sábado, 18 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 18 de noviembre 2017



Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’». 

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».


«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
+ Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó 
(Rubí, Barcelona, España)



Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.

A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche (...)?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron


El almirante Shinjiro Yamamoto visitó al Papa y murió 3 meses después de Pearl-Harbour

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

El almirante japonés Shinjiro Yamamoto en su juventud

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

En 1944, cuando las tropas norteamericanas iban tomando, una tras otra, las islas de la Micronesia en combate con el Japón imperial, las tropas japonesas mataron a siete misioneros jesuitas españoles, personal desarmado, no combatiente y neutral, junto con varios de sus feligreses. A seis de ellos les dispararon al pie de una fosa común en Babeldaob, la mayor de las Islas Palaos, el 18 de septiembre de 1944. Al séptimo lo torturaron y decapitaron en Rota, una isla al sur de las Marianas. 

¿Cómo habían llegado esos misioneros españoles a la Micronesia, que dependía de Japón desde 1921? Los había invitado Japón mismo, en parte por sugerencia de uno de los católicos más influyentes del Japón moderno: el almirante Shinjiro Yamamoto. 

Yamamoto, católico devoto desde su adolescencia, veterano de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904, no supo de la matanza de misioneros, que le habría horrorizado. Había muerto dos años antes, el 28 de febrero de 1942, con 64 años, 3 meses después del ataque de Pearl-Harbour (dirigido por otro almirante muy distinto, Isoroku Yamamoto) y la entrada de Japón en guerra con EEUU. Shinjiro no llegó a ver los horrores de esta guerra. 


  Shinjiro Yamamoto, almirante, católico, caballero de Malta
(se ve su condecoración) y un tutor del príncipe Hirohito

La conversión de un joven rico y pagano
En el libro de 1938 Though Hundred Gates, de Severin y Stephen Lamping, que recoge diversas historias de conversión a la fe católica en primera persona, el almirante Yamamoto explica cómo se convirtió en 1893, cuando tenía 16 años. 

Su padre era rico y vivía en el campo, y se negaba a dejar que su hijo, desordenado y poco considerado con los demás, estudiase en Tokio, donde estaba convencido que adquiriría sólo más vicios y aportaría deshonor a la familia. Entonces, un verano, unos europeos le alquilaron una propiedad para pasar unos meses: eran misioneros maristas recién llegados, con trajes negros y bufandas negras. Acababa de llegar la libertad religiosa solo en 1889 y el cristianismo era visto por los ricos y nobles como una religión extranjera y aborrecible. 

El padre preguntó a qué se dedicaban, y ellos explicaron: ""Educamos y formamos a los jóvenes muy estrictamente; quien sea aceptado en nuestro centro debe seguir la planificación diaria punto por punto y puede dejar la casa solo en ciertas ocasiones. Insistimos en la puntualidad. Tres días a la semana se habla inglés, y otros tres días, francés". 

Inglés, francés y educación estricta y disciplinada: eso convenció al padre del joven Shinjiro y así lo incribió en la que sería la prestigiosa escuela marista Estrella Matutina, Gyosei. El joven, que había disfrutado de actividades de verano con los hermanos más jóvenes, fue encantado. La mayoría de los alumnos eran adolescentes de familias ricas y antiguas que despreciaban la religión cristiana. 

"Yo sentía lo mismo que los demás", escribía el almirante más de 40 años después. "Detestaba la religión-Yaso [de Jesús] desde el fondo de mi alma, y naturalmente chocaba con mis profesores, que se veían retados por mi actitud. Sin embargo, al carecer yo de formación religiosa, no podía argumentar frente a ellos, y con el tiempo me sentí obligado a  admirarles".

Admiración por su vida obediente
"Aprendí sobre su vida espiritual y privada, como cada uno se sometía a su superior con obediencia incondicional, independientemente de su nacionalidad, edad o educación. Vi como nos amaban más que a si mismos, como seguían una regla estricta, hacían votos y los vivían de verdad. La explicación para todo eso sólo podía estar en su religión".

Cuando se dio cuenta de esa relación entre virtud y religión, admitió que tenía que hacerse católico. "Había llegado a la determinación de hacer el bien en la vida sirviendo lealmente a Dios y a mi país, y la Divina Providencia guió mis pasos y me ayudó a cumplir mi firme resolución". 

Le costó decidirse a pedir permiso a su padre para hacerse cristiano. En su casa había un altar sintoísta y otro budista, y cada mañana, por tradición familiar antigua, se rendía culto en ambos. Más aún, su padre tenía un cargo como consejero o anciano en un importante templo budista. 

Cuando consultó a su padre, él le respondió que se quitase la idea de la cabeza, que la religión-Yaso era peligrosa para el Estado y que hundiría su carrera para siempre. Aún en 1873, apenas veinte años antes, había cristianos encarcelados por su fe. Ese día de la primavera de 1893, el joven lloró en su cama desconsoladamente. 
   
Pero en las vacaciones de verano, Shinjiro insistió a su padre: "Es mi firme convicción de que puedo guardar mi alma del error sólo si soy católico. Por eso te pido permiso. Tú me lo niegas. Pero valoras el honor por encima de todo. Así que si un día traigo el deshonor a esta casa, niego tener toda responsabilidad".

(O dicho de otra forma: si quieres tener un hijo virtuoso y disciplinado, permíteme seguir esa religión.) 

El padre cedió tras esta argumentación y en la Vigilia de Navidad Shinjiro fue bautizado con el nombre de Esteban. Era el primer bautizo y el primer converso en la escuela, el primer japonés bautizado por esos maristas. 


  Una visión japonesa de la guerra contra Rusia de 1904-1905, que consolidó a Japón como potencia internacional

La Guerra Ruso-Japonesa
En 1895 se graduó y entró en la Academia Naval. Participó en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 como oficial, y capitaneando el buque insignia Mikasa. Sucedió algo que conmovió al mundo: Rusia, el enorme imperio que había vencido al mismísimo Napoleón, perdía ante un país no occidental, una potencia "novata" como Japón.

En las negociaciones de rendición entre los almirantes Masayuki y Nebogatov, él actuó como intérprete, por su dominio del francés, aprendido con los maristas. Se casó con la hija de un banquero rico y tuvieron varios hijos, a los que formó en la fe. Su vida familiar fue feliz y uno de sus hijos escribiría un libro recordándolo.

"Tomé parte en tres batallas y, extrañamente, más de una vez me salvé milagrosamente de morir", explicaba Shinjiro en los años 30, sin detallarlo más, en su testimonio de conversión.

Con mensajes para el Papa...
"Después el Gobierno me encargó -por primera vez en la historia de Japón- llevar un mensaje al Santo Padre", ya en 1915. Más aún, acompañó al príncipe heredero Hirohito en su primer viaje por Europa y después se convirtió en uno de sus tutores y maestros en la corte en Japón durante 20 años. 

En 1919, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial, fue recibido por el Papa Benedicto XV. Las Islas Carolinas, las Marianas y las Marshall dejaban de ser territorios alemanes para pasar a ser protectorados japoneses. Los japoneses expulsaban a los misioneros alemanes de esas islas... pero querían misioneros cristianos, si eran de un país neutral. Y así fue como Shinjiro pactó con el Papa el envío de 20 jesuitas españoles. 


  Una tarjeta de visita del  capitán Yamamoto de las que usaba en Roma siendo aún solo capitán; en esta explica en inglés a un "reverendo padre" que "lamenta de corazón" no haberle encontrado

En su vida visitó 6 veces el Vaticano y habló con 4 Papas distintos, todo un récord para un japonés. En 1936 fue nombrado caballero de la Orden de Malta (a menudo mostraba su insignia) y en 1938 visitó Tierra Santa. 

Ese mismo año, mientras China se desangraba en una guerra con Japón, aseguró en el Vaticano que el nuevo Emperador Hirohito, que había sido su pupilo, era un hombre pacífico, pero que no podía hacer nada frente a la masa popular y muchos oficiales que eran militaristas y expansionistas. 

Hay que tener en cuenta que también la madre de Hirohito, la emperatriz Sadako, admiraba la fe cristiana, tenía amigos y consejeros cristianos cuáqueros (famosos por su pacifismo), había sido educada por un matrimonio cuáquero y aunque se mantuvo sintoísta leía la Biblia cada día (lo explica el libro de Kevin M. Doak "Jesuit's Legacies"). Todo eso contrastaba con un país militarizado, expansionista y ultranacionalista.

En Japón Shinjiro apoyó a la Iglesia con donativos y favores y lanzó la creación de una asociación de Jóvenes Católicos. Murió en su país en 1942, tres meses después de la entrada de Japón en guerra con EEUU. 

Los jesuitas españoles en la Micronesia
Por obra de las negociaciones de Shinjiro Yamamoto en 1921 ya llegaban los 20 jesuitas españoles en la Micronesia. El portavoz japonés en la Liga de las Naciones, Mitsuada Horiguchi, proclamaba discursos sobre "la educación y la religión como los dos métodos más eficaces para asegurar, a la larga, el desarrollo de los habitantes". 


  Sellos con escenas de las misiones jesuitas en las Islas Carolinas 

La Sociedad de Naciones pedía a Japón "desarrollar y civilizar" esas islas, y Japón estaba convencido -quizá por la influencia de personas como Shinjiro y la emperatriz Sadako- de que los misioneros eran la clave. Los inspectores japoneses, cuando veían islas casi sin alcoholismo, con la población vestida y ocupada en mil quehaceres y los niños acudiendo a escuelas -católicas o protestantes-, quedaban satisfechos. Incluso permitieron en 1927 que volvieran algunos misioneros alemanes protestantes en las Carolinas y las Palaos.  

Tadao Yanaihara, un investigador japonés de tradición cristiana, que viajó por las islas a principios de los años 30, considerado la mejor fuente histórica de esos años, escribió, pensando en sus lectores japoneses: "el cristianismo ha hecho más que ningún otro agente para romper el totemismo y liberar la mente nativa de las garras del miedo supersticioso y la dominación del hechicero". Los misioneros lograron que los nativos se vistieran, que restringieran sus "impulsos licenciosos", que mejorara la salud e higiene y acabaran las frecuentes guerras entre islitas y clanes. 

Un comandante naval japonés visitando la isla de Losap quedó tan impresionado con el comportamiento de los nativos que prometió al profesor misionero que no dejaría que ningún extranjero sin fe llegase a la isla para dar mal ejemplo. 

Los misioneros y los jesuitas eran, pues, amados y respetados por los nativos y por los japoneses.

Pero en 1941, al empezar la Guerra, todo cambió.

El desastre de la Guerra Mundial
Llegaron nuevas las autoridades militares, que veían espías en cualquier extranjero. También cometían tropelías contra la población civil y les molestaba que los misioneros occidentales pudieran ser testigos. Interrogaron a los jesuitas españoles, los encerraron en varias ocasiones, les mantenían vigilados y les invitaban a marchar, aunque España era no solo neutral, sino incluso simpatizante del Eje.


Sello de Palaos recuerda a los jesuitas españoles

Después, los americanos empezaron a ganar la guerra y avanzar isla tras isla. Los mandos japoneses habían ido fanatizándose y desesperando cada vez más.

Trajeron a Babeldaob, desde la isla de Yap, a 3 jesuitas: Luis Blanco Suarez (canario de 48 años), Bernardo de Espriella (de 54 años, nacido en Colombia), y Francisco Hernández Escudero (extremeño de Zafra, de 57 años). En Yap había unos 3.000 habitantes, y 2.000 eran católicos.

Los encarcelaron con los 3 jesuitas que ya estaban en las islas Palaos: Elías Fernández González (de Vegamián, en León, de 64 años; parece que toda la isla de Tobi, con etnia y lengua propia, se convirtió por su predicación), Marino de la Hoz del Canto (de León, de 58 años) y Emilio del Villar Blázquez (de Villarejo del Valle, Ávila, de 51 años). 

Hay distintas versiones sobre cuánto tiempo estuvieron detenidos y cómo fueron torturados, aunque no hay duda de que sufrieron por enfermedades, mala alimentación y falta de ropa y refugio adecuado. El 18 de septiembre de 1944 la policía militar japonesa los llevó junto a una fosa excavada en la selva y los fusiló allí mismo. 

Un tiempo después, sacaron los cadáveres, los quemaron para dificultar su reconocimiento, y los volvieron a esconder. Los americanos supieron estos datos por los testigos, y los comunicaron a la Orden jesuita, pero aún no se han encontrado los cadáveres ni el lugar de la ejecución. Tanto en Yap como en Palaos los católicos nativos los recuerdan como mártires y misioneros. 

El otro jesuita español asesinado en Micronesia en esa época fue el hermano Miguel Timoner Guadera, de Manacor, Menorca, que tenía 51 años. Había estado cuidando al padre Juan Pons que murió de una úlcera en la pierna en 1944 en la isla de Rota, en las Marianas. Él y otros cinco católicos fueron después detenidos y llevados a Saipán, la capital de las Marianas, encarcelados varios meses y torturados. Se les acusaba de espías. Después fueron devueltos a Rota, que no sería asaltada por los americanos hasta el último día de la guerra. Un día de noviembre de 1944 el jesuita y sus 5 feligreses fueron ejecutados por decapitación. No se sabe donde fueron enterrados sus cuerpos. 

(Este blog en inglés da algunos más datos de los mártires y de su compañero el padre Jesús Baza, que era chamorro, es decir, nativo de Guam)

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 17 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 17 de noviembre 2017



Día litúrgico: Viernes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».


«Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían»
Fr. Austin NORRIS 
(Mumbai, India)


Hoy, en el texto del Evangelio son remarcados el final de los tiempos y la incerteza de la vida, no tanto para atemorizarnos, cuanto para tenernos bien precavidos y atentos, preparados para el encuentro con nuestro Creador. La dimensión sacrificial presente en el Evangelio se manifiesta en su Señor y Salvador Jesucristo liderándonos con su ejemplo, en vista a estar siempre preparados para buscar y cumplir la Voluntad de Dios. La vigilancia constante y la preparación son el sello del discípulo vibrante. No podemos asemejarnos a la gente que «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían» (Lc 17,28). Nosotros, discípulos, debemos estar preparados y vigilantes, no fuera que termináramos por ser arrastrados hacia un letargo espiritual esclavo de la obsesión —transmitida de una generación a la siguiente— por el progreso en la vida presente, pensando que —después de todo— Jesús no regresará.

El secularismo ha echado raíces profundas en nuestra sociedad. La embestida de la innovación y la rápida disponibilidad de cosas y servicios personales nos hace sentir autosuficientes y nos despoja de la presencia de Dios en nuestras vidas. Sólo cuando una tragedia nos golpea despertamos de nuestro sueño para ver a Dios en medio de nuestro “valle de lágrimas”... Incluso debiéramos estar agradecidos por esos momentos trágicos, porque seguramente sirven para robustecer nuestra fe. 

En tiempos recientes, los ataques contra los cristianos en diversas partes del mundo, incluyendo mi propio país —la India— han sacudido nuestra fe. Pero el Papa Francisco ha dicho: «Sin embargo, los cristianos están esperanzados porque, en última instancia, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: ‘Quien pierda su vida, la conservará’ (Lc 17,33)». Ésta es una verdad en la que podemos confiar… El poderoso testimonio de nuestros hermanos y hermanas que dan su vida por la fe y por Cristo no será en vano.

Así, nosotros luchamos por avanzar en el viaje de nuestras vida en la sincera esperanza de encontrar a nuestro Dios «el Día en que el Hijo del hombre se manifieste» (Lc 17,30).

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración


Douglas McKay es el capellán de la Calix Society y las casas de acogida Our House Ministries

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

El padre Douglas McKay combina los sacramentos y oración con un programa de 12 pasos para que muchos dejen la droga

El sacerdote Douglas McKay lleva más de 40 años acogiendo a adictos a las drogas y ayudándoles a sanar su adicción.

Cuenta que ya de niño su madre le daba platos de comida para llevar a los alcohólicos en las esquinas cercanas. “Tenía que esperar el plato y el tenedor y traerlos de vuelta”, dice riéndose. 

En el barrio de Grays Ferry, en Filadelfia, donde él nació, las drogas dañan a los trabajadores y los desempleados. Allí se fundó un ministerio católico para ayudar a adictos en 1997, Our House Ministries (ourhouseministries.org) de la cual el padre McKay es su capellán.


Muertes en la familia
Dos años antes, el propio hermano del sacerdote, Anthony, había muerto de sobredosis. 

“Murió en una casa de crack, con una aguja en el brazo”, cuenta padre Douglas al Catholic Philly, el periódico de la arquidiócesis, en un artículo resumido por Portaluz. “Tenía solo 30 años”.

Otro de los hermanos del sacerdote, Harry, también fue atrapado por la adicción después de servir en Vietnam, pero gracias al programa de Our House Ministries lleva ya sin drogarse 25 años. “He perdido a mi familia, amigos, primos,  por la adicción”, afirma el padre Douglas. “No es una epidemia sino una pandemia”.

Sanación con oración, sacramentos y acogida
El sacerdote y el equipo de Our House Ministries combaten la droga con hogares para recuperación y programas de sanación basados en la fe. Enfatiza el sanar el alma con oración y los sacramentos, particularmente la Eucaristía y la confesión, señala padre Douglas. “Se curan”, dice. “El médico divino es el médico de la mente y del alma”.


  Dos centros de acogida están dedicados a los arcángeles San Miguel y San Rafael

La misa se celebra los días laborables en una de las tres capillas que atienden, dedicadas a los arcángeles San Miguel, San Rafael y al venerable Matt Talbot, un asceta irlandés -alcohólico liberado por su fe, lea aquí toda su historia- cuya intercesión es ampliamente invocada entre quienes buscan superar el abuso de sustancias. El Ángelus, la adoración, la bendición y otras devociones también se observan diariamente en los tres lugares.

Las casas de recuperación del ministerio proveen refugio y estructura para los residentes, quienes deben asistir a la Misa dominical y reuniones semanales de la Sociedad Calix (www.calixsociety.org), una organización católica internacional de laicos que proponen a los participantes un programa de 12 pasos para lograr la liberación de su adicción.

La Calix Society se define como "una asociación de alcohólicos católicos que mantienen su sobriedad mediante la participación y afiliación en la Fraternidad de Alcohólicos Anónimos". Y destaca la importancia clave del capellán en sostener a esta asociación. El Padre Douglas McKay es actualmente el capellán nacional en Estados Unidos de Calix.

Cinco laicos en misa a las cinco de la mañana
“Todo empezó con un sacerdote alcohólico”, recuerda… Frustrados por la incapacidad del sacerdote para mantenerse sobrio, cinco laicos pidieron que se celebrara una misa diaria a las 5 de la mañana para rezar por su recuperación. Después de varias semanas de misas y sacrificios, el sacerdote pudo mantener su sobriedad y la Sociedad Calix surgió poco después.


  Llaman a esta imagen "Nuestra Señora de la Recuperación"

“Llevar a la gente a la Eucaristía es realmente llevarlos a la gracia sanadora del corazón de Cristo” enseña el Padre Douglas y, señalando hacia el tabernáculo en la capilla de San Rafael, añade: “Ahí está el remedio, ahí es donde fluyen todas las gracias. Eso es lo que predicamos como católicos… Puedes ver la imagen de Dios en los adictos, y puedes amarlos. La adicción es abrumadora, es poderosa. Pero Cristo es más poderoso”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 16 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 16 de noviembre 2017



Día litúrgico: Jueves XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros». 

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».


«El Reino de Dios ya está entre vosotros»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, los fariseos preguntan a Jesús una cosa que ha interesado siempre con una mezcla de interés, curiosidad, miedo...: ¿Cuándo vendrá el Reino de Dios? ¿Cuándo será el día definitivo, el fin del mundo, el retorno de Cristo para juzgar a los vivos y a los difuntos en el juicio final?

Jesús dijo que eso es imprevisible. Lo único que sabemos es que vendrá súbitamente, sin avisar: será «como relámpago fulgurante» (Lc 17,24), un acontecimiento repentino y, a la vez, lleno de luz y de gloria. En cuanto a las circunstancias, la segunda llegada de Jesús permanece en el misterio. Pero Jesús nos da una pista auténtica y segura: desde ahora, «el Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17,21). O bien: «dentro de vosotros».

El gran suceso del último día será un hecho universal, pero ocurre también en el pequeño microcosmos de cada corazón. Es ahí donde se ha de ir a buscar el Reino. Es en nuestro interior donde está el Cielo, donde hemos de encontrar a Jesús.

Este Reino, que comenzará imprevisiblemente “fuera”, puede comenzar ya ahora “dentro” de nosotros. El último día se configura ahora ya en el interior de cada uno. Si queremos entrar en el Reino el día final, hemos de hacer entrar ahora el Reino dentro de nosotros. Si queremos que Jesús en aquel momento definitivo sea nuestro juez misericordioso, hagamos que Él ahora sea nuestro amigo y huésped interior.

San Bernardo, en un sermón de Adviento, habla de tres venidas de Jesús. La primera venida, cuando se hizo hombre; la última, cuando vendrá como juez. Hay una venida intermedia, que es la que tiene lugar ahora en el corazón de cada uno. Es ahí donde se hacen presentes, a nivel personal y de experiencia, la primera y la última venida. La sentencia que pronunciará Jesús el día del Juicio, será la que ahora resuene en nuestro corazón. Aquello que todavía no ha llegado, es ya ahora una realidad.

Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina


Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina

Sara Burress se hizo católica y benedictina en 2006, cuando tenía 66 años

Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina

Una cosa es hacerse monja a los 20 o 25 años, casi sin posesiones materiales que dejar, y otra hacerlo a los 66 años, abandonando las seguridades materiales que has adquirido toda la vida, y viejas costumbres, libertades para actuar. Y también creencias del pasado. 

Es el caso de Sara Burress, que con 66 años, en 2006, entró en las Hermanas Benedictinas del Monasterio del Sagrado Corazón en Cullman, Alabama (www.shmon.org).

"Fue difícil. Era como un proceso de duelo que atraviesas cuando pierdes algo. Era duro dejar marchar, no solo mi herencia presbiteriana, sino mi estilo de vida; vivir sin tarjeta de crédito ni cuenta bancaria. Asusta que, de repente, no tienes esas cosas para apoyarte", explica al digital Over The Mountain Journal.

Ministra presbiteriana, con título de teología
Sara no solo era de tradición presbiteriana, la rama protestante que tiene presbíteros (pastores) pero no obispos. Era ministra de culto presbiteriana y tenía un título de teología protestante del Seminario Presbiteriano de Atlanta. Más aún, uno de sus antepasados había llegado de Escocia a Carolina del Sur precisamente como misionero para fundar una iglesia presbiteriana. 

Ella se crió en una familia presbiteriana devota de un pueblecito del Mississippi: "En cuanto abrían las puertas de la iglesia, allí estábamos", recuerda. 

No hubo nunca un momento en su vida en que no sintiese que Dios estaba en ella, presente. Sí hubo algunos momentos en que ella no se ponía ante Dios. Pero siempre supo, dice, que "Dios nunca se rinde con nosotros". 

Las comunidades protestantes se rompen sin cesar
Durante años fue ministra presbiteriana, pero al pasar el tiempo le desanimaba ver cómo las comunidades protestantes tendían a romperse y dividirse sin cesar.

"Cada vez me dolían más en el corazón esas divisiones constantes. Había una incapacidad para llegar a acuerdos con el otro, y la iglesia no dejaba de astillarse", recuerda. 

Por el contrario, veía que en la Iglesia Católica "intentas lograr que las cosas funcionen, te quedas y luchas. Donde estaba yo, sentía que vivía en una sociedad que no sabía como hacer eso". 

Reverenciar el pasado sin vivir en el pasado
Dice que ella buscaba "volver a las raíces de la Iglesia". Empezó a admirar algo que los católicos hacían bien: reverenciar el pasado pero sin vivir en el pasado. 

"Si vas al principio de todo, con Jesús dando a San Pedro las Llaves, ves que la Iglesia siempre se está reformando a sí misma. Me gusta que haya firmeza en la enseñanza pero que se entienda que con el tiempo se gana sabiduría", explica. 

Eso incluye apreciar la historia, los 2.000 años de tradición católica. "Es un tesoro de espiritualidad, con enseñanzas de los Padres Antiguos y santos que escribieron y vivieron vidas ejemplares. Y también me gusta que los 5 sentidos se implican en el culto", añade. 

Es algo que muchos protestantes comentan: en el culto protestante, la gran primacía la tiene el oído, que escucha sermones y canciones. En el culto católico se huele el incienso, uno se arrodilla y se levanta, se tocan imágenes, se encienden velas, se contemplan iconos y estatuas, muchos valoran sentir la comunión en la mano o en la lengua, otros valoran dar la mano en el momento de la paz. Tacto, oído, olfato, gusto y vista se suman para recibir a Dios. 

Sara conoció a las benedictinas de Cullman y empezó a acudir a retiros espirituales en su monasterio. Decidió hacerse no solo católica, sino monaje de su orden. Le costó dejar sus costumbres y seguridades materiales. Pero, al menos, sus dos hermanas de carne la apoyaron en su decisión. 

La ganancia: el estilo de vida benedictino
Hoy cree que todo lo que ha ganado vale mucho más que lo que dejó atrás. 

"Siento que yo era muy adecuada para el estilo de vida de una benedictina", afirma. Su ocupación principal, como benedictina, es: orar, trabajar y estudiar. 

En la ciudad de Birmimgham sirve como directora pastoral en la parroquia de San Francisco Javier. Visita a los parroquianos enfermos e impedidos, los que no pueden salir de sus casas.

También acompaña en el duelo a los que han perdido un pariente querido. "Es un ministerio importante estar con la gente en las alegrías y las tristezas", afirma. 

Asegura que siempre está ocupada y que nunca se cansa de su trabajo. Dios, dice, siempre está cerca. 
Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 15 de noviembre 2017




Día litúrgico: Miércoles XXXII del tiempo ordinario

Santoral 15 de Noviembre: San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».


«Postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias»
P. Conrad J. MARTÍ i Martí OFM 
(Valldoreix, Barcelona, España)


Hoy, Jesús pasa cerca de nosotros para hacernos vivir la escena mencionada más arriba, con un aire realista, en la persona de tantos marginados como hay en nuestra sociedad, los cuales se fijan en los cristianos para encontrar en ellos la bondad y el amor de Jesús. En tiempos del Señor, los leprosos formaban parte del estamento de los marginados. De hecho, aquellos diez leprosos fueron al encuentro de Jesús en la entrada de un pueblo (cf. Lc 17,12), pues ellos no podían entrar en las poblaciones, ni les estaba permitido acercarse a la gente («se pararon a distancia»).

Con un poco de imaginación, cada uno de nosotros puede reproducir la imagen de los marginados de la sociedad, que tienen nombre como nosotros: inmigrantes, drogadictos, delincuentes, enfermos de sida, gente en el paro, pobres... Jesús quiere restablecerlos, remediar sus sufrimientos, resolver sus problemas; y nos pide colaboración de forma desinteresada, gratuita, eficaz... por amor. 

Además, hacemos más presente en cada uno de nosotros la lección que da Jesús. Somos pecadores y necesitados de perdón, somos pobres que todo lo esperan de Él. ¿Seríamos capaces de decir como el leproso «Jesús, maestro, ten compasión de mi» (cf. Lc 17,13)? ¿Sabemos recurrir a Jesús con plegaria profunda y confiada?

¿Imitamos al leproso curado, que vuelve a Jesús para darle gracias? De hecho, sólo «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios» (Lc 17,15). Jesús echa de menos a los otros nueve: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17). San Agustín dejó la siguiente sentencia: «‘Gracias a Dios’: no hay nada que uno puede decir con mayor brevedad (...) ni hacer con mayor utilidad que estas palabras». Por tanto, nosotros, ¿cómo agradecemos a Jesús el gran don de la vida, propia y de la familia; la gracia de la fe, la santa Eucaristía, el perdón de los pecados...? ¿No nos pasa alguna vez que no le damos gracias por la Eucaristía, aun a pesar de participar frecuentemente en ella? La Eucaristía es —no lo dudemos— nuestra mejor vivencia de cada día.

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

El sacerdote húngaro murió en la Hungría comunista y la religiosa italiana en Somalia, frente al hospital pedriático


Este jueves el Papa aprobó los decretos de la Congregación para las Causas de los Santos en los que, entre otros, se reconocían las virtudes heroicas del Papa Juan Pablo I o del padre Tomás Morales, fundador de los Cruzados y Cruzadas de Santa María.

Sin embargo, dada la importancia de algunos de los miembros de la Iglesia que aparecían en el decreto ha pasado desapercibida la historia de algunos de los otros nombres de los que la Iglesia ha reconocido su papel. Un ejemplo es el del sacerdote húngaro, Janos Brener, que murió brutalmente asesinado en la Hungría comunista cosido a puñaladas mientras defendía la Eucaristía que llevaba a un moribundo, y por el que ahora el Papa ha reconocido su martirio.

Los mártires de ayer y de hoy
Del mismo modo, Francisco también ha reconocido el martirio de la religiosa italiana Leonella Sgorbati, que fue asesinada a tiros a las puertas del hospital para niños que su orden llevaba en Mogadiscio, en Somalia. La mataron durante la oleada de ataques contra los cristianos que se produjo por todo el mundo en 2006 tras el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en Ratisbona, y cuyas palabras fueron sacadas de contexto y tomadas por líderes islamistas como un ataque contra el islam.

De este modo, Francisco ha recordado a los mártires de dos fuerzas que han causado y siguen causando la persecución de millones de cristianos.

El padre Brener fue asesinado en un momento de gran estabilidad y represión por el régimen comunista que regía Hungría en 1957, donde los comunistas intentaban aplacar cualquier conato de protesta en las calles.


Asesinado con 25 años en la Hungría comunista
Este sacerdote nació en 1931 y fue asesinado apenas 12 días antes de que cumpliese los 26 años y pese a su juventud no lo tuvo nada fácil para ser ordenado sacerdote, algo que finalmente consiguieron tanto él como sus dos hermanos.

Su ilusión era convertirse en monje cisterciense y desde niño fue  a sus escuelas hasta que éstas fueron nacionalizadas por el estado comunista. Consiguió más tarde ser admitido en el noviciado pero poco después las órdenes religiosas fueron disueltas en el país hasta que finalmente llegó al Seminario de Szombathely y allí estudió hasta que éste también fue cerrado, pasando al de Gyor, donde finalmente fue ordenado en 1955.

Murió protegiendo la Eucaristía
Brener conectó desde su ordenación muy bien con los jóvenes y realizó una importante pastoral con ellos, lo que levantó grandes recelos entre las autoridades comunistas, que le veían como un gran peligro debido a las revueltas estudiantiles que se habían producido en 1956. Y por ello, decidieron tenderle una trampa para quitárselo de en medio.

Durante la noche del 15 de diciembre de 1957, mientras preparaba su homilía dominical recibió una llamada telefónica de una supuesta persona enferma para que acudiese a visitarla. Él no se lo pensó y con su mochila con la que realizaba las visitas, donde llevaba el Santísimo Sacramento se dirigió a la aldea de Zsida, a través de un camino que cruzaba las colinas.

Entre dos de estas aldeas le esperaban sus asesinos, que le atacaron y le apuñalaron brutalmente hasta en 32 ocasiones mientras él protegía con su mano izquierda el Santísimo Sacramento, y así fue como murió.

Las coacciones a los vecinos
Los vecinos de las aldeas llamaron a los médicos pero no pudieron hacer nada. El funeral sería multitudinario por lo que las autoridades comunistas intentaron dispersar a la gente mediante amenazas y promocionando un horario falso del funeral.

Durante la investigación ‘oficial’ del asesinato del joven sacerdote, las autoridades intimidaron a los vecinos de estas aldeas para que olvidaran a este cura y lo que allí ocurrió. Pero consiguieron el efecto contrario y pronto creció una gran devoción al padre Brenner y tras la caída del régimen comunista dedicaron allí una capilla en su honor.

Perseguidos por el islamismo
Por su parte, la hermana Leonella Sgorbati, misionera de la Consolata, murió perdonando a sus asesinos después de que fuera disparada por islamistas a las puertas del hospital para niños de Mogadiscio, en el que ayudaba. Junto a ella, murió el hombre que la acompañaba y protegía.


Esta religiosa nació en Italia en 1940 y en 1965 emitió su primera profesión religiosa con esta congregación. Su vida religiosa la ofreció a los más débiles en África primero como misionera y enfermera en Kenia, donde formó a miles de jóvenes en esta profesión y luego en Somalia, uno de los países más inestables del mundo donde organizó una escuela para enfermos.

El discurso de Ratisbona
Fue precisamente en este país donde murió asesinada el 17 de septiembre de 2006 por varios islamistas que la dispararon durante la oleada anticristiana que se produjo tras el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona en 2006. Ahora, su sucesor, el Papa Francisco ha reconocido su martirio.

“Los perdono, los perdono, los perdono”. Estas fueron las últimas palabras de la hermana Leonella antes de morir por las heridas de balas que sufrió.

Tal y como recordaba la hermana Marzia Feurra, también misionera de la Consolata los dos asesinos “estaban escondidos entre los coches aparcados en la calle que separa el hospital pediátrico y el pueblo donde viven las hermanas misioneras de la Consolación de Mogadiscio, comunidad a la que pertenecía Sor Leonella. Los dos hombres abrieron fuego contra Sor Leonella y el guardia que nos escolta cuando cruzaron la calle".

"Los perdono"
"Estaba en casa e íbamos a almorzar cuando oímos largas ráfagas de metralleta en la calle. Nos sorprendimos porque desde hacía varios días no oíamos armas de fuego. Mientras hablábamos de esto, un muchacho entró y nos dijo lo que había pasado. Nos precipitamos fuera mientras cargaban a la hermana Leonella sobre una camilla", añadió.

Cuando llegaron al hospital, recuerda la hermana Marzia, "Sor Leonella todavía estaba viva, sudaba frío. Estábamos tomadas de la mano, nos vimos y antes de apagarse como una pequeña vela, tres veces me repitió: Los perdono, los perdono, los perdono... Estas fueron sus últimas palabras".

Fuente: Religión en Libertad

martes, 14 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 14 de noviembre 2017



Día litúrgico: Martes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,7-10): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».


«Hemos hecho lo que debíamos hacer»
Rev. D. Jaume AYMAR i Ragolta 
(Badalona, Barcelona, España)


Hoy, la atención del Evangelio no se dirige a la actitud del amo, sino a la de los siervos. Jesús invita a sus apóstoles, mediante el ejemplo de una parábola a considerar la actitud de servicio: el siervo tiene que cumplir su deber sin esperar recompensa: «¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado?» (Lc 17,9). No obstante, ésta no es la última lección del Maestro acerca del servicio. Jesús dirá más adelante a sus discípulos: «En adelante, ya no os llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre» (Jn 15,15). Los amigos no pasan cuentas. Si los siervos tienen que cumplir con su deber, mucho más los apóstoles de Jesús, sus amigos, debemos cumplir la misión encomendada por Dios, sabiendo que nuestro trabajo no merece recompensa alguna, porque lo hacemos gozosamente y porque todo cuanto tenemos y somos es un don de Dios.

Para el creyente todo es signo, para el que ama todo es don. Trabajar para el Reino de Dios es ya nuestra recompensa; por eso, no debemos decir con tristeza ni desgana: «Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer» (Lc 17,10), sino con la alegría de aquel que ha sido llamado a transmitir el Evangelio. 

En estos días tenemos presente también la fiesta de un gran santo, de un gran amigo de Jesús, muy popular en Cataluña, san Martín de Tours, que dedicó su vida al servicio del Evangelio de Cristo. De él escribió Sulpicio Severo: «Hombre extraordinario, que no fue doblegado por el trabajo ni vencido por la misma muerte, no tuvo preferencia por ninguna de las dos partes, ¡no temió a la muerte, no rechazó la vida! Levantados sus ojos y sus manos hacia el cielo, su espíritu invicto no dejaba de orar». En la oración, en el diálogo con el Amigo, hallamos, efectivamente, el secreto y la fuerza de nuestro servicio.

Luca di Tolve era gay y dejó de serlo: el testimonio de su dura vida y retorno a Dios impresiona

Luca di Tolve era gay y dejó de serlo: el testimonio de su dura vida y retorno a Dios impresiona

Luca di Tolve era gay y dejó de serlo: el testimonio de su dura vida y retorno a Dios impresiona

Lo que cuenta Luca di Tolve en su libro es duro, pero queda iluminado por la esperanza que triunfa.

Este martes se pone a la venta la edición en español de Yo fui gay (LibrosLibres), de Luca di Tolve, una historia conmovedora contada por su protagonista. Su publicación en Italia sacudió el conformista panorama -tan generalizado en Europa- que acepta sin rechistar la ideología homosexualista y su pretensión de que no es posible dejar de sentir atracción por el mismo sexo. Estas páginas son la prueba palpable de que sí, y su valor no reside solo en mostrarnos cómo nace esa atracción y cómo llega a nuclear en torno a sí la personalidad, los actos y el futuro de alguien, sino en convertirse en una ventana al ambiente en la realidad que menos interesa a lobby gay que se conozca.


Abandonado por su padre siendo niño, con una relación con su madre y  el mundo femenino en la que faltó equilibrio, Luca di Tolve vio cuestionada su propia identidad y en la adolescencia se inició en la vida homosexual. Su historia encaja en el modelo arquetípico que proponen tanto el doctor Joseph Nicolosi, fallecido este año, como el pscicoterapeuta Richard Cohen para explicar el surgimiento de los sentimientos homosexuales.

Transgresión, desenfreno y VIH
Con los años Luca di Tolve llegó a ser Míster Gay y a adquirir cierta celebridad en ese ámbito, donde alcanzó un elevado nivel de vida organizando fiestas y espectáculos y aceptando formas sutiles y no tan sutiles de prostitución. En una sorda rebelión contra su padre y contra Dios, no rechazó ningún tipo de transgresión ni desenfreno. Delicada pero claramente, en Yo fui gay encontramos la descripción de un modo de vida que casi nunca responde al significado originario de la palabra inglesa gay: alegre.

En los años 90 el sida empezó a llevarse por delante a los mejores amigos de Luca, y él mismo dio positivo en el test del VIH. El cariño con el que habla de algunos de sus compañeros, como el transexual Belladonna, a quien acompañó hasta su final, deshace cualquier intento de caracterizar estas páginas como "homófobas".

Pero lo cierto es que estas experiencias rompieron por fin en Luca la aparente seguridad en sí mismo que le había convertido en un cierto referente para la comunidad en Italia. Un venturoso encuentro con una doctora que le encaminó hacia el doctor Nicolosi le convenció de que necesitaba hacer un alto en la carrera enloquecida de su vida, en la que comenzaba a aparecer un peligroso hastío existencial.

En presencia de Dios
Inició entonces un proceso de reflexión psicológica y conversión espiritual que le llevó a descubrir y a sanar sus viejas heridas, a reapropiarse de su masculinidad y a volver a la heterosexualidad. Un camino largo y duro, jalonado de dudas y recaídas, que tuvo su momento decisivo en su reencuentro con Jesucristo. Años después se hacía verdad la petición que hizo al Señor el día de su Confirmación, siendo aún niño: "Haz que todo me pueda suceder en mi vida, menos separarme de Ti. Párteme en dos si quieres, pero no permitas que  me aleje definitivamente de ti".

Y Dios escuchó esa oración, haciendo de forma que el alejamiento que en verdad existía no fuese, según había pedido Luca en su oración, definitivo. "Algo sobrenatural vibró claramente dentro de mí", cuenta para explicar los primeros barruntos de su conversión, durante una visita a Asís siguiendo a un chico de quien se había enamorado. El impulso final le llegó en Medjugorge de la mano de la Virgen María. 

Al servicio de los demás
Luca podía haberse puesto a resguardo a partir de entonces para restaurar en silencio y soledad todos los rotos de su pasado. Prefirió, sin embargo, poner la lámpara sobre el celemín, según el modelo evangélico, y ayudar a muchas otras personas con un itinerario parecido. Ha fundado el Grupo Lot  y la casa de espiritualidad Sant'Obizio, iniciativas a las que consagra todo su tiempo.

Y su peripecia personal inspiró una canción emblemática ya para todos aquellos que han superado o quieren superar la atracción por el mismo sexo: Luca era gay, de Piova, segundo premio en el Festival de San Remo 2009.



Yo fui gay es el desgarrador relato de todos estos años de sufrimiento interior enmascarado por el éxito (social y económico), en una búsqueda infructuosa del amor auténtico. Pero es también un esplendoroso testimonio de esperanza y renacimiento interior, porque Luca terminó encontrando ese amor. En su esposa, Teresa, y en la hija que tuvieron ambos. En la Madre de Dios, protectora en los momentos más difíciles. Y en Dios mismo, Jesucristo, fundamento de su alegría.

Pincha aquí para adquirir a partir del martes Yo fui gay.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 13 de noviembre 2017



Día litúrgico: Lunes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,1-6): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le vale que le pongan al cuello una piedra de molino y sea arrojado al mar, que escandalizar a uno de estos pequeños. Cuidaos de vosotros mismos.

»Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: ‘Me arrepiento’, le perdonarás».

Dijeron los apóstoles al Señor; «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido».


«Si peca contra ti siete veces al día (...), le perdonarás»
Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz 
(El Montanyà, Barcelona, España)


Hoy, el Evangelio nos habla de tres temas importantes. En primer lugar, de nuestra actitud ante los niños. Si en otras ocasiones se nos hizo el elogio de la infancia, en ésta se nos advierte del mal que se les puede ocasionar.

Escandalizar no es alborotar o extrañar, como a veces se entiende; la palabra griega usada por el evangelista fue “skandalon”, que significa objeto que hace tropezar o resbalar, una piedra en el camino o una piel de plátano, para entendernos. Al niño hay que tenerle mucho respeto, y ¡ay de aquél que de cualquier manera le inicie en el pecado! (cf. Lc 17,1). Jesús le anuncia un castigo tremendo y lo hace con una imagen muy elocuente. Todavía se ven en Tierra Santa piedras de molino antiguas; son una especie de grandes diávolos (se parecen también, en mayor tamaño, a los collares que se ponen en el cuello a los traumatizados). Introducir la piedra en el escandalizador y echarlo al agua expresa un terrible castigo. Jesús utiliza un lenguaje casi de humor negro. ¡Pobres de nosotros si dañamos a los niños! ¡Pobres de nosotros si les iniciamos en el pecado! Y hay muchas formas de perjudicarlos: mentir, ambicionar, triunfar injustamente, dedicarse a menesteres que satisfarán su vanidad...

En segundo lugar, el perdón. Jesús nos pide que perdonemos tantas veces como sea necesario, y aún en el mismo día, si el otro está arrepentido, aunque nos escueza el alma: «Si tu hermano peca, repréndele; y si se arrepiente, perdónale» (Lc 17,3). El termómetro de la caridad es la capacidad de perdonar.

En tercer lugar, la fe: más que una riqueza del entendimiento (en sentido meramente humano), es un “estado de ánimo”, fruto de la experiencia de Dios, de poder obrar contando con su confianza. «La fe es el principio de la verdadera vida», dice san Ignacio de Antioquía. Quien actúa con fe logra cosas asombrosas, así lo expresa el Señor al decir: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido» (Lc 17,6).

¿Milagros eucarísticos en el siglo XXI? Este neurofisiólogo converso ha estudiado ya 15 casos


Sus estudios son totalmente fiables y se realizan en tres laboratorios internacionales distintos

¿Milagros eucarísticos en el siglo XXI? Este neurofisiólogo converso ha estudiado ya 15 casos

¿Milagros eucarísticos en el siglo XXI? Este neurofisiólogo converso ha estudiado ya 15 casos

En los albores del siglo VIII, en la ciudad italiana de Lanciano, cierto monje de la Orden de San Basilio, en el momento en que llevaba a cabo la consagración del pan y del vino, comenzó a dudar de la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía; fue entonces cuando, delante de sus ojos, la Hostia se convirtió en Carne viva y el vino consagrado en Sangre viva, maravilloso fenómeno sobrenatural, del cual quedó evidencia. Casi 1200 años después, en la década de los años 70 del siglo XIX, ésta fue sometida al más riguroso análisis científico, comprobándose así aquél milagro eucarístico.
  
Lo más asombroso es que, como en el caso del llamado Milagro Eucarístico de Lanciano, en la actualidad siguen ocurriendo este tipo de fenómenos, de los que habla para el semanario mexicano Desde la fe el científico Neuro-Fisiólogo el Dr. Ricardo Castañón.


Formado académicamente sobre las bases del existencialismo ateo de Jean Paul Sartré, el Dr. Ricardo Castañón cuenta que fue en 1999, por petición del el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, cuando realizó el primer análisis científico de una Hostia consagrada, de la que manaba una sustancia rojiza; concluyó la investigación hasta el año 2006, comprobando que la sustancia era sangre humana, misma que contenía glóbulos blancos intactos, y músculo de corazón “vivo”, miocardio ventrículo izquierdo; “cabe señalar que el caso aún no se ha denominado ‘milagro’, sino ‘signo’, y la Hostia permanece expuesta en el altar de la Parroquia de Santa María de Buenos Aires”, a diferencia del que sí se ha considerado ‘milagro’ y que ocurrió en 2013 en Tixtla, Chilpancingo, México, en el que, al igual, comenzó a manar sangre de una Hostia consagrada. “Aquí confirmamos que el tipo de sangre es AB, el mismo encontrado en la Sábana Santa de Turín y en el Milagro Eucarístico de Lanciano”.

“Hallamos tejido vivo, así como un glóbulo blanco activo, en cuanto a que está tratando de reparar una lesión presente en el tejido descubierto, aspecto que se presenta, por ejemplo, en un corazón luego de un infarto”.


Hostia sangrante en Guadalajara México

Ateo converso al catolicismo en 1999, año en que realizó sus primeras investigaciones en la materia, el Dr. Ricardo Castañón señala que desde entonces ha estudiado 15 casos. “Cada serie de mis investigaciones se repite en tres laboratorios de distintas naciones, y las variables controladas son muchas: sangre, ADN, glóbulos blancos, glóbulos rojos, tejido humano, hemoglobina y otras; puedo decir que, desde el punto de vista científico, mis informes finales son cien por ciento confiables”.

El Dr. Ricardo Castañón se considera un testigo de algo que ningún investigador puede explicar por medios naturales. “¿Cómo se podría obtener sangre, sin hueso y médula ósea? ¿Cómo se podría obtener músculo de un corazón vivo y glóbulos blancos de un pedacito de pan? ¿Cómo se podría obtener hemoglobina, una sustancia sujeta a mecanismos bioquímicos complejos y a un programa genético inicial? He visto empalidecer científicos ateos al constatar que así es, que hay cosas que no se pueden comprender sin una perspectiva que va más allá de la razón natural”.


Milagro eucarístico en Argentina, del que el futuro Papa Francisco fue testigo

Comenta que actualmente estudia un caso ocurrido en el último cuatrimestre de 2016, cuyos primeros cuatro estudios indican la presencia de sangre en el Vino consagrado; sin embargo, de éste ofrecerá detalles a su debido tiempo, por la seriedad con que se debe llevar una investigación de este tipo. “Sólo deseo decir que, el hecho de comprobar que en las efusiones que presentan estas Hostias consagradas se identifica sangre fresca y tejido vivo, me impacta, me fascina, toca lo más íntimo del ser. En cada Comunión viene a mi mente la frase de Jesús: ‘El pan que yo daré es mi carne’. Participo de la Eucaristía cada día, y cuando comulgo mi pensamiento es: ‘Voy a recibir a Cristo, el mismo que estuvo en los brazos de María, Aquél que caminó con sus Apóstoles, el Hijo vivo de Dios vivo, quien murió y resucitó, y está a la derecha del Padre”.

Señala que hay personas que, si bien dudan de estos fenómenos maravillosos, se interrogan de una forma sincera, buscan una respuesta honesta, abiertas a todas las posibilidades, y cuando la encuentran, la comprenden y la asumen. “Sin embargo, hay otras que están predispuestas a no creer, así les des evidencias claras y les demuestres lo que quieras, ya que se acercan a los hechos con prejuicios”.


Milagro eucarístico en Betania, Venezuela

Finalmente, el Dr. Ricardo Castañón considera de suma importancia la solemnidad del Corpus Christi, sobre todo en esta época moderna, en la que el ser humano se ha alejado en demasía de la dimensión espiritual.

“Debemos anunciar al mundo que Cristo, sólo por amor, quiso permanecer entre nosotros bajo esta forma misteriosa; y para que el más escéptico no tenga dudas de que su Palabra se cumple, permite esos milagros en cualquier época de la historia, en mayor o menor medida. Hoy vivimos un momento especial de obsequios espirituales. Como investigador y converso, me alegra mucho decirle al mundo que el Dios del que hablamos los católicos tiene ojos y ve, tiene boca y habla… Y se hace presente en cada Eucaristía que se celebra en cualquier lugar del mundo. ¡No hay nada más fascinante!”


Milagro eucarístico en la India en el que se ver el rostro de Jesus en la Hostia

domingo, 12 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 12 de noviembre 2017



Día litúrgico: Domingo XXXII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 25,1-13): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. 

»Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. 

»Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».


«¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!»
Rev. P. Anastasio URQUIZA Fernández MCIU 
(Monterrey, México)


Hoy, se nos invita a reflexionar sobre el fin de la existencia; se trata de una advertencia del Buen Dios acerca de nuestro fin último; no juguemos, pues, con la vida. «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio» (Mt 25,1). El final de cada persona dependerá del camino que se escoja; la muerte es consecuencia de la vida -prudente o necia- que se ha llevado en este mundo. Muchachas necias son las que han escuchado el mensaje de Jesús, pero no lo han llevado a la práctica. Muchachas prudentes son las que lo han traducido en su vida, por eso entran al banquete del Reino. 

La parábola es una llamada de atención muy seria. «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13). No dejen que nunca se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, de la fraternidad y de la caridad mutua. Nuestros corazones, llenos de luz, nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora. Los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados y conocerán el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas. 

Por eso, cuando el Concilio Vaticano II, que escoge en la Biblia las imágenes de la Iglesia, se refiere a esta comparación del novio y la novia, y pronuncia estas palabras: «La Iglesia es también descrita como esposa inmaculada del Cordero inmaculado, a la que Cristo amó y se entregó por ella para santificarla, la unió consigo en pacto indisoluble e incesantemente la alimenta y la cuida. A ella, libre de toda mancha, la quiso unida a sí y sumisa por el amor y la fidelidad».

La esperanza crustuana es activa y vigilante

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LA ESPERANZA CRISTIANA ES ACTIVA Y VIGILANTE

Por Gabriel González del Estal

1.- El Reino de los cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo… Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora. Jesús vuelve a usar una parábola para hablarnos del Reino de los cielos: esta vez lo compara con diez doncellas, cinco necias y cinco prudentes. Les dice a sus discípulos que el que espera el Reino de los cielos debe imitar a las cinco doncellas prudentes que esperaron al esposo con las lámparas encendidas. ¿Qué quiere decirnos a nosotros esta parábola? Que debemos vivir siempre preparados para encontrarnos con Jesús, con Dios, cuando tengamos que comparecer ante él, en cualquier momento que él nos llame. Y como no sabemos cuándo nos va a llamar, debemos vivir preparados, es decir, esperándole siempre, durante toda nuestra vida. Y debemos hacerlo con esperanza activa, como lo hicieron las cinco vírgenes prudentes; no imitar nunca a las cinco vírgenes necias. Las vírgenes prudentes esperaron al esposo con esperanza activa, es decir, velando, estando continuamente vigilantes. No podemos pensar que es suficiente dejar la preparación para cuando seamos viejos, o estemos gravemente enfermos. La esperanza activa supone una vigilancia continua sobre nuestra manera de pensar, de hablar, de comportarnos. ¿Cómo pensamos, cómo hablamos, cómo nos comportamos? ¿Lo hacemos pensando sólo en nuestros intereses psicológicos y materiales, o lo hacemos como lo haría en nuestro caso el mismo Jesús? Ser buen cristiano supone un esfuerzo, una lucha, contra nuestras malas inclinaciones naturales. Porque, de hecho, todos nacemos con una inclinación original al pecado, al mal. Es cierto que también nacemos con buenas inclinaciones, con inclinación al bien, pero nuestras buenas inclinaciones naturales siempre, durante toda nuestra vida, están mezcladas y muy limitadas por nuestras inclinaciones malas. Ser bueno, ser buena persona, no es un regalo de ningún dios, supone, como hemos dicho, lucha continua y un esfuerzo personal continuado. Imitemos a las cinco doncellas prudentes de la parábola, con el aceite de la virtud siempre encendido, para que podamos recibir a Dios, cuando nos llame, con nuestras lámparas de la virtud encendidas. Sólo así podremos entrar al banquete de bodas que es el Reino de los cielos, y que Dios tiene preparado para todos sus hijos desde el principio de la creación.

2.- Radiante e inmarcesible es la sabiduría; fácilmente la ven los la aman y la encuentran los que la buscan. Este bello relato del libro de la Sabiduría nos habla de la belleza de la sabiduría, y nos dice que los que de verdad la aman y la buscan terminan encontrándola. La sabiduría de la que aquí se habla es algo muy distinto de lo que habitualmente entendemos por ciencia o conocimientos sobre una materia determinada. Un científico puede no ser nada sabio y un sabio puede ser una persona no científica. El sabio es la persona que sabe comportarse con prudencia, con justicia, con fortaleza y con templanza ante Dios, ante el prójimo y consigo mismo. Todos conocemos a alguna persona con pocos conocimientos científicos y a la que de verdad consideramos muy sabia, porque sabe discernir muy bien entre el bien y el mal, entre lo que se debe hacer en cada momento y lo que no se debe hacer. Es evidente que la verdadera sabiduría de la que habla este bello libro de la Sabiduría es siempre un don de Dios. Pero los dones de Dios debemos nosotros trabajarlos con humildad y perseverancia. Todos los cristianos debemos aspirar a ser sabios, a saber comportarnos en cada momento como Dios quiere que nos comportemos, como lo haría en nuestro lugar Jesús de Nazaret en cada momento determinado. Pidamos a Dios que nos conceda el don de la sabiduría y que nosotros la amemos y la busquemos constantemente y digámosle al Señor con humildad, como nos dice el salmo 62: ¡Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío!

3.- No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. En el momento en el que escribe San Pablo esta primera carta a los cristianos de Tesalónica, estos primeros cristianos esperaban ansiosamente la segunda venida, que creían inminente, del Señor Jesús. La pregunta que se hacían era esta: ¿qué será de los cristianos que han muerto antes de que venga el Señor? San Pablo les dice que tendrán la misma suerte que los que vivan cuando él venga: todos los que hemos creído en él resucitaremos con él. Nosotros, los cristianos de ahora, no nos hacemos, evidentemente, esta pregunta. Nuestra fe nos dice que todos los que hayamos creído en Cristo durante nuestra vida resucitaremos con él, después de nuestra muerte. Creamos firmemente esto y consolémonos con las palabras del Señor que nos ha prometido que si le seguimos mientras vivimos en esta tierra, resucitaremos para siempre, para toda la eternidad, con él en el cielo. Consolémonos, pues, mutuamente, con estas palabras.