jueves, 22 de junio de 2017

Santo Evangelio 22 de junio 2017


Día litúrgico: Jueves XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».


«Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial»
Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach 
(Vilamarí, Girona, España)


Hoy, Jesús nos propone un ideal grande y difícil: el perdón de las ofensas. Y establece una medida muy razonable: la nuestra: «Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15). En otro lugar había mostrado la regla de oro de la convivencia humana: «Tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros» (Mt 7,12).

Queremos que Dios nos perdone y que los demás también lo hagan; pero nosotros nos resistimos a hacerlo. Cuesta pedir perdón; pero darlo todavía cuesta más. Si fuéramos humildes de veras, no nos sería tan difícil; pero el orgullo nos lo hace trabajoso. Por eso podemos establecer la siguiente ecuación: a mayor humildad, mayor facilidad; a mayor orgullo, mayor dificultad. Esto te dará una pista para conocer tu grado de humildad.

Acabada la guerra civil española (año 1939), unos sacerdotes excautivos celebraron una Misa de acción de gracias en la iglesia de Els Omells. El celebrante, tras las palabras del Padrenuestro «perdona nuestras ofensas», se quedó parado y no podía continuar. No se veía con ánimos de perdonar a quienes les habían hecho padecer tanto allí mismo en un campo de trabajos forzados. Pasados unos instantes, en medio de un silencio que se podía cortar, retomó la oración: «así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Después se preguntaron cuál había sido la mejor homilía. Todos estuvieron de acuerdo: la del silencio del celebrante cuando rezaba el Padrenuestro. Cuesta, pero es posible con la ayuda del Señor.

Además, el perdón que Dios nos da es total, llega hasta el olvido. Marginamos muy pronto los favores, pero las ofensas... Si los matrimonios las supieran olvidar, se evitarían y se podrían solucionar muchos dramas familiares.

Que la Madre de misericordia nos ayude a comprender a los otros y a perdonarlos generosamente.

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo


¿Quieren eliminar a los cristianos del ámbito de la Salud?

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo

Mary Jean ha tenido que dejar su profesión tras 30 años ejerciendo la atención a enfermos

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo

La ley de la eutanasia que lleva funcionando apenas un año en Canadá sigue cobrándose víctimas tanto de enfermos como del personal médico que se arriesga a ser despedido si no aplica esta normativa que consiste en acabar con la vida de los pacientes a los que juraron curar y cuidar.

La polémica Ley C-14 aprobada por el gobierno del liberal Justin Trudeau, defensor del aborto, la eutanasia y la ideología de género, provocó la muerte de 744 personas tan sólo en los primeros seis meses de vigencia aunque los expertos esperan que siga aumentando hasta superar el 5% de las muertes totales que se produzcan en Canadá.

Eutanasia o despido
Muchos médicos y enfermos se encuentran contra la espada y la pared. Es lo que le ha ocurrido a la enfermera Mary Jean Martin, que como católica ha tenido que enfrentarse a esta nueva ley, o practicar la eutanasia o ser despedida. Estas eran las dos opciones que le dieron a esta mujer que ejercía como coordinadora de atención domiciliaria en Ontario. Actualmente, está sin trabajo porque eligió su conciencia y su fe a provocar la muerte de unos pacientes a los que juró curar y no matar.

La región de Ontario añadió además una disposición a la ley estatal en la que eliminaba el derecho a la objeción de conciencia. Si el personal sanitario se niega a practicar la eutanasia tiene la obligación de indicar al interesado quién se la puede realizar.

Eligió su conciencia a su trabajo
Para ello, las autoridades sanitarias han obligado a firmar un documento en el que el personal sanitario debía jurar que respetará todas las leyes de Canadá, incluida la eutanasia y el suicidio asistido.


Ante esta tesitura, Mary Jean le dijo claramente a su superior que no podía firmar este escrito porque no estaba de acuerdo con la nueva ley. “Se espera que todos los empleados, como servidores públicos presten este juramento de oficio y lealtad. Si no se firma esto se toma como una renuncia automática de su cargo”, le dijo su jefe.

“Cuando me dijeron que tenía que decidir, o el juramento o la renuncia automática, dije que prefería renunciar a comprometer mis creencias”, aseguró esta enfermera a Life Site News.

El quinto mandamiento, muy presente en su trabajo
Como persona creyente, Martín explicó que se toma muy en serio el quinto mandamiento, que dice ‘No matarás’.  Para ella, este mandamiento incluía que no podía ni siquiera ofrecer “cualquier información o dirección” a personas que quisieran quitarse la vida “ya que estaba en contra de mis creencias”.

“Si yo no quería hacerlo (la eutanasia), me dijeron que tenía que dirigir al paciente a alguien que lo hiciera. Pero les dije que no podía en conciencia incluso hacer eso. Yo no quiero jugar ningún papel en la muerte de alguien”, agregó esta enfermera.

Ante la situación que está viviendo, y tras 30 años sirviendo a los enfermos, asegura no poder sentirse orgullosa de ser canadiense. Además, ha enviado una carta al Parlamento y al primer ministro Justin Trudeau, en la que explica como esta nueva ley ha pisoteado sus derechos.



El gobierno canadiense del liberal Justin Trudeau y su partido están liderando este tipo de leyes

"Era buena en mi trabajo"
“Yo era buena en mi trabajo debido a mi formación, mi experiencia y mi compromiso con el cuidado compasivo a ancianos, enfermos, discapacitados o personas vulnerables”, les explicaba esta enfermera.

Además, añadía que espera “poder trabajar como enfermera de nuevo, pero esto puede ser un trágico final a mi carrera, lo que sería una gran pérdida para mí, mi familia y mi comunidad”.

El compromiso de esta enfermera con los enfermos sobrepasaba su horario laboral y su condición de enfermera y cómo incluso ha viajado al santuario de Lourdes por todos los enfermos a los que ha cuidado y los que no.

¿Acabar con la presencia de cristianos en el ámbito de la Salud?
Detrás de esta ley y de la eliminación de la objeción de conciencia está, según esta enfermera, el objetivo de que no haya médicos y enfermos cristianos pues son personajes incómodos que impiden que las políticas pro-muerte vayan a mayor velocidad.

Para Alex Schadenberg, director de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia, es “absolutamente demencial” que el gobierno y las autoridades sanitarias estén “vulnerando los derechos humanos básicos de los ciudadanos que se niegan a matar a sus pacientes”.

Pero no es el único caso de facultativos canadienses que han sido despedidos por oponerse a las prácticas eutanásicas.  Recientemente Religión en Libertad contaba el caso de Kristina Hodggets, una enfermera que también trabajaba en Ontario. Durante años dejó morir de deshidratación a pacientes supuestamente para que tuvieran una buena muerte hasta que un caso concreto le hizo abrir los ojos. Después cuestionó estas prácticas ante sus superiores y fue despedida.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 21 de junio de 2017

Santo Evangelio 21 de junio 2017


Día litúrgico: Miércoles XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)



Hoy, Jesús nos invita a obrar para la gloria de Dios, con el fin de agradar al Padre, que para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre celestial pueda dar de cada uno de nosotros el mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).

La falta de rectitud de intención sería especialmente grave y ridícula si se produjera en acciones como son la oración, el ayuno y la limosna, ya que se trata de actos de piedad y de caridad, es decir, actos que —per se— son propios de la virtud de la religión o actos que se realizan por amor a Dios.

Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.

Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio


La periodista Milly Gualteroni publica en español su bestseller «Arrancada del abismo»

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio

La vida de Milly Gualteroni no tenía la brillantez que aparentaban sus éxitos profesionales.

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio

Grandes opinadores de medios de comunicación italianos no han ocultado su impresión ante el testimonio de conversión de Milly Gualteroni, su influyente compañera de profesión, celebrada periodista habitual de las páginas del Cosmopolitan o el Panorama y de los principales diarios nacionales, que disfrutaba de una sólida presencia en los círculos más glamurosos e influyentes de Milán.

Lo ha dejado por escrito en un libro electrizante, el relato y profundo en su aproximación a los males sufridos por ella y a los bienes recibidos de Dios al final de un recorrido vital atormentado. Arrancada del abismo. De los psicofármacos a la fe (Voz de Papel) acaba de publicarse en España tras agotar ya cuatro ediciones en Italia en menos de dos años.


Con una formación cosmopolita en Estados Unidos y Europa, especializada en Lengua y Literatura Inglesas, la fachada de esplendor de sus éxitos profesionales escondía un drama recurrente y muy temido por ella. Dos veces al año, en torno a los aniversarios de dos hechos que traumatizaron su juventud, sencillamente se hundía en una depresión devastadora que la destruía hasta el extremo. No había conseguido superar los efectos del suicidio de su hermano mayor en 1971, cuando ella tenía 13 años, y de su padre en 1975 cuando ella tenía 18.

Tres intentos de suicidio
Ya en su vida adulta, cuando caía la careta que se ponía en las tertulias políticas y los círculos sociales, aparecía esa realidad de la depresión y de los psicofármacos. Insomnnio, aislamiento, un recorrido de un psiquiatra a otro, de una estancia hospitalaria a otra a la búsqueda de un tratamiento que nunca fue eficaz pero implicaba un continuo trasiego de pastillas.

Intentó suicidarse tres veces a lo largo de unos años marcados por los fármacos y las terapias. Arrojándose a un río, por sobredosis... Sufría además inconscientemente la herida viva de una agresión sexual sufrida en el pasado que su psique había sepultado en un olvido aparente.

Y cuando su descenso a los infiernos parecía completo… irrumpió el Misterio, y esta mujer racionalista que ironizaba sobre la religión empezó a ser protagonista de sucesos impresionantes e inexplicables. Una Luz inesperada liberó su cuerpo y su alma. Y volvió la fe en Alguien que, de forma discreta y amorosa, nunca había dejado de tenderle la mano.

En algún caso, de forma casi literal, como cuando, en su primer intento de suicidio, se debatía por no ahogarse tras lanzarse a unas aguas donde no debía haber habido nadie para rescatarla, pero su instinto vital pidió socorro. O como cuando, en la cripta del Duomo de Milán, pudo poner nombre (Jesús) a una presencia amorosa que le llevaba a una paz desconocida, y al mismo tiempo a exigencias inasumibles para una persona alejada hasta entonces de Él. Las lágrimas que derramó entonces no fueron las lágrimas estériles a las que estaba acostumbrada, sino un impulso decisivo a un cambio de vida.

Tres impactos de la obra
Vittorio Messori, amigo personal de Milly, destaca el valor de estas confesiones en las que lo sobrenatural está muy presente en la vida de alguien que había ido rechazando paulatinamente a Dios desde su adolescencia: "Rosanna, mi mujer, y yo, que la conocemos personalmente muy bien, sabemos hasta qué punto es ajeno a ella la sospecha de ser una crédula visionaria... Su temperamento es positivista, alejado de cierta mística demasiado ilusoria... Si Milly se ha decidido a confesarlo todo, pero absolutamente todo, incluidos algunos episodios tan perturbadores como inexplicables, sin duda no es para sí misma, sino para los demás", explica el escritor, quien añade que "el misterio de lo sobrenatural tiene un papel decisivo en este relato conmovedor de deseo de muerte y de imprevista resurrección".


Milly Gualteroni, junto a monseñor Angelo Riva y Vittorio Messori en la presentación de Arrancada del abismo en Como.

"Es un mensaje positivo para todos", afirma el vaticanista Andrea Tornielli sobre estas páginas: "Para quien busca y para quien sufre del mismo mal oscuro. También para quien quiere enfrentarse con los dramas más profundos de la vida, que tienen que ver con los abismos del alma".

"Esta historia emocionante y realista se lee en un suspiro", confirma Antonia Arslan en Famiglia Cristiana: "Es el viento de Dios que irrumpe, susurrándole al oído, penetrando en sus defensas y sustituyendo la desesperación por esperanza y haciéndole descubrir la intensidad de su Amor".

Carismáticos y monasterios
El relato de Milly Gualteroni adquiere, tras la dureza de una vida de sufrimiento interior, el aire vibrante de una fe y una esperanza reconquistadas hace muy pocos años.

Arrancada del abismo es un expresivo título de significación espiritual que también refleja la mano que tiró de ella para salvarla de su primer intento de darse muerte. Es la historia de una salvación del alma, y también de una salvación de la mente por la salvación del alma.


Milly Gualteroni, durante la presentación de una vida de Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación.

Milly, poco amiga -como recuerda su amigo Messori- de las manifestaciones expansivas de religiosidad, vivió sorprendentes historias en círculos carismáticos. Ha nutrido su reencontrada experiencia de fe en varios movimientos eclesiales. Y, como en las viejas historias de redención, tuvo sabios monjes cuyos buenos consejos seguir.

Es lo que hace más universal su experiencia, más allá de la concreta circunstancia de la depresión que ha superado. "De las tribulaciones y de un largo camino de errores ha nacido una persona nueva, en la que finalmente ha podido tomar forma mi verdadero ser", resume Gualteroni: "Porque, en el fondo, mi depresión era también una especie de des-personalización; la pérdida de mi verdadera identidad de Persona, la que puede crecer y madurar en el armonioso interactuar de cuerpo, mente y alma espiritual". Y ¿quién no puede decir que no necesita también esa armonía?

Fuente: Religión en Libertad

martes, 20 de junio de 2017

Santo Evangelio 20 de junio 2017


Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»
Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu 
(Terrassa, Barcelona, España)



Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,45). ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?

Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...

Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»


Esta católica devota habla ahora de la «dulzura y espíritu materno»

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

Claudia Koll cuenta ahora por el mundo la acción de Dios en su vida

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

De actriz de éxito protagonizando películas eróticas en Italia a devota católica que descubrió en la Iglesia la verdadera dimensión de la mujer. Claudia Koll, cuya conversión fue muy sonada, encontró en la Virgen un camino a seguir que le ha llevado a ser verdaderamente feliz. Cari Filii News relata el testimonio de conversión de esta conocida artista:

Claudia Koll fue una de las estrellas del cine erótico en Italia, muy rentable a inicios de los 90 del pasado siglo. Tenía la fama que le daban sus papeles, como en Cosí fan Tutte, del director Tinto Brassy, y conseguía mucho dinero por ellos. Sin embargo, existía en ella un vacío enorme que no lograba llenar ni con ese éxito ni con los hombres.

Fue en el 2000, año del gran jubileo, cuando esta actriz se convirtió y su vuelta a la Iglesia fue muy sonada debido a los papeles que había protagonizado en el pasado. En este cambio, la Virgen María ha sido fundamental, también antes de su conversión, pues aunque ella no lo supiera ya había una semilla en ella.

Devota de la Virgen de Medjugorje y Fátima
Koll es una devota de la Virgen de Medjugorje, donde ha peregrinado en varias ocasiones, pero Fátima y Lourdes también han sido parte importante para ella. “María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer, a expresar mejor mis cualidades femeninas: la dulzura y el espíritu materno”, aseguraba.

En la entrevista en Medjugorje que recoge Aleteia, Claudia Koll contó cómo la Virgen estuvo cerca de ella durante todo su proceso de conversión y cómo lo pudo sentir así. Y habla concretamente de una experiencia que vivió en este pequeño pueblo bosnio.

Su experiencia con la Virgen
“Es uno de esos momentos en los que todo se detiene. Vi que estaba lloviendo pero no sentía caer la lluvia sobre el paraguas. Es realmente una experiencia maravillosa sentir a la Virgen en el corazón. No se me ocurrió en absoluto buscar signos ni mirar al cielo. Creo que el encuentro tiene lugar dentro de uno”, contaba esta actriz de 52 años.


Claudia Koll explicaba también que la Virgen siempre estuvo con ella aunque no pudiera verla. “Siempre ha estado presente en mi vida, desde que nací. Cuando tenía ocho o diez años, no me acuerdo, vi una película sobre la Virgen de Fátima. Entonces comprendí que la Virgen no era una estatua, era una mujer”.

María, presente en su infancia
La actriz cuenta que en ese momento de su infancia quedó “realmente impresionada al ver que la Virgen había dado una tarea tan importante a los videntes”, niños como ella. “A través de la película sentí que la Virgen me habló de la belleza, la paz, la serenidad”, contaba. Al llegar a su casa hizo una oración en la que pidió a María que llevara ya con ella como hizo con Francisco y Jacinta.

“El Señor no respondió a esa oración pero creo que Él me quiere para dar testimonio de Él. Toda esta experiencia que he tenido me ha ayudado a entender la grandeza de la misericordia divina”.

Hija del Jubileo del 2000
Este proceso que se inicio en el 2000, ella se considera hija del Jubileo, un día en se encontraba desesperada y no sabía qué hacer. Y acabó entrando en una iglesia de Roma.

“Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: ¿Qué quieres de Él?. Yo le dije: ‘Nada, soy una pecadora’. Cuando me hizo la señal de la cruz en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar… Era la respuesta del Señor”, contaba esta mujer, tal y como recogía ReL en un reportaje.

“El Señor me invitaba a vivir sin miedo”
“Comprendí que el amor que había buscado siempre por caminos equivocados era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos los corazones desean: la presencia de Dios. Comencé a degustar la vida y a entender que el Señor me empujaba a vivir sin miedo, porque Él estaba a mi lado”, aseguraba

Ella se dio cuenta de que “el mundo del espectáculo me ha utilizado” y usa “nuestra debilidad y nos golpea allí donde somos más frágiles. Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas”.

“Quería probar emociones fuertes, pero nadie realmente me había enseñado a vivir. Lo más extraordinario para mí ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de mi condición de gran pecadora. Pero después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme. Nada me bastaba, no estaba contenta de verdad con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”, concluía.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 19 de junio de 2017

Santo Evangelio 19 de junio 2017


Día litúrgico: Lunes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

«Pues yo os digo: no resistáis al mal»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos enseña que el odio se supera en el perdón. La ley del talión era un progreso, pues limitaba el derecho de venganza a una justa proporción: sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia; esto es lo que significa el aforismo de «ojo por ojo, diente por diente». Aun así, era un progreso limitado, ya que Jesucristo en el Evangelio afirma la necesidad de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

No obstante, el perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo se ha confundido la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).

Vemos, pues, cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia. San Basilio nos aconseja: «Haced caso y olvidaréis las injurias y agravios que os vengan del prójimo. Podréis ver los nombres diversos que tendréis uno y otro; a él lo llamarán colérico y violento, y a vosotros mansos y pacíficos. Él se arrepentirá un día de su violencia, y vosotros no os arrepentiréis nunca de vuestra mansedumbre».

El bebé nació muerto pero tras una llamada se produjo el milagro: la mística Itala Mela ya es beata


Apóstol de la Santísima Trinidad, sus escritos fascinaron al Papa

El bebé nació muerto pero tras una llamada se produjo el milagro: la mística Itala Mela ya es beata

Itala Mela fue beatificada el pasado 10 de junio


Itala Mela fue una parte importante del catolicismo italiano en la primera mitad del siglo XX y finalmente esta apóstol y mística de la Santísima Trinidad fue beatificada el pasado 10 de junio por el cardenal Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Sus escritos teológicos y sus visiones fascinaron a los principales líderes católicos de la época, incluidos Papas.

Pero si su vida fue fascinante, también lo ha sido el milagro por el que ha podido ser beatificada, tras rescatar de la muerte a un bebé recién nacido. Portaluz relata este milagro y los principales momentos de la vida de la nueva beata:

Hemorragia masiva y parto precipitado
Junto a su esposo, el cardiólogo Daniele Bertoli, la pediatra Francesca Colombani vivía el séptimo mes de embarazo cuando inesperadamente comenzó a sangrar la madrugada del 8 de febrero de 1999.

Tras ser ingresada al hospital de Sarzana (Italia) el ginecólogo, doctor Bernardini, decidió realizar de inmediato un parto por cesárea. Mientras le inyectaban anestesia epidural, Francesca padecía hemorragia masiva, las posibilidades de salvar a su bebé parecían escazas y el equipo médico agilizaba al máximo los procedimientos…



No daba señales de vida
Francesca y su esposo Daniele (imagen de arriba) que estaba con ella, alcanzaron a ver pasar ante sus ojos aquél diminuto cuerpo, de color gris, como un trapo, sin vida. El Test de Apgar en su escala de cero a diez para medir vitalidad, al minuto del nacimiento arrojaba índice cero. En estos casos se debe intentar revivir al bebé durante diez minutos y, si no hay reacción, el protocolo médico suele interrumpir las maniobras, ya sea porque el paciente está inequívocamente muerto o, si llegare a revivir, permanecería en un estado puramente vegetativo.

A los cinco minutos el índice continuaba en cero. Todo indicaba nula esperanza de vida para esa recién nacida. Fue entonces que la enfermera Diva Pellini, movida por una certeza espiritual irrefrenable, salió del lugar… mientras los médicos continuaban su trabajo de reanimación. Fueron apenas un par de minutos los que Pellini tardó en tomar el teléfono, marcar el número del Monasterio de las Clarisas de Sarzana y transmitir a una de las monjas la batalla por la vida que enfrentaba la recién nacida.

Las monjas, que iban precisamente a la capilla, decidieron a su vez pedir la ayuda mediadora de una venerable mujer, la italiana Itala Mela. Así, unidos en intención el cielo y la tierra, oraron con fervor a Dios.

La bebé tiene ahora 18 años
En el hospital tras diez minutos el índice de vitalidad de la niña seguía en cero. Pero al continuar reanimándola, de improviso mostró reacción y al evaluarla el índice se elevó a siete. Mostraba un mejor color de piel, ¡por fin respiraba y tenía frecuencia cardíaca!

Esa niña cuyo nombre es Erminia, tiene a la fecha 18 años de edad y el milagro que a ella le permitió vivir ha sido el fundamento para que el pasado 10 de junio la italiana Itala Mela, conocida como “la mística de Liguria”, fuera beatificada en La Spezia, su ciudad natal.

Itala Mela, del ateísmo a los altares, bajo el signo de la Trinidad


Nació Itala Mela en La Spezia -una pintoresca ciudad costera de la Liguria en Italia-, el 28 de agosto de 1904 como hija de Pasquino y Luigia,  ambos profesores y también conocidos por ser ateos. Sin embargo, desde que cumplió un año de edad hasta los 10 fue criada por sus abuelos. Gracias a ellos conoció de Dios, recibiendo la Primera Comunión y Confirmación poco antes de ser llevada por sus padres el año 1915, tras estallar la Primera Guerra Mundial.

"Señor, te seguiré hasta en la oscuridad, hasta la muerte"
Cinco años después, en 1920, falleció su pequeño hermano, Enrico, de tan solo nueve años de edad. El dolor de esta pérdida le marcó al punto de creer que Dios no existía; y se declaró por años atea… "Después de su muerte, nada", escribió Itala.

No duraría mucho este invierno del alma, pues en la fiesta de la Inmaculada Concepción del año 1922 fue visitada por Dios restaurando su fe que comenzó a cultivar con fervor y rigor en la formación. Ella misma cuenta en sus escritos que la frase “Señor, te seguiré hasta en la oscuridad, hasta la muerte”, se convirtió en su lema.

Ese mismo año finalizó con excelencia los estudios secundarios e ingresó a la Universidad de Génova para obtener una Licenciatura en Letras (se tituló en 1928). En esos años Itala fue una activa miembro de la Federación de Universitarios Católicos Italianos, donde conoció personas que en el tiempo serían líderes al servicio de Dios en la Iglesia… Giovanni Battista Montini (el futuro Papa Pablo VI); Alfredo Ildefonso Schuster (monje benedictino y luego Cardenal Arzobispo de Milán durante la Segunda Guerra Mundial); Divo Barsotti (sacerdote y teólogo) y Agostino Gemelli (franciscano fundador y primer rector de la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán), fueron algunas de esa figuras.

Visiones de la Santísima Trinidad
Pero Itala Mela también sería instrumento de Dios para fortalecer a la Iglesia… el 3 de agosto de 1928 estando en oración, se le permitió ver algo que ella narra como un “haz de luz” en el tabernáculo de la iglesia del Seminario en Pontremoli. Sería la primera de varias visiones que fortalecerían su amor por la Santísima Trinidad y reflexión mística sobre el misterio de Dios.


Tras aquél primer evento extraordinario partió a Milán, eligió como confesor al sacerdote, doctor en derecho canónico, Adriano Bernareggi; iniciando así un camino hacia la consagración laical a Dios como oblata benedictina, coronado el 4 de enero de 1933 en la iglesia de San Pablo Extramuros (Roma) al tomar los cuatro votos benedictinos: pobreza, castidad, obediencia y estabilidad. Pero Itala –marcada por sus visiones- tomó un quinto voto: el compromiso de difundir la verdad de la "inhabitación" de la Santísima Trinidad en el alma… "ayudando a los bautizados, especialmente a los sacerdotes y religiosos, a restaurar la vitalidad que esta certeza otorga a la vida cristiana", escribiría más tarde Itala, quien tomó además por nombre, "María de la Trinidad".

Pío XII, sorprendido y fascinado con su clarividencia
En abril de 1941, fiel a ese quinto voto, presentó al Papa Pío XII un “Memorial”, escrito aceptado con gratitud por el Pontífice donde esta excepcional mujer concentra sus visiones del misterio de la Santísima Trinidad y vínculo con la Virgen María, como espiritualidad de una futura familia sacerdotal de vida eremítica. Los cronistas vaticanos de la época señalan que al conocer ese Memorial, Su Santidad se mostró sorprendido "por tanta luz, tanta humildad y tan profundamente enraizada en la tradición cristiana."

María de la Trinidad, falleció en gracia de Dios el 29 de abril de 1957; sus restos fueron trasladados a la catedral de La Spezia en 1983. El 14 de diciembre de 2015 Papa Francisco autorizó la publicación del decreto del milagro atribuido a su intercesión. La ceremonia de beatificación presidida por el enviado papal, cardenal Angelo Amato, tuvo lugar en La Spezia el pasado 10 de junio de 2017.

Fuente: Religión en Libertad

domingo, 18 de junio de 2017

Santo Evangelio 18 de junio 2017


Día litúrgico: Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo (A) (Segundo domingo después de Pentecostés)

Texto del Evangelio (Jn 6,51-58): En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». 

Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre».


«Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre»
Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat 
(Barcelona, España)



Hoy, todo el mensaje que hemos de escuchar y vivir está contenido en “el pan”. El capítulo sexto del Evangelio según san Juan refiere el milagro de la multiplicación de los panes, seguido de un gran discurso de Jesús, uno de cuyos fragmentos escuchamos hoy. Nos interesa mucho entenderle, no sólo para vivir la fiesta del “Corpus” y el sacramento de la Eucaristía, sino también para comprender uno de los mensajes centrales de su Evangelio. 

Hay multitudes hambrientas que necesitan pan. Hay toda una humanidad abocada a la muerte y al vacío, carente de esperanza, que necesita a Jesucristo. Hay un Pueblo de Dios creyente y caminante que necesita encontrarle visiblemente para seguir viviendo de Él y alcanzar la vida. Tres clases de hambre y tres experiencias de saciedad, que corresponden a tres formas de pan: el pan material, el pan que es la persona de Jesucristo y el pan eucarístico. 

Sabemos que el pan más importante es Jesucristo. Sin Él no podemos vivir de ninguna manera: «Separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Pero Él mismo quiso dar de comer al hambriento y, además, hizo de ello un imperativo evangélico fundamental. Seguramente pensaba que era una buena manera de revelar y verificar el amor de Dios que salva. Pero también quiso hacerse accesible a nosotros en forma de pan, para que, quienes aún caminamos en la historia, permanezcamos en ese amor y alcancemos así la vida.

Quería ante todo enseñarnos que hemos de buscarle y vivir de Él; quiso demostrar su amor dando de comer al hambriento, ofreciéndose asiduamente en la Eucaristía: «El que coma este pan vivirá para siempre» (Jn 6,58). San Agustín comentaba este Evangelio con frases atrevidas y plásticas: «Cuando se come a Cristo, se come la vida (…). Si, pues, os separáis hasta el punto de no tomar el Cuerpo ni la Sangre del Señor, es de temer que muráis».

Así vive un joven su vida como ermitaño: «En el silencio revivo el corazón humillado de Cristo»


El padre Jerónimo Fernández vive en la sierra de Córdoba

Así vive un joven su vida como ermitaño: «En el silencio revivo el corazón humillado de Cristo»

Este eremita lleva una vida intensa de oración que alimenta con el silencio

Así vive un joven su vida como ermitaño: «En el silencio revivo el corazón humillado de Cristo»

En un mundo lleno de ruido y que vive a una velocidad frenética todavía hay personas que intentan seguir a Cristo desde el silencio. Viviendo en el mundo pero sin ser del mundo. El cardenal Sarah lleva tiempo defendiendo la importancia del "silencio" y los ermitaños viven este espíritu de silencio, oración y adoración mostrando al mundo una guia necesaria.

No son muchos y en España son muy pocos. Uno de ellos es el padre Jerónimo Fernández, erémita en la sierra cordobesa y que explica su vida a Alfa y Omega.

Son las 4:30 horas de la mañana en Córdoba, en el parque natural de la sierra de Hornachuelos. Ahora hace calorcito, pero la tierra andaluza engaña porque, contra todo pronóstico, en invierno alcanza temperaturas bajo cero. Hora de levantarse para Jerónimo Fernández, quien dedicará las tres próximas horas a rezar maitines, laudes, hora intermedia y lectio divina en su pequeño eremitorio.

"Vivo en medio de la nada"
"Termino a las 7:30 horas, que es cuando salgo para celebrar la Eucaristía con las monjas", explica a Alfa y Omega, durante una larga conversación. "Como ves me encanta hablar. ¡Ese es el milagro de mi vocación, porque lo último que buscaba era el aislamiento!", explica divertido, con su marcado acento andaluz.

El padre Jerónimo, uno de los tres eremitas que hay en la provincia cordobesa, vive en medio de la nada, en una pequeña aldea formada por diez personas y las 15 carmelitas descalzas del convento de Nuestra Señora de la Sierra.

Sierra de Hornachuelos, en Córdoba

"Este lugar está tocado por Dios. Fue fundado por un discípulo de san Juan de Ávila y después, en el año 1955, estuvo aquí santa Maravillas de Jesús", afirma. Además de la Eucaristía diaria, "tengo la suerte de poder ayudar a las monjas espiritualmente", aunque, reconoce, pasa poco tiempo fuera de su ermita. 

"A las 9:15 horas ya estoy de vuelta a mi soledad. Rezo sexta y después tengo tiempo de trabajo y estudio. Cuido de mi huerto, hago rosarios… además, me formo en Teología Moral y el obispo me pidió que colaborase en la Delegación de las Causas de los Santos". Pero, "¿sabes lo que me pasa cuando me pongo a trabajar en las causas de los mártires? Que me pongo a llorar a lágrima viva y no hay manera de terminar".

"Yo me lo guiso, yo me lo como"
Después del rezo de intermedia y la visita al Santísimo en su pequeño oratorio, es la hora de cocinar con los frutos de la tierra, "que salen directamente de mi huertito. Yo me lo guiso, yo me lo como, y además tengo que decir que soy un cocinero excepcional", asegura. Ahora toca descansar un poco después del madrugón, hasta las 16 horas, "donde venero al Santísimo durante dos horas".

Eso sí, mens sana in corpore sano, así que la hora de paseo por la naturaleza forma parte de su día a día, "que si no, acabo loco perdío", bromea. Una pequeña colación, el rezo de completas y a las 21:30 horas llega la hora de dormir en su celda.

Así se completa un día entero en la vida de un eremita, la vocación de "mayor intimidad del hombre con Cristo", asegura Alberto José González, delegado de Vida Consagrada de la diócesis de Córdoba. "Es una llamada muy poco conocida, pero a la vez muy rica, singular y personal. Pone de relieve el valor perenne del silencio y tiene el matiz que no hay que olvidar de los primeros siglos de la Iglesia, del combate espiritual en el desierto". 

"El eremita está llamado a una lucha personal contra el pecado y el demonio en el desierto". Para el delegado cordobés, esta vida "que no se conoce, que no valora nadie, revive el silencio del corazón humillado de Cristo en un momento en el que vivimos aferrados a una fiebre de estadísticas y resultados".


El padre Jerónimo en compañía del obispo Sarah

Un necesario discernimiento
Lejos de la imagen típica del ermitaño, Jerónimo no es un anciano de barba blanca y larga. De hecho no lleva ni barba –aunque sí hábito gris–, le faltan meses para cumplir los 40 años y hasta hace cinco era sacerdote diocesano de Córdoba. "Pero sentí una llamada dentro de la llamada y aquí estoy", señala.

"Mediante la meditación me di cuenta de que el Señor me pedía una vida de mayor entrega, así que compartí con mi director espiritual y mi obispo el deseo de abrazar una vida en soledad. Me quería consagrar de modo exclusivo para Él".

Aunque una decisión tan importante "había que discernirla bien. Uno no se puede hacer ermitaño y punto", máxime en este momento de la vida de la Iglesia en la que "escasean las vocaciones". Pero "yo veía constantemente cómo el Señor me pedía oración por mis hermanos sacerdotes y por la Iglesia. Y surgió esta inquietud, la de ser un sacerdote que viva la vida por otros sacerdotes. Conozco bien sus miserias, porque yo soy uno de ellos, así que me entrego por ellos".

El tiempo de discernimiento dio paso a la convicción: "El Señor escoge almas por pura misericordia, para que estando junto a Él una vida pueda ser fecunda en medio de la Iglesia".

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 17 de junio de 2017

Santo Evangelio 17 de junio 2017


Día litúrgico: Sábado X del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,33-37): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: ‘No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos’. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’: que lo que pasa de aquí viene del Maligno».


«Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’»
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)


Hoy continúa Jesús comentándonos los Mandamientos. Los israelitas tenían un gran respeto hacia el nombre de Dios, una veneración sagrada, porque sabían que el nombre se refiere a la persona, y Dios merece todo respeto, todo honor y toda gloria, de pensamiento, palabra y obra. Por esto —teniendo presente que jurar es poner a Dios como testigo de la verdad de lo que decimos— la Ley les mandaba: «No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos» (Mt 5,33). Pero Jesús viene a perfeccionar la Ley (y, por tanto, a perfeccionarnos a nosotros siguiendo la Ley), y da un paso más: «No juréis en modo alguno: ni por el Cielo, (...), ni por la Tierra (...)» (Mt 5,34). No es que jurar, en sí mismo, sea malo, pero son necesarias unas condiciones para que el juramento sea lícito, como por ejemplo, que haya una causa justa, grave, seria (un juicio, pongamos por caso), y que lo que se jura sea verdadero y bueno.

Pero el Señor nos dice todavía más: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37). Es decir, nos invita a vivir la veracidad en toda ocasión, a conformar nuestro pensamiento, nuestras palabras y nuestras obras a la verdad. Y la verdad, ¿qué es? Es la gran pregunta, que ya vemos formulada en el Evangelio por boca de Pilato, en el juicio contra Jesús, y a la que tantos pensadores a lo largo de los tiempos han procurado dar respuesta. Dios es la Verdad. Quien vive agradando a Dios, cumpliendo sus Mandamientos, vive en la Verdad. Dice el santo Cura de Ars: «La razón de que tan pocos cristianos obren con la exclusiva intención de agradar a Dios es porque la mayor parte de ellos se encuentran sometidos a la más espantosa ignorancia. Dios mío, ¡cuántas buenas obras se pierden para el Cielo!». Hay que pensar en ello.

Nos conviene formarnos, leer el Evangelio y el Catecismo. Después, vivir según lo que hemos aprendido.

Legalizar el suicidio asistido lanza a las personas discapacitadas la idea de que su vida nada vale


Los argumentos de Zachary Schmoll, él mismo en silla de ruedas

Legalizar el suicidio asistido lanza a las personas discapacitadas la idea de que su vida nada vale

Zachary Schmoll reivindica el valor igual de toda vida humana, también la sometida a discapacidades como la suya propia.

Legalizar el suicidio asistido lanza a las personas discapacitadas la idea de que su vida nada vale

Zachary D. Schmoll, estudiante de doctorado en Humanidades en la Faulkner University de Alabama, alienta un blog de apologética, Entering the Public Square, donde busca aportar la visión cristiana a los grandes debates contemporáneos. Recientemente escribió un artículo en The Public Discourse que, en esa misma línea, cuestiona los argumentos más corrientes a favor del suicidio asistido, y aporta su propio testimonio como persona que necesita ayuda para las tareas cotidianas y una silla de ruedas para desplazarse.

El suicidio asistido le dice a la gente como yo que nuestras vidas no merecen ser vividas
Como hombre con una minusvalía física, necesito mucha ayuda para realizar gran parte de las actividades diarias básicas. Sigo considerándome un pensador independiente, pero mi independencia física está muy limitada debido a mi debilidad muscular severa. Necesito ayuda para conducir, para vestirme, para prepararme las comidas y para realizar otras tareas diarias. Para mí, esto es la vida. Para muchos otros, este nivel de dependencia es motivo para tomar en consideración acabar con su vida.


Zak Schmoll asume su situación de dependencia y busca sacarle el máximo partido a cada dia y a cada oportunidad.

En un estudio de 2005 publicado en el Journal of General Internal Medicine, sobre 35 casos individuales de personas que estaban considerando seriamente el suicidio asistido, 23 de los pacientes querían acelerar su muerte debido a una pérdida en las funciones corporales. Veintidós de estos pacientes lo deseaban porque habían perdido el sentido de sí mismos como personas, mientras que 21 pacientes tenían miedo de cómo sería su futura calidad de vida y su muerte. Para poner este número en contexto, sólo 14 de ellos querían acabar con su vida debido al dolor o a los efectos colaterales del tratamiento del dolor. En cambio, las razones a las que más se alude para pedir el suicidio asistido están relacionadas con la cuestión de la dependencia y la independencia. Nuestra sociedad nos dice que la autonomía es lo que hace que la vida valga la pena ser vivida. Cuando estos pacientes empezaron a perder sus funciones corporales, se les dijo que estaban perdiendo su identidad y su calidad de vida.

Personalmente, como individuo con una minusvalía, creo que tengo una muy buena calidad de vida. Tengo un trabajo que me gusta, tengo amigos a los que me gusta ver, practico un deporte que me gusta y estoy preparando mi doctorado. Tengo una vida plena y disfruto de lo que hago. Por lo tanto, no es sorprendente en absoluto que tenga una alta calidad de vida, a pesar de que tengo menos independencia que la mayoría de las personas. Hago lo que me gusta y estoy agradecido por ello.


Zachary Schmoll, a la derecha de la foto, de verde, juega una modalidad de fútbol para silla de ruedas.

Sin embargo, mucha gente que está en mi situación no disfruta de su vida. Incluso si pudieran, por ejemplo, jugar a fútbol en silla de ruedas eléctrica, como hago yo, seguramente no lo disfrutarían. En lugar de estar agradecidos por la habilidad para practicar un deporte, tal vez sólo verían lo que no pueden hacer, centrándose sólo en lo diferente que es del fútbol que una persona con todas las funciones corporales intactas podría practicar. Obviamente, la calidad de vida se puede ver afectada por la percepción de la propia situación. Debido a mi deseo de disfrutar de la vida, no tomo en consideración la posibilidad del suicidio asistido. Sin embargo muchos, como los del estudio antes mencionado, son propensos a esta elección fatal porque sienten que su vida ya no vale la pena ser vivida. Estas personas sienten que su vida es de inferior calidad porque han perdido su independencia.

¿Qué perspectiva debería reforzar nuestra sociedad?

Mejor muerto que minusválido
Legalmente, el gobierno tiene dos posibilidades de elección.

Las leyes que prohiben el suicidio asistido fomentan una visión del mundo que dice que hay valor en la vida y que ésta no debe descartarse basándose en la percepción subjetiva del individuo sobre su situación. Estas leyes nos enseñan que nuestras vidas tienen un valor objetivo, incluso si nosotros no reconocemos nuestro propio valor. Y enseñan a todos a ayudarnos a encontrar el valor de nuestra vida, y a disfrutarla.

Pero al legalizar el suicidio asistido, afirmamos algo muy distinto. Entonces las leyes comunican la idea de que el suicidio puede ser una elección razonable, moral y socialmente aceptable, porque algunas vidas ya no tienen valor. El suicidio está prohibido en todas las otras circunstancias, por lo que manda el mensaje que la mayoría de las vidas tienen valor por lo que deben ser protegidas por la ley, incluso cuando la persona no vea ese valor. Sin embargo, en algunas circunstancias y, concretamente, cuando una persona pierde su independencia, esta protección no se aplica. Legalizando el suicidio asistido la sociedad está afirmando que es mejor estar muerto que ser minusválido; que es mejor estar en la tumba que vivir con una independencia reducida. Este mensaje se envía tanto a gente minusválida como yo, como a todos los que interactúan con nosotros.

Obviamente, éste es un paso aterrador para personas como yo. Al legalizar el suicidio asistido, nuestros líderes políticos están diciendo que si alguna vez tuvieran que vivir una vida como la mía, querrían tener la oportunidad de acabar con todo. Quieren tener la capacidad de "morir con dignidad". Esto plantea la seria cuestión de cómo perciben ellos mi vida. ¿No estoy viviendo con dignidad porque me falta independencia física? ¿Hay un vínculo inevitable entre dignidad y fuerza física? Parece que los defensores del suicidio asistido piensen que lo hay.

Esta perspectiva ha penetrado en nuestra sociedad. Consideremos el caso de Randy Stroup. En 2008 se le diagnosticó cáncer de próstata. Al no tener en esa época seguro médico, se dirigió a la sanidad pública del estado de Oregón para que cubriera los gastos de la quimioterapia. La quimioterapia es cara y Stroup recibió una carta que denegaba su petición. Pero el estado estaría dispuesto a pagar su suicidio asistido. Aparentemente Stroup tenía tan pocas posibilidades de mejorar que el estado de Oregón decidió que no valía la pena proporcionarle el tratamiento.


Randy Stroup: matarle resultaba más económico que paliar su enfermedad.

Debemos centrar nuestros esfuerzos en favor de la gente con enfermedades terminales y, así, mejorar los cuidados paliativos y la atención en centros especializados, y no para asistirlos en sus suicidios.

Por suerte, por ahora no tengo personalmente unos gastos médicos enormes. No necesito ningún medicamento que me salve la vida. Sin embargo, mi minusvalía es debida a una atrofia muscular, por lo que mis músculos son cada vez más débiles. Como Stroup, no mejoraré. Es una minusvalía progresiva que permanecerá siempre, incluso si se trata con medicación para que mantenga o mejore de manera temporal mi fuerza.

Este hombre, Stroup, fue considerado no merecedor de recibir el tratamiento -su vida no era merecedora de ser preservada-, porque no se iba a recuperar de su enfermedad. Su vida perdió su valor porque tenía una condición de minusvalía. De repente, el suicido se convirtió en una elección aceptable. Si Stroup no hubiera tenido la firme voluntad de vivir, tal vez hubiera aceptado la valoración que el estado daba de su persona. Tal vez hubiera aceptado la decisión del estado de que ése era el momento adecuado de acabar con su vida.

Construir una cultura de vida
Afortunadamente, aunque soy minusválido, el suicidio no me atrae en absoluto. Tengo suerte: tengo autoestima y disfruto mucho con mi vida. He sido bendecido de muchas maneras y tengo muchas razones para querer seguir viviendo tanto como pueda. He aceptado mi minusvalía y la dependencia que conlleva. No soy público objetivo para el suicidio asistido.

Sin embargo, es natural que la persona que está perdiendo su independencia luche con un sentimiento de autoestima e identidad, y que la invadan pensamientos depresivos y negativos. Es normal preguntarse si la vida puede ser tan buena como lo era antes. En respuesta a estas preguntas, lo que hacen los defensores del suicidio asistido es reforzar estas dudas, de tal modo que las implicaciones sean mortales. Les dicen a las personas como yo que como hemos alcanzado un cierto punto de minusvalía, enfermedad o limitación, podemos tirarlo todo por la borda. Nos dicen con dulzura: "Ciertamente, entenderíamos que usted no quiera vivir. Porque nos preocupamos por su dignidad, queremos que tenga la oportunidad de matarse, visto que claramente su vida ya no tiene valor".

Mucha gente habla sobre la cultura de la vida en relación al aborto; pero hay que aplicarla también a lo relacionado con el fin de la vida. En lugar de afirmar que el suicidio es lícito cuando uno se enfrenta a una situación de minusvalía, es en estos tiempos de vulnerabilidad cuando debemos recordarnos los unos a los otros que nuestras vidas son siempre válidas, a pesar de -o, tal vez, a causa de- nuestra dependencia de otros.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 16 de junio de 2017

Santo Evangelio 16 de junio 2017


Día litúrgico: Viernes X del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,27-32): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘No cometerás adulterio’. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.

»También se dijo: ‘El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio’. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio».


«Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio»
+ Pare Josep LIÑÁN i Pla SchP 
(Sabadell, Barcelona, España)


Hoy, Jesús continúa profundizando en la exigencia del Sermón de la Montaña. No deroga la Ley, sino que le da plenitud; por eso, su observancia es algo más que el simple cumplimiento de unas condiciones mínimas para tener en regla los papeles. Dios nos da la Ley del amor para llegar a la cima, pero nosotros buscamos el modo de convertirla en la ley del mínimo esfuerzo. ¡Dios nos pide tanto...! Sí, pero también nos ha dado lo máximo que puede dar, ya que se ha dado a sí mismo.

Hoy, Jesucristo apunta alto al manifestar su autoridad sobre el sexto y el noveno mandamiento, los preceptos que se refieren a la sexualidad y a la pureza de pensamiento. La sexualidad es un lenguaje humano para significar el amor y la alianza, por tanto, no puede ser banalizada, como tampoco podemos convertir a los demás en objetos de placer, ¡ni siquiera con el pensamiento!, de aquí esta afirmación tan severa de Jesús: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,28). Es preciso, pues, cortar el mal de raíz y evitar pensamientos y ocasiones que nos llevarían a obrar lo que Dios aborrece; esto es lo que quieren indicar tales palabras, que pueden parecernos radicales y exageradas, pero que los oyentes de Jesús entendían en su expresividad: saca, corta, arroja...

Finalmente, la dignidad del matrimonio debe ser protegida siempre, pues forma parte del proyecto de Dios para el hombre y la mujer, para que en el amor y en la mutua donación se conviertan en una sola carne, y al mismo tiempo es signo y participación en la Alianza de Cristo con la Iglesia. El cristiano no puede vivir la relación hombre-mujer ni la vida conyugal según el espíritu mundano: «No debéis creer que por haber escogido el estado matrimonial os es permitido continuar con una vida mundana y abandonaros a la ociosidad y la pereza; al contrario, eso mismo os obliga a trabajar con mayor esfuerzo y a velar con más cuidado por vuestra salvación» (San Basilio).

En sólo 10 años el número de exorcismos se ha triplicado, alertan preocupados los obispos franceses


Miles de personas acuden cada año a los exorcistas de París

En sólo 10 años el número de exorcismos se ha triplicado, alertan preocupados los obispos franceses

Los exorcistas alertan continuamente de los peligros de abrir la puerta al demonio como por ejemplo con la ouija, muy popular entre los jóvenes

En sólo 10 años el número de exorcismos se ha triplicado, alertan preocupados los obispos franceses


El número de exorcismos no para de aumentar en Francia y la cifra de personas que acude a la Iglesia pidiendo ayuda ante posibles casos de posesión o influencia demoníaca se está multiplicando. El que hace este análisis es el sacerdote Emmanuel Coquet, secretario general adjunto de la Conferencia Episcopal francesa, desde donde también coordina la Oficina Nacional de Exorcistas.

En todas las diócesis francesas, más de 90, hay ya al menos adjudicado un exorcista cuya misión le ha sido encomendada por el obispo. En estos momentos, hay 120 sacerdotes desempeñan este ministerio. Hace no más de 30 años no superaban los 30, por lo que había decenas de diócesis en las que no había exorcista.

“Hay un marcado aumento. Los exorcistas son golpeados por un fenómeno que se está volviendo cada vez más importante”, asegura este sacerdote al diario Le Figaro, mientras explica que cada exorcista es asistido por un equipo de laicos y religiosos.

50 exorcismos y 2.500 peticiones al año sólo en la zona de París
Coquet da cifras de esta evolución poniendo como ejemplo la Isla de Francia, la región que alberga la ciudad de París y sus alrededores, zona que suma más de 12 millones de habitantes. Esta región está conformada por ocho diócesis: Creteil, Evry, Meaux, Nanterre, Paris, Pontoise, Saint-Denis y Versailles, en las que hay más de 7 millones de católicos y cuyo arzobispo metropolitano es el cardenal  Vingt-Trois.


Emmanuel Coquet deja claro a los lectores de Le Figaro que el demonio es real, no algo "simbólico"

Hace diez años se producían en la Isla de Francia un máximo de 15 exorcismos al año. En la actualidad se realizan más de 50. Las cifras se han disparado en unas diócesis a las que llegaron el año pasado más de 2.500 peticiones. Se produce un exorcismo por cada 143.000 católicos y una petición de ayuda a la Iglesia por cada 2.800 católicos. Y los obispos se están viendo obligados a nombrar más exorcistas pues los que hay no pueden hacer más.

"Todo es real", advierten desde la Conferencia Episcopal francesa
El sacerdote asegura que el demonio no es algo “simbólico” sino que la gente está realmente  afectada por la influencia del “mal”. Pero para ello, asegura, primero hay que hacer una “verdadera obra de discernimiento” pues no todo “está sujeto a un exorcismo, ni mucho menos”. Antes la Iglesia Católica utiliza exámenes psiquiátricos y médicos para determinar si la persona lo que necesita es a un exórcista o a un facultativo.

Coquet habla de lo que ha visto y le han contado los exorcistas franceses: personas que muestran una fuerza sobrehumana, que hablan lenguas que no conocen, odio a todo lo religioso. “Todo esto es real, no se puede inventar”, agrega el secretario general adjunto de los obispos franceses.

Atiende a más de 10 personas al día
En Isla de Francia hay al menos cuatro exorcistas pero no de todos se conoce su identidad. La Oficina Nacional de Exorcistas sólo publica dos nombres para estas diócesis: Jean Pascal Duloisy y George Berson.

El primero de ellos lleva años como exorcista. El padre Duloisy mostraba en una entrevista en Vice su ajetreado día a día. “Más o menos recibo 10 personas al día, todo el año. Trabajo con un equipo de de 15 personas, tanto religiosos como laicos, quienes me ayudan a hacer un diagnóstico para determinar si es necesario un exorcismo. En realidad, los exorcismos son muy raros. Solamente el 1 o 2% necesita un exorcismo”, asegura este sacerdote que realiza su trabajo en la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro de París.


En esta sala de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se realizan los exorcismos en París

"El mal es concreto e inteligente"
Además, explicaba que “la mayoría de las personas que vienen a vernos crecieron en familias marcadas por heridas psicológicas profundas y pérdidas graves, que son puertas de entrada para el Diablo. Veo muchas víctimas de violación, incesto y violencia. Recibo tanto a hombres como mujeres, de todas las edades y de todos los estratos sociales. Lo que tienen en común es que todos sienten un sufrimiento enorme, a veces reprimido durante años, que ni la psicología, las medicinas o los brujos han podido aliviar”.

El exorcista de París insiste una y otra vez en todos los ámbitos a los que puede llegar que el demonio existe y es real. “Debo aclarar que el exorcismo no es magia. No estamos hablando de algo hipotético. El mal es concreto e inteligente. Se mete poco a poco y nunca lo hace al azar. El Diablo se manifiesta por medio de la sugestión: la proposición del mal. Después viene el deleite: el placer de aceptar la proposición. Y al final, el consentimiento: la determinación de hacer el mal. Los tres dominios de tentación son las tres actividades principales del hombre: el poder, el dinero y el sexo”.

"Una vez vi a un hombre que no hablaba, ¡rugía!"
Por todo ello, este religioso francés advierte de que “hay que poner a un guardián en las puertas del corazón”. Así, explica que “hay que evitar las drogas, el alcohol y la pornografía. Tampoco debemos invocar espíritus, ni siquiera por diversión. El espiritismo, los videntes, los brujos y la magia negra favorecen la acción del Diablo”.


El padre Duloisy, exorcista en Isla de Francia, presidiendo la misa

El otro exorcista, el padre Berson, avisa de que “el demonio está al acecho” y por ello asegura que el mejor remedio es amar a Cristo, llevar una vida de piedad y practicar los sacramentos. Pero para los que piensan que el demonio es algo del imaginario del hombre cuenta un hecho que vivió en un exorcismo: “una vez vi a un hombre que no hablaba, ¡rugía! Sus expresiones faciales mostraban  la cara de un león”.

Un fenómeno global
El fenómeno que se está viviendo en Francia con el aumento de casos de posesión no es algo aislado sino más bien común en toda la Iglesia universal. El pasado mes de marzo, exorcistas de Estados Unidos hablaban del alarmante número de casos que les llegaban. “El problema no es que el demonio haya aumentado su juego sino que más personas están dispuestas a jugar”, aseguraba el padre Vincent Lampert.

Pero además en numerosas diócesis están teniendo que multiplicar el número de exorcistas. Algo que ocurrió por ejemplo de Madrid cuando en 2013 el entonces arzobispo, el cardenal Rouco, nombró ocho exorcistas ante la avalancha de casos. También Milán multiplicó el número de sacerdotes encargados de luchar contra el demonio. Y como estas, muchos obispos tratan de frenar los ataques del demonio en sus diócesis.

Fuente: Religión en Libertad