se puede y se debe declarar la nulidad de dicha “unión”, con perjuicio de los respectivos efectos civiles. Si se declara la nulidad, estas personas se pueden casar por la Iglesia, con alguien que no tenga previo matrimonio canónico válido.

Ahora, hay que tener en cuenta que anular un matrimonio canónico no es sinónimo de divorcio canónico, que no existe. La declaración de nulidad declara que el matrimonio sencillamente jamás existió, y por tanto es algo muy distinto del divorcio civil (cuando los efectos civiles cesan). Cuando se firma un decreto de nulidad no se trata de anular un vínculo sino de confirmar que tal vínculo no existió como válido ya desde un comienzo.

La Iglesia no anula ningún matrimonio válidamente contraído y consumado; en tal caso el matrimonio es absolutamente indisoluble (Catecismo, 1640). Por tanto mientras no se pruebe lo contrario, se presume la validez del matrimonio canónico.


Las parejas irregulares que no pueden contemplar alguna de las posibilidades mencionadas, ¿qué camino de salida tienen?

Mientras se verifica la validez o la invalidez del precedente matrimonio canónico o si, habiendo estudiado el matrimonio canónico, se constata realmente su validez, las parejas irregulares estarían invitadas en principio a:

1.- Ofrecer a Dios, con carácter penitencial, el dolor y el sufrimiento de haber quebrantado la exigencia de Cristo de valorar la sacramentalidad del amor conyugal entre un hombre y una mujer, así como el de no poder tener la plena comunión en la vida divina a través de los sacramentos.

2.- Pensar que en todo caso son personas amadas por Dios, y siguen siendo miembros de la Iglesia. La Iglesia seguramente también orará por estas personas, las animará y se presentará como madre misericordiosa.

3.- Confiar en la misericordia de Dios.

4.- Eliminar la situación de pecado. Esto no significa dejar de querer o dejar de ayudar a la pareja o dejar de estar a su favor; hay que seguir queriéndola bajo los mismos parámetros que pide Cristo cuando habla a todos sus discípulos de amar al prójimo.

5.- Respetar el vínculo matrimonial canónico precedente, dando así testimonio del valor, de la trascendencia y de la indisolubilidad del matrimonio canónico. Respetar lo que Dios ha bendecido es respetarlo a Él mismo. Como bautizados le debemos fidelidad a Dios, a Cristo, al propio cónyuge legítimo y a la unión esponsal canónica aunque ya no se conviva con él o con ella.

6.- Pensar en la salvación propia y ajena favoreciendo un camino de conversión.

7.- A estas parejas se les invita además a escuchar la Palabra de Dios, a perseverar en la oración, a ir a misa, a colaborar en las iniciativas de la parroquia en favor de la caridad y la justicia, a educar y, o, dejar educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu de conversión y las obras de penitencia para encaminarse por los caminos de la salvación (Familiaris Consortio, 84).


Las puertas de la Iglesia están abiertas
La Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible en el intento por lograr la completa participación sacramental. Respecto a la manera de hacerlo, serán muy útiles -reiteramos- los consejos del párroco, el acompañamiento personalizado que permitirá valorar las circunstancias concretas y un discernimiento más libre.

El amor de Dios está a su alcance y no solo abre las puertas a su perdón, concediendo a su vez la gracia sacramental, sino que, por medio de la misma, capacita y motiva para no vivir más en pecado.

En el caso de las parejas de casados por la Iglesia en situación irregular que han hecho un camino de conversión con un sacerdote acompañante, que reúnen las condiciones fundamentales para que puedan acceder a los sacramentos -“estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (can 843,1)- y que concluyen inequívocamente que pueden recibir la gracia sacramental, pueden recibir los sacramentos, pueden comulgar.

¿Qué condiciones fundamentales deben tener en cuenta las parejas irregulares para acceder a los sacramentos? La reconciliación a través del sacramento de la penitencia –que les abriría el camino al sacramento eucarístico– puede darse a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a seguir una vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio.

En líneas generales, esto podría implicar, si es posible, fácil y serena, la separación; y si, por motivos muy serios, no pueden cumplir la obligación de la separación, el compromiso de vivir en continencia. Pero cada caso es un mundo.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 24 de julio de 2017

Santo Evangelio 24 de julio 2017


Día litúrgico: Lunes XVI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 12,38-42): En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón».


«Maestro, queremos ver una señal hecha por ti»
P. Joel PIRES Teixeira 
(Faro, Portugal)


Hoy, Jesús es puesto aprueba por «algunos escribas y fariseos» (Mt 12,38; cf. Mc 10,12), que se sienten amenazados por la persona de Jesús, no por razones de fe, sino de poder. Con miedo a perder su poder, procuran desacreditar a Jesús, provocándolo. Estos “algunos” muchas veces somos nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar por nuestros egoísmos e intereses individuales. O también cuando miramos a la Iglesia como una realidad meramente humana y no como un proyecto del amor de Dios hacia cada uno de nosotros.

La respuesta de Jesús es clara: «Ninguna señal les será dada» (cf. Mt 12,39), no por miedo, sino para enfatizar y recordar que las “señales” son la relación de comunicación y amor entre Dios y la humanidad; no se trata de una relación de intereses y poderes individuales. Jesús recuerda que hay muchas señales dadas por Dios; y que no es provocándole o chantajeándole como se consigue llegar a Él.

Jesús es la señal más grande. En este día la Palabra es una invitación para que cada uno de nosotros comprenda, con humildad, que sólo un corazón convertido, vuelto hacia Dios, puede acoger, interpretar y ver esta señal que es Jesús. La humildad es la realidad que nos acerca no solamente a Dios, sino también a la humanidad. Por la humildad reconocemos nuestras limitaciones y virtudes, pero sobre todo vemos a los otros como hermanos y a Dios como Padre.

Como nos recordaba el Papa Francisco, « ¡El Señor es verdaderamente paciente con nosotros! No se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros caemos ». Por eso, a pesar de nuestras faltas y provocaciones, el Señor está con los brazos abiertos para acoger y recomenzar. Procuremos, por tanto, que nuestra vida, y hoy en particular, esta palabra se haga realidad en nosotros. La alegría del cristiano está en ser reconocido por el amor que se ve en su vida, amor que brota de Jesús.

Oración Divina Misericordia


Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

El padre Chanh cumple sus bodas de plata sacerdotales en Australia

Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

El padre Chanh fue ordenado en un campo de refugiados de Malasia tras huir de Vietnam


La del padre Paul Chanh es ciertamente una vocación probada, tanto por la persecución como por el tiempo. El poder ser sacerdote fue algo que se le resistió durante muchos años. Durante 17 años se vio obligado a esperar como diácono hasta que por fin pudo celebrar su primera Eucaristía.

Nacido en Vietnam quería ser sacerdote desde niño pero este sueño tardaría mucho tiempo en poder cumplirlo, mucho más de lo que hubiera deseado. “Entré en el seminario hace mucho tiempo, cuando tenía 11 años, primero en el seminario menor en 1961 y luego terminé Teología y Filosofía en Vietnam”, cuenta a Catholic Leader.

Los comunistas le impidieron ordenarse
Sin embargo, cuando estaba ya cerca de ser ordenado ocurrió algo que no esperaba y que le hizo ser probado por Dios durante años. El padre Chanh  recuerda que “cuando los comunistas se apoderaron de mi país, no me permitieron ser sacerdote”.

En ese momento ya era diácono de la Iglesia Católica, una condición que normalmente dura tan sólo unos meses antes de la ordenación. Pero él tuvo que esperar 17 años.

Huyó en barco y acabó en un campo de refugiados
Durante años permaneció en el Vietnam comunista con la esperanza de que de alguna manera podría ordenarse pero tras resignarse de que no sería posible intentó huir del país. Como tantos otros compatriotas se embarcó en un frágil bote sin saber si sobreviviría ni cuál sería su destino final.

Al final acabó llegando a la costa de Malasia en 1989. “Me escapé de Vietnam, llegué a Malasia y me quedé en un campo de refugiados como diácono”. Así estuvo durante casi cinco años puesto que además en este campo había un gran número de católicos que necesitaban algún tipo de cuidado espiritual.


En frágiles barcas como las de la imagen, miles de vietnamitas, entre ellos el padre Chanh, huyeron del régimen comunista

17 años después por fin se cumpliría su sueño
Precisamente, esta falta de atención espiritual que había en aquel campo  sería la que con el tiempo propiciase su ordenación sacerdotal. De manera rápida y casi sin darse cuenta  le dijeron que sería sacerdote.

Ese ansiado día llegó el 29 de marzo de 1992 cuando el que era entonces arzobispo de Kuala Lumpur, Anthony Soter, primer cardenal de Malasia, le ordenó en una curiosa ceremonia que se celebró en el propio campo de refugiados.

El ya padre Chanh tenía entonces 41 años y estaba en Malasia cuando debería haber sido ordenado en Vietnam con 24 años.

De Malasia a Australia
Pero Dios quería que este sacerdote siguiera con su viaje y acabó llegando a Australia, concretamente a la Diócesis de Brisbane, en la que ha permanecido durante todo este tiempo y donde acaba de cumplir sus bodas de plata sacerdotales.

Un cuarto de siglo después de que recibiese el orden sacerdotal en Malasia, el padre Chanh sigue con su espíritu de “ayudar al pueblo”, un ministerio que aprendió muy bien durante aquellos años entre los pobres y refugiados en los que la gente necesitaba una palabra.

"Dios quería otra cosa para mí"
Ahora, retirado de ocupaciones principales atiende como capellán a los ancianos de una residencia. “Estoy feliz”, asegura él, pues ha aprendido a valorar lo que tiene.

Al igual que ocurrió con otros muchos refugiados que huyeron de Vietnam habla con convencimiento de que “si dejo todo en las manos de Dios, Él proveerá”.

“Estaba en el seminario en Vietnam y quería ser sacerdote en Vietnam, pero Dios quería otra cosa para mí”, aseguraba este sacerdote, que tras discernir vio que lo mejor es “dejar todo en las manos de Dios”.

domingo, 23 de julio de 2017

Santo Evangelio 23 de julio 2017


Día litúrgico: Domingo XVI (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,24-43): En aquel tiempo, Jesús propuso a las gentes otra parábola, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. 

»Los siervos del amo se acercaron a decirle: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?’. Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto’. Dícenle los siervos: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’. Díceles: ‘No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero’». 

Otra parábola les propuso: «El Reino de los Cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y lo sembró en su campo. Es ciertamente más pequeña que cualquier semilla, pero cuando crece es mayor que las hortalizas, y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas».

Les dijo otra parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina, hasta que fermentó todo». 

Todo esto dijo Jesús en parábolas a la gente, y nada les hablaba sin parábolas, para que se cumpliese el oráculo del profeta: «Abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo». 

Entonces despidió a la multitud y se fue a casa. Y se le acercaron sus discípulos diciendo: «Explícanos la parábola de la cizaña del campo». Él respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno; el enemigo que la sembró es el Diablo; la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. De la misma manera, pues, que se recoge la cizaña y se la quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, que recogerán de su Reino todos los escándalos y a los obradores de iniquidad, y los arrojarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».


«Algún enemigo ha hecho esto»
P. Ramón LOYOLA Paternina LC 
(Barcelona, España)


Hoy, Cristo. Siempre, Cristo. De Él venimos; de Él vienen todas las buenas semillas sembradas en nuestra vida. Dios nos visita —como dice el Kempis— con la consolación y con la desolación, con el sabor dulce y el amargo, con la flor y la espina, con el frío y el calor, con la belleza y el sufrimiento, con la alegría y la tristeza, con el valor y con el miedo... porque todo ha quedado redimido en Cristo (Él también tuvo miedo y lo venció). Como nos dice san Pablo, «en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman» (Rom 8,28). 

Todo esto está bien, pero... existe un misterio de iniquidad que no procede de Dios y que nos sobrepasa y que devasta el jardín de Dios que es la Iglesia. Y quisiéramos que Dios fuese “como” más poderoso, que estuviese más presente, que mandase más y no dejase actuar esas fuerzas desoladoras: «¿Quieres, pues, que vayamos a recoger [la cizaña]?» (Mt 13,28). Esto lo decía el Papa San Juan Pablo II en su último libro Memoria e identidad: «Sufrimos con paciencia la misericordia de Dios», que espera hasta el último momento para ofrecer la salvación a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de su misericordia («Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega»: Mt 13,30). Y como es el Señor de la vida de cada persona y de la historia de la humanidad, mueve los hilos de nuestras existencias, respetando nuestra libertad, de modo que —junto con la prueba— nos da la gracia sobreabundante para resistir, para santificarnos, para ir hacia Él, para ser ofrenda permanente, para hacer crecer el Reino.

Cristo, divino pedagogo, nos introduce en su escuela de vida a través de cada encuentro, cada acontecimiento. Sale a nuestro paso; nos dice —No temáis. Ánimo. Yo he vencido al mundo. Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin (cf. Jn 16,33; Mt 28,20). Nos dice también: —No juzguéis; más bien —como yo— esperad, confiad, rezad por los que yerran, santificadlos como miembros que os interesan mucho por ser de vuestro propio cuerpo.

Recibió dos noticias casi a la vez, su embarazo y un cáncer de mama: ella reaccionó sin dudarlo


Su fe en Dios y el apoyo de su familia fueron fundamentales durante todo este tiempo

Recibió dos noticias casi a la vez, su embarazo y un cáncer de mama: ella reaccionó sin dudarlo

Recibió dos noticias casi a la vez, su embarazo y un cáncer de mama: ella reaccionó sin dudarlo

Julia Richards tiene 36 años, está casada desde el 2008 y su sueño de ser mamá no se cumplió tan rápido como ella esperaba. Afortunadamente, con el tiempo consiguió quedarse embarazada y empezar a cumplir su sueño. Con nueve hermanos en su familia esperaba, para ella también, una familia numerosa. Sin embargo todo se tambaleó cuando estando embarazada de su tercer hijo le descubrieron un cáncer de mama. Tuvo que elegir entre dos noticias contradictorias. Su objetivo era claro: lograr hacer convivir su embarazo con el cáncer. Lo cuenta la periodista Verónica De Martini, en el diario argentino La Nación.

En todo ello estuvo mi presente Dios: "Yo tengo mucha fe en Dios, mucho heredado y mucho porque yo misma me planteé si creía o no creía y elegí creer, por eso hablo de fe, y es algo que me sostuvo bastante".

Estuvo siempre atenta al cáncer de mama, hacerse controles de rutinas era algo habitual en ella, tuvieron cáncer de mama su madre y dos tías, una de ellas terminal. En septiembre del 2013 todo parecía estar bien: mamografía y ecografía mamaria mostraban buenos resultados. En enero de 2014 las dos rayitas del test de embarazo le aseguraban unas vacaciones llenas de felicidad. Pero ya desde el viaje en auto sintió una dureza en el borde de la axila izquierda, algo que Julia atribuyó a los típicos cambios hormonales que ocurren en la mujer desde el comienzo del embarazo; sin embargo, durante toda su estadía la molestia se hacía notar hasta sin que la tocara, con sólo estar acostada, y decidió que a su regreso sería bueno comentarlo con el obstetra.

Le mandaron a hacer una eco mamaria y luego ver a un especialista que indicó una punción; por suerte los ganglios al tacto estaban bien. A los días la llamaron del laboratorio para retirar los resultados, y porque nunca imaginó que sería una mala noticia fue con el cochecito y sus dos hijos para aprovechar y dar un paseo. "Abro el papel y leo: tumor maligno, metástasis; estaba con los chicos ahí y el mundo se detuvo, pero a la vez ¡estaba en la calle con los chicos! Creo que de haber estado sola me hubiese derrumbado, en ese momento no podía. Era como en las películas, que todo da vueltas y una escucha como si la gente estuviera lejos. Hay una visión social tan catastrófica de la enfermedad que la noticia es una bomba, pero cáncer no es igual muerte".


Esperó a hablar con el médico al día siguiente antes de contar la noticia a su marido y familia: "Así cuando lo decís lo haces con esperanza: tengo cáncer y hay tratamiento".

En la semana 17 pudieron realizar la operación y se encontraron con el peor escenario: los ganglios de la axila estaban tomados. El estudio patológico daba un 90% receptivo de progesterona, lo que significa que las hormonas del embarazo hacen que el cáncer avance más rápido que en una situación normal.

Mientras estaba internada se hizo la correspondiente eco de control donde se enteró el sexo de su bebe: esperaba una niña, su sueño se haría realidad. Julia estaba feliz con la noticia. Que en su cuerpo convivieran una nueva vida y una enfermedad por lo general asociada a la muerte, hacían que en ella la vida le ganara a la muerte. Saber que tenía una hija en su vientre le daba las fuerzas para seguir adelante, y así ella se repetía "concentrate en lo bueno y chau. ¿Cómo podía de repente estar tan positiva ante una noticia así? Creo que era porque una, embarazada, tiene una linda visión del mundo. Yo, que era quejosa, me sorprendí por mi propia reacción, no creía que aquella era yo, había algo ajeno a mí en la forma en que manejaba todo eso, pero estaba embarazada y anímica y psicológicamente me sentía bien, el cáncer era algo malo pero que llevaba mucha cosa buena alrededor, y no me daba miedo decir esa palabra".

Quimioterapia: una enseñanza de vida
Empezó con una quimio fuerte cada tres semanas durante casi tres meses, pero sin perder el foco en lo que en verdad le importaba: "Llevar un hijo a buen término es una tarea muy importante".

Muchas veces había soñado con verse rubia, y le pareció que era un buen momento para probar: se cortó el pelo cortito y se lo tiñó de rubio, si le quedaba mal no habría problemas ya que de todas maneras en unos días quedaría pelada fruto de la quimio. Era animarse a más. Pero lo que más le quedó de esa época fueron los buenos gestos de la gente a su alrededor: "Todos se turnaban para acompañarme en la quimio, cada día un lindo gesto de alguien me conmovía ¿Sería capaz de hacer lo que estas personas hacían por mí en el momento en que se enfermen? ¿En qué punto tengo que empezar a cambiar mi forma de ser? Yo antes estaba muy centrada en mi mundo, y siempre me sentía sobrepasada. Y hay gente que, si bien estaba igual, sintió que yo era más importante. Entonces entendí que tenía que salir un poco más de mí misma para ir hacia los demás. Con la maternidad una está mucho en casa y se compadece mucho y no se da cuenta de que hay gente a la que le pasan cosas. Todo eso me ayudó a reflexionar, mucho de lo que me pasó en la enfermedad me hizo pensar sobre la capacidad de la gente para ayudar y si yo haría lo mismo en esa situación".

Para continuar con el tratamiento primero debía nacer el bebé, algo que Julia junto a su obstetra trataron de estirar lo más que pudieron, mientras el cáncer avanzaba. Julia estaba convencida de que mientras más tiempo el bebé estuviera en su panza era mejor. Cuando salía de una ecografía y le informaban que el bebé pesaba ya un kilo pasaba por un supermercado, y al ver lo chico que era un kilo de carne pensaba que ella tenía que aguantar más, tenía que lograr que su bebé creciera protegido dentro de ella. Al fin lograron llegar a la semana 34 donde le indujeron el parto: lo ideal era un parto natural, ya que el post es más rápido y se podía continuar con su tratamiento. Pero no dilató y tuvieron que hacerle una cesárea. Helena, al nacer, debía pasar diez días en la neo del Mater Dei, nació bien de salud y hoy es una chica de dos años sonriente y feliz.



Luego de la cesárea a Julia le hicieron una tomografía computada que mostró que el cáncer no se había extendido y con eso toda la familia respiró aliviada. A los 10 días del parto comenzó una quimio -no tan fuerte como la inicial- una vez por semana durante 3 meses. La convivencia de un recién nacido junto con el tratamiento de la quimioterapia no era lo más fácil, pero gracias a la ayuda de su marido, familia, amigas y enfermeras pudieron sobrellevarla juntos. A sus hijos no les explicaron mucho, eran muy chicos para entender de una enfermedad que a veces hasta a los grandes nos cuesta explicarnos. Para ellos era un juego donde tenían que curar a mamá: coleccionaban las pulseras de la quimio que ella les traía de regalo y mimaban a su nueva hermanita. Julia nunca dejó que ellos que la vieran tirada en piyama o deprimida: quería que sus hijos la vieran bien y sonriente.

En noviembre le hicieron una eco y mamografía de rutina antes de pasar a los rayos y terminar con el tratamiento. Fue un nuevo balde de agua fría: el cáncer había pasado a la otra mama. Con compañía psiquiátrica Julia debió atravesar el mal escenario de una mastectomía. Y después sí, empezar con rayos todos los días durante dos meses. Al día de hoy sigue con controles e inyecciones que deberá aplicarse durante cinco años para no ovular: "Soy menopáusica, no tengo hormonas dando vueltas, y no sólo no tengo que estar embarazada para no tener hormonas dando vueltas sino que además no tengo que tener ninguna hormona como tiene una persona normal".

Valorar el día a día
La gente suele preguntarle a Julia qué momento le costaba más, suponiendo que era cuando estaba vomitando y con dolores físicos, pero ella n lo vivió así. "Para mí te cuesta más cuando, por ejemplo, estas en un casamiento re divertida, como me pasó a mi, con la beba nacida y con el tratamiento; estás bailando en un atardecer espectacular, en un lugar divino, mirando la naturaleza; la gente que está feliz y entonces te dan ganas de llorar, porque de repente empezás a valorar la vida de otra manera, la vida es espectacular y no querés irte de acá. El cáncer te hace ver todo diferente, y en cierta forma sos más feliz porque empezás a valorar y a reflexionar mucho. Si no hubiese pasado por el cáncer estaría quejándome de un bebé recién nacido y de lo poco que iba a dormir. A veces me pasaba que iba con los chicos a la plaza y me divertía y por ahí lo feo del cáncer es mirar a tus hijos y preguntarte de repente si estarás ahí cuando vayan a primer grado. El cáncer te hace estar muy consciente de los buenos momentos, tanto que a veces los vuelve muy frágiles. El cáncer te corta la proyección" Sin embargo, Julia está convencida de que hay que seguir proyectando, de que hay que disfrutar el día a día y no levantarse y pensar todo el día solo en la enfermedad.

Hoy agradece enormemente sentirse contenida por la gente a su alrededor, y considera que un pilar fundamental durante el tratamiento fue su fe en Dios: "Yo tengo mucha fe en Dios, mucho heredado y mucho porque yo misma me planteé si creía o no creía y elegí creer, por eso hablo de fe, y es algo que me sostuvo bastante. Porque si uno piensa en la vida después de la muerte y piensa que se va a encontrar con sus seres queridos, entonces la muerte es nada más que un paso y dejás de tenerle miedo. Vivís con mucha más paz un proceso que no se sabe si va a terminar en la muerte".

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 22 de julio de 2017

Santo Evangelio 22 de julio 2017


Día litúrgico: 22 de Julio: Santa María Magdalena

Texto del Evangelio (Jn 20,1-2.11-18): El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.


«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy celebramos con gozo a santa María Magdalena. ¡Con gozo y provecho para nuestra fe!, porque su camino muy bien podría ser el nuestro. La Magdalena venía de lejos (cf. Lc 7,36-50) y llegó muy lejos… En efecto, en el amanecer de la Resurrección, María buscó a Jesús, encontró a Jesús resucitado y llegó al Padre de Jesús, el “Padre nuestro”. Aquella mañana, Jesucristo le descubrió lo más grande de nuestra fe: que ella también era hija de Dios. 

En el itinerario de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.

Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Papa Benedicto). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?

En la conversión de la Magdalena hubo mucho amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí otro “vehículo” de la fe, porque ni escuchamos, ni vemos, ni creemos a quien no amamos. En el Evangelio de san Juan aparece claramente que «creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver (…)». En aquel amanecer, María Magdalena arriesga por su Amor, oye a su Amor (le basta escuchar «María» para re-conocerle) y conoce al Padre. «En la mañana de la Pascua (…), a María Magdalena que ve a Jesús, se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesión: ‘He visto al Señor’ (Jn 20,18)» (Papa Francisco).

Milly Gualteroni, herida por la depresión casi toda su vida: «Alimentar la tristeza es diabólico»

La autora de «Arrancada del abismo» encontró en Dios la paz y la salud

Milly Gualteroni, herida por la depresión casi toda su vida: «Alimentar la tristeza es diabólico»

Milly Gualteroni vio la luz al final del túnel de la depresión tras su encuentro con Dios.

Milly Gualteroni, herida por la depresión casi toda su vida: «Alimentar la tristeza es diabólico»

La historia de depresión y conversión de Milly Gualteroni, de gran impacto en Italia, ha llegado recientemente a los lectores de habla hispana con la publicación de su libro-testimonio Arrancada del abismo (Voz de Papel). La periodista italiana ha sido entrevistada por Juan Luis Vázquez en Alfa y Omega:

La periodista italiana Milly Gualteroni trabajaba para las revistas Panorama, Vogue o Cosmopolitan. Se movía en los ambientes más sofisticados de Milán, pero pocos sabían que estaba enganchada a los fármacos y que arrastraba una depresión desde su juventud, debido a los suicidios de su padre y de su hermano y a otros traumas, como una violación. Cuenta su sanación y su conversión en Arrancada del abismo (Voz de Papel).

-Santa Teresa decía que un santo triste es un triste santo. ¿No tenemos derecho a sentirnos tristes en algún momento de nuestra vida?
-El ser humano está hecho de emociones y sentimientos, y entre ellas también está la tristeza. Lo que es diabólico es alimentar la tristeza, transformarla en un modo de vivir. El cristiano que de verdad vive en Cristo no puede no sentir la llamada de la alegría y de la vida verdadera, y eso ayuda a transfigurar todo sentimiento de tristeza que pueda nacer de manera instintiva en nosotros.

-Entonces, un creyente no está vacunado ante la depresión…
-La depresión no puede ser vivida como una culpa. Es una enfermedad que tiene causas múltiples y variadas, y ser creyente no previene necesariamente la posibilidad de caer en una depresión. La fe en Dios no es vacuna suficiente. Pero quien sabe que "cada uno de nuestros cabellos está contado" sabe también que cada circunstancia es una ocasión para seguir, a veces de manera misteriosa, las huellas de Jesús. Nada enseña tanta humildad y previene contra el orgullo, nada nos muestra nuestra total dependencia y nos educa en nuestra pobreza radical, como una depresión.


-Para usted, la depresión ha sido «mi llamada hacia Dios»…
-La depresión es una forma de sufrimiento físico, que tiene repercusión en la bioquímica cerebral. Yo intuí esto una vez que estuve internada en una clínica psiquiátrica. Entendí que Dios me estaba llamando. Cuando el hombre sufre entra en el misterio de la Cruz, esa es mi experiencia personal. Esta sociedad no cristiana nos ha hecho olvidar la relación fundamental con quien nos ha creado, y por eso no buscamos su ayuda. De ahí que la depresión puede ser una herida a través de la cual puede entrar el amor misericordioso de Dios, que te da calor, que te sana, que te envuelve.

-Usted afirma que "el amor de Dios cura". ¿En qué consiste esta sanación? ¿Es completa y definitiva? ¿Es un camino que recorrer?
-A la vuelta de un viaje a Lourdes me di cuenta de que estaba como fracturada por dentro, debido a que había pasado muchos años alejada de Dios. Esta lejanía puede ser sanada solo cuando volvemos a Él. Para mí fue una restauración de algo que se rompió de niña, cuando me alejé de la dimensión sobrenatural que todos tenemos. En cualquier caso, en paralelo a esta sanación del amor de Dios, es fundamental seguir un camino terapéutico con un profesional.

-¿En qué medida las ciencias humanas –psiquiatría, psicología, terapia, los fármacos– pueden ayudar a sanar una depresión?
-En lo que tiene que ver con mi experiencia, fue fundamental el retornar a Dios y recuperar el sentido auténtico de la vida. Pero no es suficiente, porque yo tenía heridas profundas que me marcaron y me hicieron vivir con un modo de pensar equivocado. Cambiar la forma de pensar y de vivir requiere mucho empeño y la ayuda de un profesional adecuado.

»También es importante saber que uno puede hacer mucho por uno mismo. El deprimido suele ser una persona herida que acusa instintivamente a otros de su mal. Yo misma acusaba a mi padre y a mi hermano por sus suicidios, al hombre que me violó… Pero uno tiene que darse cuenta y decir: "Mi vida es mía, y yo me hago cargo de ella y del peso de mi sufrimiento". A mí me impresionan las palabras del Evangelio: "Venid a Mí los que estéis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí". Coger la cruz de la depresión para seguir a Jesús al final puede ser algo ligero.


-¿Hay sitio entonces para Dios en las consultas?
-El paciente psiquiátrico ha sido reducido por la psiquiatría moderna a un conjunto de síntomas. Los fármacos no curan, solo controlan los síntomas hasta un punto. Hay multitud de profesionales que no consideran el camino interior de la persona para su sanación, cuando en realidad la dimensión espiritual es fundamental en el hombre. La psiquiatría y la terapia psicológica funcionan mejor cuando tienes la base del amor de Dios, estoy convencida.

-Usted reconoce haber tenido varios intentos de suicidio. En Europa, esta es ya la primera causa de muerte entre los adolescentes. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué a los más jóvenes?
-En mi provincia, los casos de suicidio son el doble de la media nacional, y la edad es cada vez es más baja. Yo hablo a menudo a los adolescentes, y creo que en la raíz de esto está la pérdida de identidad colectiva. Hay un vacío existencial en el que crecen los niños. Las tradiciones se han perdido completamente, no tienen raíces en absoluto, especialmente la tradición familiar y la religiosa. No tienen detrás una razón de ser en el mundo. Cuando hablo con ellos les planteo las preguntas fundamentales: "¿De dónde venimos? ¿Para qué vivimos? ¿Dónde vamos?" Y ellos no saben responderlas. No saber qué responder a esto supone no tener la base fundamental de la vida de cualquier ser humano, y conlleva el riesgo de caer en una fragilidad extrema. Las nuevas generaciones crecen sin modelos de referencia, muchos tienen solo un padre o una madre, a quien apenas ven porque están absorbidos por el trabajo. Los niños llegan a casa y pasan muchas horas solos, no saben qué hacer, ven la tele, se meten en la realidad virtual… Ni siquiera bajan a la calle para jugar con otros niños. Es la destrucción del proyecto de Dios para ellos. Creo que es esto lo que está pasando hoy con los jóvenes.

Fuente: Religión en Libertad